Nunca hubo tanta gente trabajando
La tasa del desempleo, en un país que llegó a superar el 20 por ciento de desocupación, es uno de los indicadores más importantes en Argentina. Adrián Simioni.
La tasa del desempleo, en un país que llegó a superar el 20 por ciento de desocupación, es uno de los indicadores más importantes en Argentina. Pero no siempre se pone el ojo en la tasa de empleo, que mide qué proporción de la población total está ocupada, sea por cuenta propia o asalariada.
Y lo que muestra hoy es que nunca hubo tanta gente trabajando como en estos dos últimos años. En el primer trimestre, 42,2 por ciento de los habitantes de los 31 conglomerados más grandes del país estaba ocupado. Está en los máximos niveles desde que en 1974 comenzaron las mediciones. Y tal vez cuando se conozcan los datos del segundo trimestre -del que ayer la Presidenta anticipó sólo una nueva caída del desempleo- se verá una pequeña mejora adicional. Es una gran noticia. Esto no implica ignorar la mitad medio vacía del vaso: muchos ocupados son asalariados en negro y otros apenas sobreviven con changas.
Pero si se mira el vaso medio lleno, por delante no aparece un precipicio, sino un desafío: mejorar la calidad del empleo o, lo que es lo mismo, la productividad del trabajo.
Con esta tasa de empleo, la economía no podrá crecer incorporando desempleados dispuestos a trabajar por nada. Ese recurso está al límite. El único modo de crecer ahora es que cada empleo produzca más y mejor. Y para eso se necesitan inversiones en cada puesto laboral. Promoverlas sabiamente es la clave.

