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El BCRA es mío y el ajuste, chileno

A fin de 2009, Cristina Fernández decretó que tomaría las entonces reservas de libre disponibilidad del Banco Central para pagar deuda sin tener que frenar la suba acelerada del gasto público. Adrián Simioni.

21 de marzo de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
El BCRA es mío y el ajuste, chileno

A fin de 2009, Cristina Fernández decretó que tomaría las entonces reservas de libre disponibilidad del Banco Central para pagar deuda sin tener que frenar la suba acelerada del gasto público. Pero el escándalo por la renuncia del entonces titular del Central, Martín Redrado, abrió un resquicio para que la Presidencia no se pudiera apropiar en exclusiva de esos fondos. Por ahí se coló la propuesta de Juan Schiaretti para que al menos las provincias no quedaran fuera del jolgorio. Así, se refinanciaron sus deudas con la Nación, con amplias ventajas. Luego, una amplia mayoría legislativa avaló el decreto presidencial.Veintiséis meses después, estamos en la misma. La Nación vuelve a estar en rojo. Y entonces se desembaraza de residuos legales que al menos en lo formal limitaban las transferencias de recursos del BCRA al Ejecutivo. Las provincias también están en rojo. Pero esta vez los legisladores –mansitos, tal vez ingenuos– ya aprobaron la reforma del BCRA en Diputados y se aprestan a hacerlo en el Senado sin siquiera reclamar una parte del botín para sus provincias asfixiadas. Es sorprendente. Sobre todo porque la asfixia de los gobernadores se debe, en gran parte, a que la Nación les debe partidas sancionadas por el mismo Congreso, de más de un año de antigüedad, o transferencias fundadas en convenios, basados también en leyes incumplidas del Congreso. El caso de Córdoba (1.700 millones sólo en 2011) es notorio para nosotros, pero casi no hay gobernador al que la Nación no le deba millones.El doble discurso de la Nación cruje: Por un lado, justifica el manotazo al Central en el "desendeudamiento" (como si no fueran deuda los pagarés que les va dando al BCRA o a la Anses o pensara licuar esas obligaciones), mientras casi todas las provincias no han dejado de endeudarse desde 2011 o de dilatar sin frontera pagos a proveedores y contratistas. Hasta la prolija Santa Fe pidió permiso ayer a su Legislatura para endeudarse en 456 millones, para sueldos. No es la única que cava su fosa. ¿Las provincias serán chilenas? ¿En qué columna del balance nacional se anotan sus deudas? Por otro lado, la Nación dice que necesita los fondos del Central para lubricar la economía. Pero, mientras tanto, 24 provincias y centenares de municipios no han parado de subir impuestos y tasas, revaluar propiedades y aplicar cargos fijos. Ese ajuste contrapesa el gasto siempre alcista de la Nación, pero tal vez crean que sucede en Uruguay. Y ésta es la clave. El gobierno de Cristina Fernández parece ser el primer convencido de que su poder reside en su capacidad de gastar sin parar. Su preocupación primordial no es el ajuste en sí, sino que nadie se lo facture a Ella. "Que los austeros sean los otros y a los pagarés los firmen los demás", es la máxima que se deduce de los hechos.Por eso, la racionalización de subsidios anunciada como "sintonía fina", hasta ahora no largó y, en cambio, se avanzó en abrir la tranquera del Central. Sólo para Ella, por supuesto. En las bancas del Congreso, oficialistas y opositores parecen distraídos.