Gente Picante. Pablo Bittar: del "faltan tres millones de viviendas" a "la obra pública no nos mueve la aguja"
El CEO de Holcim Argentina advierte sobre el principal cuello de botella del país: sin crédito de largo plazo, el déficit habitacional seguirá creciendo. Y le baja el tono al impacto de la obra pública.
–Sos el ejemplo clásico de pasante a CEO.
–Ja, tengo 31 años en la empresa. Entré en mayo de 1995 en Holcim, en un programa de jóvenes profesionales. Son 31 años en la misma empresa, pero cada tres o, a lo sumo, cuatro años fui cambiando de área, de responsabilidad, de temas. Entonces, me atrevo a decir que fueron 31 años en la misma empresa, pero en roles distintos, lo que le ha dado a uno la energía para sostenerse tanto tiempo en una organización, algo que hoy es extraño. En esa época, no lo era tanto.
–¿Cuál es el principal desafío que tiene hoy la industria del cemento?
–El desafío, por cierto, es el crecimiento. Argentina tiene un déficit habitacional que, según distintas estadísticas, supera los tres millones de viviendas. Hacer transacciones de casas sin la existencia del crédito para poder avanzar en esas construcciones es el principal desafío. Se menciona que los créditos hipotecarios han sido récord, pero hubo 45 mil créditos el año pasado. No guarda relación: no se puede cerrar una necesidad de tres millones con 45 mil créditos hipotecarios.
–¿Y cómo se podría cerrar la brecha? Porque cuando uno mira los precios de las viviendas, de las tierras en los centros urbanos y lo que ganan los argentinos, parece que nunca se va a poder cerrar.
–Yo creo que Argentina, en mi experiencia laboral de haber trabajado en otros países, tiene como problema la inexistencia de un mercado sólido de capitales para poder financiar a los plazos en los que habitualmente, no te hablo del mundo, te hablo en particular de Sudamérica, se financia una vivienda. El mercado de capitales muchas veces se nutre de los fondos que la gente ahorra para su pensión, para su jubilación. La existencia de las antiguas AFJP y el reemplazo de eso por sistemas públicos de jubilación han generado la inexistencia de un mercado que logre calzar la necesidad de alguien de comprar algo a 20 años con la necesidad de otra persona de ahorrar a 20 años, para que eso se junte y se resuelva un tema que es fundamental para el crecimiento del país.
–Pero falta mucha educación financiera. A los fondos de cese laboral que se aprobaron en la reforma laboral, en los que el empleador puede ir ahorrando por un eventual despido, una de las principales críticas fue que eso es “para la timba financiera”. Hay una parte de la opinión pública que identifica eso con timba, cuando en realidad sería la fuente de crédito.
–Realmente creo que Argentina lleva tanto tiempo sin la existencia de un crédito hipotecario sólido que la gente lo primero que hace es asociarlo a algo que, como bien decís vos, es la especulación financiera, y no a la búsqueda de una solución profunda, de fondo, para resolver una crisis grandísima en nuestro país. Te hablo de un déficit de tres millones de viviendas nuevas, de casi cinco millones si consideramos también las refacciones. Si creáramos un músculo financiero que le permitiera a la gente acceder a un crédito sólido a 20 o a 25 años, es como encontrar el problema y la solución al mismo tiempo. Creo que ese es el desafío que tiene el país hacia adelante. La gente lo asocia a la timba, pero porque es una historia que arrastra Argentina por la inestabilidad financiera que ha tenido a lo largo del tiempo. Lo que estoy mencionando lo tienen países en donde me tocó vivir. Lo tiene Ecuador, lo tiene Colombia. En muchos países hay un incentivo para que la gente ahorre a 20 años. No podemos aspirar a tener crédito a 20 años si ninguno de nosotros ahorra con esa mirada. Y en la medida en que eso no se resuelva, va a ser un tremendo desafío hacia adelante cerrar esa brecha.
–¿Se podrá solucionar solamente resolviendo la macro?
