Acampes: pensar y actuar sin Estado
En la última década –más allá de algunos casos puntuales dirigidos en su mayoría a los sectores más desfavorecidos–, el Estado no ha sido capaz de estructurar una política habitacional sólida, equitativa y sustentable. Daniel Alonso.
No hay Estado, por más eficiente que sea, que pueda eliminar la brecha entre las demandas sociales y las respuestas que el sistema político genera para atenderlas. El problema es cuando las grietas toman tal dimensión que amenazan las estructuras. Es entonces cuando la crisis de expectativas, ante el vacío, se desborda por el camino más corto: la ocupación de tierras es un emergente que abona la creencia de que la acción directa es el método más eficiente para satisfacer esas demandas, so pena de despegar la legitimidad de la legalidad.Además se conjuga con el peso que el "techo propio" tiene en nuestra cultura cívica. Por eso, las usurpaciones no son sólo la colonización de un espacio público; también lo son de un espacio simbólico. Y en ambos casos se refleja, de manera patética, el desgarramiento del Estado.En la última década, más allá de algunos casos puntuales que, en su mayoría, estuvieron dirigidos a las clases más desfavorecidas, el Estado –en cualquiera de sus jurisdicciones– no ha sido capaz de estructurar una política habitacional sólida, equitativa y sustentable.Peor aun: sometió esa obligación-derecho a los clásicos vicios electorales, al clientelismo, la demagogia y el manejo discrecional de los fondos.De estar vivo, es posible que el historiador Ignacio Lewkowicz (1961-2004) abonara la idea de que esta fluidez de la política es la responsable de haber dejado sedimentos que cambiaron la manera en que se piensa el Estado. Al fin y al cabo, las usurpaciones no nacen de un repollo, más allá de las manipulaciones previas o posteriores.En su libro Pensar sin Estado , Lewkowicz no habló de la desaparición de éste, sino del agotamiento de la forma en la que los argentinos lo pensábamos (la subjetividad). Y si bien ese trabajo fue concebido para interpretar las consecuencias de la crisis de 2001, los lamentables episodios de Villa Soldati están en la misma línea.En esa tierra de nadie, se deshilachó la idea de un Estado realizador y garante de un orden legal parejo y socialmente equitativo. Esa institucionalidad, que el kirchnerismo sólo edificó en lo discursivo, explota ahora como el rostro del pensar y el actuar sin Estado.

