La ciudad de la eterna reconstrucción
Reconstrucción, orden, autoridad, paciencia y orgullo. Pasaron ocho años y se sigue apelando a las mismas palabras para caracterizar a Córdoba. Diego Marconetti.
En menos de 10 años, dos recambios de autoridades en la Municipalidad de Córdoba han coincidido siempre en que los nuevos intendentes se encuentran con una ciudad "devastada". "Nunca, ni en la peor de mis pesadillas, siquiera sospechaba que íbamos a empezar a reconstruir y a refundar Córdoba desde tan abajo", se dijo en la jura, pero no en la del sábado pasado, sino en la del miércoles 10 de diciembre de 2003, en un escenario levantado en Villa El Libertador.Ese día, Luis Juez sucedía a Germán Kammerath en el Palacio 6 de Julio y en su discurso decía: "Vamos a tener que reconstruir el principio de autoridad totalmente desquebrajado (...) Con la posibilidad de reconstruir una ciudad desde las cenizas (...)"Tengan paciencia. Aguanten. Tengan confianza (...) Córdoba era una ciudad muy rica, pujante, con voluntad transformadora y arrolladora, en la que todos teníamos el orgullo de sentirnos cordobeses". Ocho años después, casi las mismas palabras resonaron ante el auditorio del CPC de barrio Empalme. "Queremos devolver a nuestros vecinos el orgullo perdido de ser ciudadano habitante de esta ciudad. (...) Tengo una inquebrantable voluntad y decisión de reconstruir la ciudad en todas sus direcciones. (...) No podemos ni debemos prometer la reconstrucción de la noche a la mañana de las enormes grietas de un edificio que muestra claras señales de destrucción y abandono. Ofrecemos nuestros máximos esfuerzos, solicitamos mesura y prudencia en las expectativas y reclamos. (...) Gobernaré con la autoridad que me confiere la decisión electoral de mis conciudadanos", decía el nuevo intendente, Ramón Mestre.Reconstrucción, orden, autoridad, paciencia y orgullo. Pasaron ocho años y se sigue apelando a las mismas palabras para caracterizar a Córdoba, lo que demuestra el estado real de la ciudad y que en casi una década poco, muy poco, se pudo avanzar. El orgullo herido del cordobés da una nueva oportunidad, con la paciencia –casi convertida en resignación– de que en diciembre de 2015 no se vuelva a escuchar la descripción de un lugar devastado que deba ser reconstruido, cuando asuma un nuevo intendente.

