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“Stock”, dólares y deudas, una fórmula maquiavélica

Cada vez son más las externalidades que los gerentes de las compañías no pueden manejar, como la inflación, la intervención del Estado, los créditos fiscales o la suba de costos. Walter Giannoni.

22 de febrero de 2013 a las 12:01 a. m.
“Stock”, dólares y deudas, una fórmula maquiavélica

En conversación informal, un mayorista del sector comercial le decía el martes a media docena de colegas: "Para afrontar este momento, hay que tener tres cosas: primero, stock ; segundo, dólares guardados y tercero… deudas en pesos con los proveedores". La receta, sin dudas pragmática, responde al horizonte de incertidumbre en el que se mueven las empresas argentinas a partir de un escenario signado por la inflación, la excesiva presión fiscal, el control de precios y el estancamiento –en algunos casos, caída– de las ventas.Para las compañías ya nada es lo que era en 2012 y mucho menos lo que fue en el "brillante" –visto a la distancia– año 2011.Trasladar a los precios los mayores costos derivados de la suba de salarios formales, impuestos y logística, externalidades con escaso margen de maniobra por parte de los gerentes, colisiona de lleno contra la absorción que puede tener el mercado de esos ajustes y termina en una caída de los volúmenes de venta."Hay empresas de consumo masivo que están pagando esos ajustes directamente con una pérdida de puntos de market share ", explicó un consultor de primer nivel, con acceso en tiempo real a la evolución de las ventas.El control de los precios y la caída de las ventas (por ende de la rentabilidad, salvo en el sector financiero) van de la mano en esta Argentina sin confianza, donde pese al cepo a los precios en el carrito del supermercado, la gente continúa pensando que el año terminará con una inflación del 30 por ciento.Salgamos, por ejemplo, de las góndolas. La industria cementera también tiene el precio controlado de su principal producto y sin embargo afronta una caída de despacho estrepitosa, consecuencia de la paralización del mercado de la construcción pública, primero, y privada, después.Motorizar proyectos en la construcción requiere un giro de capital enorme, reservado sólo para grandes espaldas financieras. En Córdoba, por ejemplo, casi las dos terceras partes de los edificios en marcha están en manos de una sola desarrollista cuyo esquema de ventas le permite contar con ese giro.Aunque en esta provincia la comercialización de departamentos a construir se efectúa en pesos, a diferencia de la Capital Federal donde priman los dólares, al inversor le resulta difícil convencerse de que cuando necesite vender ese inmueble recibirá moneda nacional. Es una cuestión claramente psicológica, ligada a la confianza.Abundan en el mercado versiones sobre volantazos en la economía, que van desde el desdoblamiento cambiario, pasando por el cambio de funcionarios, una nueva moneda y hasta otro plan.Pero a esta altura, la cantidad de problemas generados por los parches y la mala praxis señalan que no hay soluciones ajenas a la política. Para ir tirando, la fórmula "stock, dólares y deudas" es conservadora, casi maquiavélica, pero segura.