–Yo creo que es una condición necesaria, pero no suficiente. En la medida en que nosotros, cada uno como individuo, no logremos ahorrar con esa perspectiva, tampoco vamos a encontrar nunca la solución de fondo que el país necesita. La macro nos da las condiciones prioritarias, pero ahora nos toca avanzar un poquito más. Insisto mucho en esto: hay países en donde inclusive el ahorro destinado a la compra de vivienda no paga impuestos. Yo siempre digo: llegué a Colombia en el año 2015 y lo primero que hice fue buscar a alguien que me asesorara para lograr la mejor condición impositiva en el país y entender qué ventajas ofrecía el sistema, porque había vivido algo en Ecuador que me había servido. Cuando me junto con el asesor impositivo, me dice: “Mirá, hay una forma de ahorrar para la compra de vivienda, y esa parte que vos destinás para eso va a tener una tributación mucho más baja de impuesto a las ganancias”. Claro, había un atractivo para ahorrar para la compra de vivienda y, al mismo tiempo, tener una ventaja desde el punto de vista impositivo. Y no estoy hablando de que la gente estuviera evadiendo. Es un sistema muy transparente: si yo quería meter mano a esos fondos para otro destino, automáticamente el banco me descontaba los impuestos que yo había dejado de pagar. En la medida en que no haya ese tipo de incentivos para que la gente logre dejar fondos que permitan calzar eso con la necesidad de otras personas, la posibilidad de cerrar brechas en términos habitacionales va a ser muy difícil en este país.

–¿Tiene que intervenir, regular, meterse el Estado? Obvio que en cuestiones impositivas como contás, pero a la hora de encarar proyectos masivos de vivienda, para sectores medios, para sectores populares, ¿lo puede resolver sólo el mercado o tiene que intervenir el Estado?
–Yo creo que el Estado tiene que fijar las reglas de funcionamiento por el lado bancario y tener esquemas normativos que no se estén cambiando todos los años. El tema de los encajes, por ejemplo, puede ser un mecanismo con el que a veces la macro se ha ordenado, pero le siguen metiendo mano, año a año, dentro de distintos períodos de gobierno. En la medida en que consolidemos algo bien sólido en términos normativos, el resto, en alguna medida, los privados que estamos en condiciones de ahorrar, vamos a ir dejando los fondos para que se calcen con la necesidad de otras personas. Yo soy de los que creen que cuanto menos intervenga el Estado en eso, mejor, pero sí tiene que ocuparse de fijar reglas y no cambiarlas.
–Muchos dicen: “No vas a vender cemento si no hay obra pública”. ¿Cuánto te mueve la aguja?
–Muy poco. La venta de cemento destinada a obra pública no superó, en los mejores años, el 15% de nuestros despachos. La mayor movilidad que se dio en nuestro sector fue por la inversión privada. Y la inversión privada involucra desde construcciones, refacciones, intervenciones que eventualmente algunos privados hacen en términos de urbanizaciones. Nuestra apuesta viene por el lado del privado. Si la obra pública no aparece, eso se reemplaza con otro tipo de obras. No es un punto en el que nosotros consideremos que tengamos que hacer foco. Por cierto, parte de lo que ha tenido que ver con la solución integral a la que ha ido Holcim hoy es adquirir otras compañías que nos permitan ser una compañía que, lógicamente, es de cemento, pero que hoy abarca un segmento mucho más amplio: pinturas, impermeabilizantes, bloques, viguetas, hormigón elaborado, piedra, mortero. Pero en la medida en que no exista una reactivación por la vía del consumo, apoyado o soportado por un crédito bien sólido, vemos un desafío bastante grande para Argentina.
–¿Cuánto es el cemento hoy en ese portafolio de negocios?
–Hoy el cemento representa más o menos un 80%; el resto de los negocios, un 20% de nuestra venta. Y nuestra estrategia es llegar al año 2030 con un equilibrio 50-50 o 60-40, dependiendo un poquito de la realidad que tenga el mercado en ese momento. Pero la idea como grupo Holcim, a nivel mundial, es dejar de ser una compañía cementera y pasar a ser una compañía de soluciones integrales para la construcción.
–¿Son inmunes a la importación? ¿En cuánto les pega?
