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De aquel escuálido 22% a esta hegemonía electoral

Si la crisis de 2001 fue un naufragio, se puede decir que, en materia electoral, el kirchnerismo tuvo en 2003 la habilidad suficiente para encontrar un bote salvavidas, para encaramarse en él y para no permitir que otros se suban. Javier Cámara.

25 de mayo de 2013 a las 10:30 a. m.
Redacción La Voz
De aquel escuálido 22% a esta hegemonía electoral

A  lo largo de 10 años en el poder, al que llegaron con un escuálido apoyo popular, Néstor y Cristina Kirchner construyeron una estructura político-electoral que creció rápidamente –a la par de la economía– en votos y en militancia. Y que hoy, merced a una agresiva estrategia que incluyó reformas electorales a medida y aprietes a gobernadores, se transformó en una fuerza a la que es difícil vencer en el escenario nacional. La característica hegemónica tiene que ver con que, junto a la construcción de su propia herramienta electoral, los Kirchner hicieron todo lo que estuvo a su alcance para dispersar a la oposición, para fragmentarla y dominarla; y muchas veces lo lograron con la ayuda de los propios opositores. Ejemplo palpable de esta ayuda fue la "entrega" de la lista de candidatos a diputados nacionales que el PJ cordobés (con Juan Schiaretti y José Manuel de la Sota a la cabeza) decidió en 2011, en beneficio del kirchnerista Frente para la Victoria.Si la crisis de 2001 fue un naufragio, se puede decir que, en materia electoral, el kirchnerismo tuvo en 2003 la habilidad suficiente para encontrar un bote salvavidas, para encaramarse en él y para no permitir que otros se suban.El politólogo Alejandro Groppo, decano de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba, sostiene al respecto: "En estos 10 años, es evidente que el kirchnerismo ha salido beneficiado de la crisis, en perjuicio del resto. Kirchner y Cristina buscaron nacionalizar y homogeneizar el sistema de partidos, pero los éxitos fueron para el propio kirchnerismo y el peronismo, en detrimento de los demás partidos, que salieron heridos y son los que menos herramientas pudieron ofrecer para la poscrisis". Un poco de historia. Néstor Kirchner salió elegido presidente de aquel sistema electoral distorsionado, que permitió que la elección de 2003 fuera una especie de interna abierta del PJ (Kirchner disputó la mayoría de los votos con sus "compañeros" Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá). Ganador, el fundador del Frente para la Victoria se dedicó a legitimar su poder buscando adhesiones por izquierda y por derecha. Así surgieron la transversalidad (a la que supo adherir en su momento Luis Juez, entre otros) y la concertación, que, con el luego vicepresidente Julio Cobos a la cabeza, sumó a los denominados "radicales K" en detrimento de los partidos tradicionales. Mientras el por entonces jefe de Gabinete Alberto Fernández recogía adhesiones por las canastas de la "nueva política", Julio De Vido las conquistaba entre sus viejos amigos del PJ, quienes, como en el truco, casi siempre van al pie. Y terminó siendo el PJ la llave con la que Néstor consiguió abrir su caja de Pandora. La razón la sintetizó uno de los exégetas filosóficos del modelo K, Juan Pablo Feinmann: "No se puede gobernar sin negociar con el inmenso aparato del PJ, formado por burócratas de los sindicatos, intendentes corruptos, punteros barriales clientelistas, policías, traficantes y delincuentes, que se oponen a cualquier cambio. 'Si no controlo el aparato, este me va a dominar, no resistiría dos días', me dijo Néstor".El control del PJ nacional fue la herencia –no económica– más importante que el santacruceño le dejó a su esposa presidenta. La construcción hegemónica también se apoyó en el impulso de debates que, en su mayoría, dividieron a las fuerzas opositoras y fortalecieron al núcleo duro del kirchnerismo. Pasó con la ley de medios, con la estatización de las AFJP, más acá la de YPF, el denominado matrimonio igualitario y en las reformas electorales explícitas y encubiertas (como la que modificó el Consejo de la Magistratura y determinó un proscriptivo sistema de elección), entre otras.En la actualidad, como señala Groppo, estamos ante un proceso de "segmentación territorial de los partidos de la oposición": el PRO tiene primacía en Capital Federal y cierto crecimiento en Santa Fe, pero muy poco en el resto del país; la UCR parece haberse convertido en un partido de distrito, y algo parecido ocurre con el FAP, que tiene preeminencia en Santa Fe pero muchos problemas de conformación en el resto del país."Hoy –sostiene Groppo– hay cuatro grandes conglomerados políticos en el país: 1) la oposición no peronista; 2) el PJ disidente; 3) el Frente para la Victoria y 4) los partidos provinciales. El único de esos conglomerados que tiene dimensión nacional, estructura estable, discurso y marco ideológico homogéneo y posibilidades reales de éxito electoral es el Frente para la Victoria".El resto, la sigue remando.