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Ahora, a probar la vigencia de aquella fórmula radical

Mestre ofreció equipos y apeló a la añoranza para ganar. Ahora debe demostrar que la UCR también puede gobernar la Córdoba de hoy, infinitamente más compleja que la que administró su padre. Viriginia Guevara.

19 de septiembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Ahora, a probar la vigencia de aquella fórmula radical

Desde hace 12 años, los dirigentes radicales aseguran que la UCR tiene la fórmula de las buenas gestiones para la ciudad de Córdoba. La historia democrática parece darles la razón, por el balance positivo de los 16 años continuados en que gobernaron Ramón Mestre padre y Rubén Martí y, sobre todo, por las frustraciones ciudadanas que se sucedieron en los 12 años posteriores.Ayer, los cordobeses decidieron probar si aquella fórmula aún tiene vigencia. Y a Ramón Mestre hijo le toca el descomunal desafío de demostrarlo.Además, tendrá que acreditar que esos equipos técnicos de los que hizo gala en la campaña son capaces de lograr los buenos resultados del pasado en la Municipalidad de Córdoba del presente, infinitamente más conflictiva, más compleja y más limitada en sus posibilidades de acción que aquella que Mestre le vio gobernar a su padre.La distancia entre aquella ciudad y la Córdoba de hoy es abismal. El candidato ganador parece consciente de eso: se ocupó de remarcar la diferencia en su campaña, buscando que la añoranza de aquellos tiempos radicales le garantice el triunfo. Ahora que lo obtuvo, viene lo complicado: demostrar que el radicalismo también puede gobernar esta Municipalidad que parece ingobernable.Para 2031. De todos los candidatos que compitieron ayer, fue justamente Mestre el que trazó el diagnóstico más crudo respecto de la realidad municipal.También fue el más prudente a la hora de plantear lo que se puede esperar en los próximos cuatro años. Cada vez que pudo, advirtió que varios de sus adversarios estaban "vendiendo espejitos de colores", porque prometían cosas irrealizables en el corto plazo. Y hasta relativizó lo que efectivamente pueda lograrse en una gestión, más allá de la restitución de un principio general de orden y una reconstrucción de la casi extinta autoridad municipal.Buena parte de su extensa plataforma de gobierno está dedicada a plantear transformaciones administrativas, reordenamientos internos, programas financieros para salir del ahogo continuo que vive el municipio y una reingeniería de recursos humanos, con todo lo que eso puede significar cuando al frente está el Suoem.Son todas acciones hacia adentro del Palacio 6 de Julio, que apuntan a que en el mediano plazo la Municipalidad pueda volver a mirar para afuera y a actuar sobre la ciudad que habitan los cordobeses.No hay otras promesas de corto plazo en esa plataforma. Es más, en plena campaña –y cuando se elevaba hacia el infinito el listado de futuras obras que publicitaban sus dos principales adversarios– Mestre también salió a mostrar una Córdoba transformada, dinámica, y con la mayor parte de sus problemas de infraestructura resueltos: la ciudad del año 2031.En cuanto a las obras para los próximos cuatro años, el programa de Mestre apunta a mantener lo existente y define prioridades en materia de desagües, cloacas y obras viales. Pero en ningún caso fija plazos y aclara que en cada caso se determinará cuánto deberán pagar los frentistas que pueden y cuánto tendrá que afrontar el municipio por los que no pueden.Esa proporción había desaparecido del municipio en la última década, cuando las obras se hicieron con créditos o fueron pagadas por la Provincia o la Nación.Lo prometido. Mestre sí prometió cambios muy importantes en tres frentes estratégicos de la administración, que insumen más del 90 por ciento de los recursos municipales y que además incluyen a los tres gremios con mayor poder de fuego de Córdoba: el Suoem (municipales), la UTA (choferes de colectivos) y el Surrbac (recolectores de residuos).Empleados municipales. Aunque no garantizó que pueda cumplirlo, el intendente electo es autor de la ordenanza que fija el tope del 50 por ciento en el gasto salarial y aseguró que procurará llegar a esa proporción, lo que implica una drástica disminución del gasto en sueldos o una sustancial suba de impuestos. Además, la plataforma de gobierno promete "austeridad", habla de recuperar un orden jerárquico y postula el concurso como vía de ingreso y ascenso. Menciona que en materia salarial se "premiará el mérito" y que habrá programas de control que permitan disminuir el ausentismo. Advierte que "se reconocerá el derecho de protesta", pero se impulsará una norma "de servicio público esencial e indelegable", con la que Mestre intentará poner freno a las asambleas que de manera casi permanente paralizan un sector o todo el municipio.Privatización de Tamse. Esa medida está incluida en la plataforma en el marco de una licitación general del sistema de transporte y la UTA ya anticipó su rechazo.Competencia para Crese. Mestre avanzará en la división de la ciudad en dos áreas, que serán servidas por dos o más empresas. Esto supone la privatización parcial de la empresa municipal de la basura, donde hoy es decisiva la opinión del Surrbac, brazo local de Camioneros. Sin dudas, son tres frentes de conflicto garantizados.A diferencia de sus dos principales contrincantes, la plataforma de Mestre no incluyó obras financiadas por la Nación ni por la Provincia. Asegura que las conseguirá a fuerza de gestión o buscará financiamiento.Sin embargo, Mestre espera mucho de la relación con la Provincia: para empezar, que la gestión de José de la Sota se haga cargo de que la basura del Gran Córdoba es un problema provincial. Parece que los dos gobernantes electos están de acuerdo en muchas más cuestiones que las que dejaron trascender.El nuevo tiempo radical está en marcha, en una ciudad que sufrió en carne propia la orfandad política de sus tres últimos intendentes. Esta vez, hay un partido entero que ve en la Municipalidad de Córdoba una oportunidad de renacer.