–El cemento es un producto que, en términos de valor, es bajo, y los costos logísticos tienen un impacto altísimo. Con lo cual, exportar o importar creo que se hace bastante difícil. Pero tampoco nos molesta que se dé la importación. Estamos muy abiertos a competir, sí asegurando que compartimos reglas de juego similares. Acaba de salir la reforma laboral. De la reforma impositiva no se escucha mucho y, en lo personal, creo que era más necesaria la reforma impositiva que la laboral. Porque tampoco veo que la reforma laboral venga a resolver los temas tan de fondo que tiene el país, mientras que si hubiera una reforma impositiva, seguramente sí se lograría eso.

–¿Cuál te parece a vos que es el tema de fondo del país? Uno y dos.
–Resolver el tema impuestos. Hoy tenemos esquemas de tributación a nivel nacional, provincial y municipal, con impactos, en algunos casos, altísimos. Resolver el tema impositivo de fondo creo que es crucial, que asegure evitar las dobles o triples tributaciones. Y, en segundo lugar, buscar incentivos que deriven en la aparición del crédito para consumo, pero no para el consumo de las cuestiones del día a día, sino para consumos de bienes durables y a largo plazo, como puede ser la vivienda.
–¿Cuánto personal tiene el departamento tributario de Holcim?
–Deben ser unas seis personas. Tenemos procesos tremendamente automatizados, pero me atrevo a decir que hoy el control que nos exige asegurar que cumplimos con las reglamentaciones municipales, provinciales y nacionales nos lleva a que a veces hacemos cosas muy parecidas o idénticas para los distintos estamentos que tiene el Estado.
–¿Los que hoy más complican son los municipios? ¿Tasas municipales diversas?
–Mirá, es variado. Podés encontrar provincias donde los municipios han inventado tasas municipales atadas al consumo eléctrico. Nosotros somos una compañía muy intensiva en el consumo de electricidad y de gas, con lo cual establecer una tasa en función de eso tiene un impacto directo. Eso nos ha impactado notablemente en algunos costos.
–O sea, ni siquiera es sobre las ventas o sobre la facturación, sino sobre el consumo energético. Córdoba hace eso.
–Exactamente. Entonces, la capacidad inventiva que han tenido con los impuestos en este país es notable. Y yo creo que uno lo termina descubriendo cuando sale del país y le toca trabajar en otros lados. En otros lados, es bastante claro: básicamente, todo gira en torno a impuesto a las ganancias e IVA. Después se puede discutir si el 30% o el 35% es alto o bajo, si el IVA del 21% es alto o bajo, pero está muchísimo más simplificado.

–¿Y por qué esa capacidad inventiva argentina?
–Yo creo que las distintas crisis que atravesó el país llevaron a buscar caminos más cortos que hacer una reforma de fondo.
–Pero Colombia tuvo sus crisis, Ecuador tuvo sus crisis, la región ha tenido sus crisis. ¿Me vas a decir que nuestros políticos son más creativos a la hora de inventar impuestos que los de al lado?
–Probablemente sí. Por eso insisto mucho en que la reforma impositiva para mí era mucho más necesaria que la reforma laboral, porque es la base para la construcción del crecimiento que el país necesita. La complejidad que tiene el sistema es notable. La última declaración de impuesto a la renta personal que hice en Colombia la bajé de la web de lo que sería acá el equivalente al Arca. Y la posibilidad de error dentro de lo que te propone la declaración que está en la web o en el portal del agente fiscal del Estado, y lo que te toca pagar, es casi nula. Está todo integrado, los sistemas están conectados, la información está muy visible a los ojos del ente recaudador. Esa agilidad, esa facilidad, casi imposibilitan que la gente esté pensando qué trampa le encuentra al sistema. Cuanto más complejo es un sistema, más difícil es el cumplimiento.
–Y la no transparencia también. Es como que la ocasión hace al ladrón. Porque escondido en un "ticket", cobrando algo y que nadie sepa exactamente qué es, te quedás con mucha plata, como intendente o como gobernador.
–Tal cual. Y en la medida en que el país no resuelva el tema impositivo de fondo, vamos a seguir arrastrando parches que se le hacen al sistema, pero no la solución de un problema que es la matriz esencial para asegurar el crecimiento, no solo nuestro, sino de las generaciones futuras.
