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Los números por el piso

Toda la familia está concentrada en este negocio fundado cuatro décadas atrás. Beatríz Bederian de Diamante viene del campo de la economía y por lo tanto cuenta con una lectura propia de las cosas.

30 de abril de 2011 a las 12:02 a. m.
Los números por el piso

No hace tantos años, Beatriz Bederian de Diamante negociaba cara a cara con los funcionarios de los organismos internacionales créditos para la Provincia destinados a infraestructura. Un día decidió que su paso por la función pública había terminado y se concentró en la empresa familiar creada por su marido, Arnaldo, cuando apenas era un chico. La familia ha logrado construir una marca de Maconta, un negocio dedicado a la venta de pisos flotantes que aprovecha el crecimiento de la construcción y las tendencias. –¿Usted es de esas personas que anda mirando los pisos por todos los lugares adonde va? –Sí, cuando entro a una casa, mi vista va siempre al piso. Pero creo que esto le sucede a todo el mundo, es una actitud natural. –Su carrera original nada tiene que ver con los pisos. –No, entré a este negocio por una cuestión absolutamente personal, mi marido vendía pisos. Pero mi carrera siempre fue técnica, en un escenario político, porque trabajaba en la administración pública provincial. –¿Qué hacía? –Soy licenciada en Economía. Y en la Provincia fui subsecretaria de Planeamiento y de Finanzas, y coordinadora ejecutiva del primer programa de financiamiento del Banco Mundial y el BID para obras de infraestructura básica para municipios. –Cuando esos organismos empezaron a financiar a Córdoba, ¿no? Un par de décadas atrás. –Claro, además fui coordinadora de los programas federales de financiamiento de las dos entidades. –Es decir, especialista en números… –(Ríe) A los 18 años ya daba trabajos prácticos en la cátedra de Estadística. Esto de Maconta fue un cambio absoluto en mi vida. Lo hablé con mis hijos, con mi esposo, Arnaldo. Él puso este negocio cuando también tenía 18 años. Era un estudiante avanzado de Ciencias Económicas y su padre era un gran fabricante y proveedor nacional de pisos de algarrobo de La Rioja. –Hay un vínculo familiar con la temática. –Yo creo que mi marido nació bajo la sombra de un algarrobo, así que como tenía el producto, en los años '70 empezó a comercializar aquello que hacía su padre. Pero en la época de Martínez de Hoz hubo un decaimiento general de la industria argentina que no podía competir contra lo importado, entonces fue incorporando productos extranjeros. –Para complementar la oferta al público, supongo. –Claro, pero eso terminó en que la producción propia de pisos que hacía la familia en La Rioja fue perdiendo terreno y subieron las importaciones. El final de la historia es que los campos se terminaron vendiendo y la empresa de Arnaldo continuó solamente con la comercialización. –Su decisión de dejar la administración pública y meterse de lleno en Maconta ¿qué le aportó al negocio? –(Sonríe) ¡Nooo, inicialmente nada! –Me gusta la espontaneidad porque puede ayudar a otras mujeres para que se animen (siento que me odian todos los maridos que leen la nota).–Tenía la oreja formada por los comentarios que me hacía Arnaldo en casa, pero necesitaba aprender todo. Mi valor agregado no era la madera. Sí podía darle algún camino a la empresa por el lado de la experiencia que tenía por mi paso en la administración pública. Organizar cosas, las exportaciones, la parte financiera, en eso me metí mucho. Luego ya me involucré en todos los aspectos. –Hoy, ¿cómo es la empresa? –Una SRL familiar, a la que también se han integrado nuestros hijos, Pablo y Pilar. –Además de un negocio, ¿consiguieron construir una marca con Maconta? –Sí, indudablemente es una marca registrada en el interior del país. Nuestra inserción en el mercado es muy alta. Me animo a decirle que el 95 por ciento del gremio de los instaladores de Córdoba pasan por aquí. Trabajamos con productos y con servicios. Los productos están todos acá, con una gran variedad de marcas y calidades. Pero, aunque viene público en general, a la mayor parte de esos productos los adquiere el parquetista, que es la persona a la que la gente contrata para hacer el trabajo. –¿Pudieron aprovechar el "boom" de la construcción y meterse en la gran cantidad de nuevos edificios que tiene Córdoba? –Lo hicimos y lo estamos haciendo, aunque hay