Un caso sin precedente
El clima electoral selló la suerte de Hortel, que había sobrevivido a su polémico apoyo a la salida de presos a través de Vatayón Militante y a la fuga de dos represores condenados por delitos de lesa humanidad.
“Soy el máximo responsable político de esta fuerza de seguridad y asumo completamente mi responsabilidad. Por eso, le he presentado mi renuncia indeclinable al ministro de Justicia y Seguridad”.
Salvo el error de incluir bajo la órbita de Julio Alak a Seguridad, hoy convertida en ministerio, y olvidar que Justicia es también la cartera de Derechos Humanos, el comportamiento del renunciante jefe del Servicio Penitenciario Federal, Víctor Hortel, es "ejemplar". Nunca antes en esta década de gobiernos kirchneristas hubo un funcionario que asumiera su responsabilidad ante un hecho grave e, ipso facto , presentara su renuncia. Tampoco los presidentes Néstor Kirchner y Cristina Fernández lo permitieron.
Si se forzaran los hechos, el antecedente más cercano al caso de Hortel podría ser el de Claudio Uberti. Pero, el entonces titular del Occovi no renunció por propia iniciativa apenas estalló el escándalo de “la valija de Antonini Wilson”.
“Fue un error haber subido a un avión a un hombre con dinero sin declarar”, justificó días después su jefe, el ministro Julio De Vido, al anunciar que le había pedido dimitir.
Hortel no tenía atenuantes. Hace poco más de un mes, su autoridad había sido puesta en jaque al frente del SPF cuando los represores condenados por delitos de lesa humanidad Jorge Olivera y Gustavo De Marchi se fugaron del Hospital Militar Central, adonde habían sido derivados por una orden judicial. “Si bien son tramas distintas, Hortel quedó minado en su autoridad por esa fuga”, dijo a este diario una fuente de Justicia.
El golpe de gracia al polémico exfuncionario, que se identifica como “Negro de mierda, Peronista. Pincharrata. Abogado Penalista, Orgullosamente K”, fue la fuga de antenoche de un penal de máxima seguridad. No fue una fuga cualquiera porque, por sus características, tuvo que tener necesariamente la colaboración de funcionarios de Hortel. Además, por el momento político en que se produjo, no podía tener otra consecuencia que su renuncia.
¿Podría acaso el Gobierno permitirse la permanencia de Hortel después de la derrota en las Paso y a dos meses de las legislativas? No. Sobre todo porque el problema “seguridad” es uno de los que están al tope de los motivos por los cuales el kirchnerismo tuvo el 11 de agosto su peor derrota de la década.