–¿Creés que se puede cambiar esa voracidad del Estado por recaudar cada vez más?
–Yo soy optimista y uno empieza a escuchar que hay voluntades. Uno se reúne con intendentes, con funcionarios provinciales, con funcionarios nacionales, y encuentra voluntad. El punto es que es un cambio tan de fondo el que toca hacer que probablemente eso imposibilita que salga rápido. Y tampoco tiene que salir rápido y mal. Hay que asegurar que algo salga de manera sólida y que uno diga: “En los próximos 30 años esto no se cambia”. Pero si no hacemos esa discusión de fondo, es difícil que el motor de desarrollo que el país necesita esté asegurado.

–Ingresaste a Holcim cuando era Minetti, Corcemar, Holcim… toda una escalada y un cambio de cuadros gerenciales y de manera de hacer las cosas. ¿Cómo se vivió eso?
–Me acuerdo de entrar en el año ‘95. En el ‘98 se da la fusión de Minetti con Corcemar y ahí, obviamente, cualquier fusión lleva procesos reorganizacionales. Uno se pregunta: “¿Sigo en esta compañía? ¿No sigo?”. En un momento en el que, inclusive, las oportunidades para jóvenes profesionales en otras compañías eran bastante amplias. Tomé la decisión de quedarme y creo que fue una de las mejores decisiones de mi vida, dar la pelea adentro, en alguna medida, y con un norte mucho más claro. Esto de trabajar en una compañía multinacional, empezar a tener una visibilidad no solo local sino también internacional fue fantástico. Es lo que siempre digo: tener la oportunidad de ir cambiando de áreas.
–¿Qué es Holcim hoy como conglomerado?
–Holcim hoy es un conglomerado con presencia en más de 40 países, más de 45 mil empleados, con posibilidades de intercambiar soluciones para la construcción con otros países casi de manera diaria, con centros de innovación como el que tenemos aquí en Córdoba, que no es para nada distinto al que tenemos en Lyon, en Francia, donde está la sede de innovación a nivel global. Compartimos información de manera permanente en la búsqueda de soluciones con colegas de otras partes de Latinoamérica, con colegas de Europa, con colegas de nuestra sede central en Suiza.
–¿Te has cansado de explicarles la Argentina a los extranjeros?
–Creo que un argentino, a pesar de que viví 14 o 15 años afuera, tiene mucha más facilidad para entender qué es Argentina que un extranjero. Y yo lo que creo es que, en esta dinámica que tenemos como país, anhelo alguna vez dejar de explicar qué pasó, qué fue lo inesperado, y empezar a explicar las oportunidades que tenemos. Nosotros tenemos una oportunidad enorme en lo que tiene que ver con la agroindustria, una oportunidad enorme en energía, minería, turismo, fuentes naturales como el agua, que es escasa en muchas otras partes del mundo. Es un país seguro, estamos alejados, afortunadamente, de muchos de los centros de problemas, y quizás en seguridad estamos mucho mejor que cualquier otro país de Latinoamérica. El punto difícil de explicar es la situación económica. ¿Por qué Argentina, a lo largo del tiempo, no ha logrado resolver el tema de base, que es su tema económico? Yo creo que el ordenamiento de la macro, esto de “no voy a gastar más de lo que me ingresa”, es un punto de partida. Lograr estabilización del tipo de cambio también creo que es un tema muy favorable.
–¿Sos optimista? ¿Del 1 al 10?
–Sí, soy un 10. Soy muy optimista sobre lo que Argentina tiene para dar ese salto y ganarles a muchos otros países de la región.

–¿Y lo vamos a poder hacer?
–También soy optimista. Lo que creo fundamental es trabajar muy de la mano con los distintos sectores de la economía que pueden aportar ese crecimiento y ver cómo sumamos al Estado en esa discusión. Cuando insisto en la reforma impositiva es porque considero que es un tema que no entró tan rápido en la agenda como lo hizo la reforma laboral. Tampoco creo que la reforma laboral nos resuelva los temas de fondo como lo puede hacer la reforma impositiva. Hoy, así como tenemos marginalidad en el mercado laboral, también hay mucha marginalidad en el mercado impositivo, no les cierran los números. Las multinacionales es imposible que no cumplan al 100% las reglamentaciones. Es algo que está en nuestro ADN: hacer todo en el marco de la ley. Pero el empresario pyme, que busca sobrevivir, tiene que ir viendo en el contexto cómo asegura la estabilidad de su negocio.
