Con las dudas propias de todo buen debut
Estamos hablando, conviene no olvidarlo, del mismo municipio que a duras penas alcanza a pagar el salario de sus empleados cada mes. Rubén Curto.
No está de más encuadrar desde qué punto de partida acomete la Municipalidad de Córdoba el desafío de guiar su gestión en los próximos cuatro años con la hoja de ruta que supone un Plan de Metas precisas y verificables. Estamos hablando, conviene no olvidarlo, del mismo municipio que a duras penas alcanza a pagar el salario de sus empleados cada mes; y de la administración que tras honrar los costos del servicio de higiene urbana y de sostener con subsidios el transporte público debe rascar la olla para ver qué le queda para "administrar" el resto de la ciudad. Desde esa línea de arranque, parece bastante azaroso imaginar un plan detallado de objetivos por áreas que no suene directamente a utopía. Esto es así se llame Ramón Mestre o de cualquier otra manera quien gobierne la ciudad. ¿Resulta creíble que el municipio comprometa cuántas calles va a pavimentar o dispensarios va a abrir, cuando la realidad lo muestra tratando de consolidar su deuda con proveedores a ocho años y acaba de colocar Letras a cortísimo plazo para procurarse aire financiero? Igualmente, una cosa no invalida la otra. Aún con margen de maniobra escaso se puede –y hasta conviene– planificar y trazar horizontes consensuados para la gestión. Pero hay que ser prudentes al plantear los niveles de exigencia en el debut del Plan de Metas, una herramienta ambiciosa, que busca achicar el abismo que suele separar las promesas de las autoridades de las expectativas de la gente.

