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Un anuncio efectista que nos aleja de nuestro ideal

Contamos con el apoyo de los demás países latinoamericanos para nuestro reclamo, pero no alcanza. Los llamados a negociar, o al menos a conversar, carecen de la fuerza que da el poder. Alejandra Conti.

13 de junio de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Un anuncio efectista que nos aleja de nuestro ideal

La consulta pública para que los isleños manifiesten una vez más su voluntad de ser británicos se anunció 48 horas antes de lo que será quizá la mayor fiesta en la historia de las Islas Malvinas: el 30° aniversario de lo que ellos llaman Día de la Liberación, la derrota argentina en la guerra de 1982. Ya arribaron a las Islas las decenas de personalidades invitadas para los festejos, entre ellos un secretario del Foreign Office, Jeremy Browne, presente durante el anuncio del referéndum que hizo el consejero de gobierno Gavin Short. La organización trabaja desde hace más de un año para que la celebración sea extraordinaria y que sus ecos se oigan tanto en Buenos Aires como en Londres. ¿Por qué también en Londres? Porque los isleños saben que sin un intenso trabajo de lobby como el que llevan adelante, difícilmente la cuestión tendría el favor con el que cuenta entre los políticos británicos. Coincidentemente, mañana la presidenta Cristina Fernández hablará en las Naciones Unidas para reclamar la restitución de la soberanía argentina sobre las islas. Allí mismo la estarán escuchando seis isleños (casi todos nacidos después de la guerra) que solicitaron una entrevista con ella para explicarle sus puntos de vista. No tienen verdaderas expectativas de conseguir sus objetivos. ¿Y después, qué? Después de todo esto (de los festejos para ellos, del recuerdo de los 649 muertos para nosotros, de los reclamos y del referéndum que se hará el año que viene) todo seguirá tal como está. O tal vez un poco peor. Contamos con el apoyo de los demás países latinoamericanos para nuestro reclamo. Pero eso no alcanza. Los llamados a negociar, o al menos a conversar, carecen de la fuerza que da el poder. Gran Bretaña es un imperio decadente, pero no lo suficiente. Y, seamos realistas, nuestras oportunidades se diluyen en proporción a las crecientes certezas de la exploración petrolera en la cuenca de las Malvinas. En este marco, la posición argentina de ignorar a los isleños es contraproducente. El recuerdo de la guerra está muy presente en las islas. Los isleños se quedaron con esa foto; algunos por interés político y otros por genuina convicción. Los periodistas que hemos cubierto este tema desde 1999 (cuando se firmó el acuerdo que permitió nuevamente la entrada de argentinos en las Islas) hasta la fecha somos testigos de un proceso de deterioro de la escasa relación entre las islas y el continente. Si en las primeras oportunidades lo que se advertía era cierta curiosidad, predisposición a dialogar en muchos y hostilidad manifiesta en muy pocos, hoy la situación es inversa. Ya no hay curiosidad, sino encono, y la desconfianza le ganó a la voluntad de diálogo. Aun así, hay isleños dispuestos a hablar. Sólo a hablar. No sería un mal comienzo. Después de todo, salvando las distancias y las obvias diferencias, Nelson Mandela dialogó con los ejecutores del apartheid , y palestinos e israelíes lo han hecho en muchísimas oportunidades. El referéndum puede jugarnos en contra en el plano internacional. Lo concreto es que estamos muy lejos del ideal que anhelamos; para compensar esa carencia, podríamos probar con una dosis de realismo.