que reconocer que este es un mercado con altibajos. No obstante, proveemos a las empresas constructoras. Ahora, nuestra marca está asociada a la innovación permanente en todas las líneas de productos. Trajimos pisos flotantes a Córdoba 25 años atrás, cuando nadie lo había hecho. Esa política se aplica en todo, en los pisos, en los insumos y en la maquinaria. –Me quedé colgado de algo, ¿es imposible fabricar esto acá? –Los costos internos son tremendos y no podríamos competir con el producto importado a igual nivel de calidad. Hay productos nacionales en este rubro aunque, sin entrar en polémicas, no son comparables. Hemos hecho todo lo posible para fabricar. Fíjese esto, junto con el Inti, desarrollamos un sistema de fijación de zócalos que fue patentado y ganó premios. (Se levanta y lo trae). –Usaron el ingenio. –Fue un orgullo. Permite que no haya más cabezas de clavos, ni tornillos a la vista. Es un factor estético importante cuando uno invierte en poner un piso. Es producto del ingenio de Arnaldo tras tantos años de andar en el rubro. Hay una cadena internacional que nos está pidiendo el producto para colocarlo en todas sus bocas en América latina. El cliente pisa fuerte –Volvamos a usted, ¿dónde pone la atención en su trabajo? –Miro de la empresa para adentro y de la empresa para afuera. En lo que más centramos las acciones es en la atención al cliente. Debe quedar satisfecho, para lo cual debe estar todo el tiempo informado, con honestidad y responsabilidad. Hay que asesorarlo correctamente con los pros y los contras de lo que va a poner. Los peores enemigos de los pisos de madera son el agua y el calor. Para eso nuestra gente requiere capacitación, todos estamos preparados para asesorar. –¿Quién resuelve la compra del piso? –En general el hombre averigua opciones y presupuestos, y quien decide es la mujer. –Como les pasa a los vidrieros, ¿la gente siempre llega sin dinero a poner los pisos? –¡Totalmente! Y además, con todo el cansancio de la obra encima. –En la "doble personalidad" que usted tiene de comerciante y de economista, ¿qué le sugeriría a una Pyme de estas características? –La economía sigue creciendo, pero a mí me parece que va a haber un desaceleramiento de la actividad. El panorama es complicado, la puja de poder también. Lo más preocupante es el proceso inflacionario, por lo tanto stockear es aconsejable. –Lo gastado, guardado. –Tengo entendido que los metros cuadrados construidos en Córdoba superan en más de dos puntos a los hechos en Rosario o Buenos Aires. Pero creo que el ritmo de obra puede decaer en función del financiamiento. El Plan Mi Casa generó una muy buena salida, pero lo más importante de todo es que ese plan financiero demostró que si la gente puede acceder a un buen crédito, puede comprar y construye. –Ya lo creo. Es tal cual. –En la medida en que las constructoras puedan ir comprando insumos para congelar precios, también es una buena opción. En nuestro rubro hay productos que verificaron dos aumentos en un mes. Es una inflación del seis al 10 por ciento, continua, aun en productos dolarizados. –A la economista, ¿el dólar seguirá subiendo? –(Sonríe) Es un año electoral, y en los ciclos de este tipo hay que mantener acomodadas ciertas cosas. Qué sucederá luego, no lo sé. –Me cansé de la economía. Vayamos a otra cosa. ¿Es verdad que el piso parquet no se usa más? –Los procesos de los pisos modernos son mucho más cortos que el parquet, y los costos son diferentes. –Se lo pregunto porque me lo contó un amigo. –El valor final, comparando un parquet con un piso pre finish , no tiene nada que ver. Un piso ingenieril es de madera, en lugar de la capa de melamina va una capa de madera, y por lo tanto es repulible. –Mi amigo estaba haciendo un asado con parquet que había sacado arruinado del living. –Bueno, le digo que en mi casa el piso ingenieril está puesto sobre el parquet cuyas tablitas habían sido fabricadas por la empresa de mi suegro. Son tendencias, cambios en las preferencias y comodidad. –Y hablemos de precios, a riesgo de que la inflación nos deje desactualizados. ¿Cuánto vale un piso de valor intermedio? –Un flotante de melamina parte de los 60 pesos, en tanto que un ingenieril importado, de 180 para arriba. El costo de mano de obra es igual para las dos cosas, de 22 a 25 pesos el metro cuadrado. –¿La empresa trascenderá la segunda generación? –Espero que sí, toda la familia tiene mucho empuje.