–Pero en este nuevo contexto pos-2023, con una inflación normalizándose, da la sensación de que ya está el mapa de ganadores y perdedores, de sectores que no se pueden acomodar, y hay muchos sectores que extrañan la inflación porque te dicen: “Ay, me iba mejor”. ¿Dónde se paran ustedes?
–A mí me tocó no vivir acá todos los últimos años con inflaciones altísimas y, la verdad, me costaría pararme entre los que creen que con inflación nos puede ir mejor. Los países que crecen son los países que tienen una moneda estable, un contexto inflacionario estable, una serie de reformas y reglamentaciones financieras, laborales, legales, estables. No conozco contextos en donde haya sido sostenible la falta de estabilidad y, en función de eso, el crecimiento.
–Eso en el mediano plazo, seguro. Pero el que tiene que cerrar los números te dirá: “Vendo mejor cuando hay inflación porque pongo el precio que quiero y la gente lo paga”.
–Sí, pero eso no es sostenible. Lastimosamente, atravesamos muchísimos años así. Nosotros, en la industria del cemento, en contextos de inflación que superaban el 100%, vendíamos en el mercado 13 millones de toneladas. Hoy vendemos 10. Pero yo prefiero un contexto donde, bueno, tengo menos volumen vendido, pero un altísimo nivel de estabilidad económica que me ayude a crecer y a buscar eficiencia, con mejoras de proceso que ayuden a que el nivel de rentabilidad no se vea tan negativamente afectado por el menor volumen. En un contexto de tanta vorágine, uno no sabe si ganó o perdió.
–Y lo pongo también del lado del consumidor. Eso de estar todo el tiempo pensando cómo gastar la plata, cómo quemarla. Hay gente que ha hecho una refacción, un viaje, ha ido a un concierto, ha construido arriba o se ha comprado una segunda casa porque no quería guardar la plata.
–Bueno, quizás el nuestro fue un sector en donde la mayor inestabilidad pudo haber generado mayores oportunidades, porque la gente buscaba como resguardo del valor del dinero invertir en ladrillos. Yo estoy convencido de que podemos lograr lo mismo en un contexto de estabilidad. ¿Cómo? Con la aparición del crédito. Que la gente se atreva a decir: “No me quema el dinero en las manos y salgo a gastarlo en distintos bienes y servicios, sino que me aseguro un ahorro sostenido en el tiempo que les permita a otros acceder a un crédito”. El crecimiento del país depende fuertemente de una base sólida de crédito y de una serie de reglas claras.

–El mundo discute una agenda que va mucho más allá del valor de la bolsa de cemento hoy, mañana o pasado. Y la industria del cemento está muy atravesada por la discusión de la sostenibilidad. ¿Qué se puede hacer para mitigar el impacto ambiental?
–La sostenibilidad es uno de los ejes estratégicos centrales que tenemos como compañía. Nosotros somos consumidores de energía eléctrica y energía térmica a altísima escala. Hoy, el 85% de la energía eléctrica proviene de fuentes renovables, en el caso de Argentina. Tenemos acuerdos con YPF Luz, es decir, con parques eólicos que ellos tienen y que nos proveen energía eléctrica. Tenemos acuerdos con otras compañías, inclusive algunas cordobesas que proveen energía solar. Por ese lado, hemos hecho un reemplazo de las fuentes tradicionales por fuentes renovables. En el lado térmico, tenemos una compañía que se llama Geocycle, a través de la cual reemplazamos el combustible tradicional, como puede ser el gas, por el consumo de residuos en los hornos. Hoy tenemos plantas en donde más del 40% de la energía térmica que se consume proviene del reemplazo de combustibles tradicionales. Hemos invertido más de U$S 10 millones en instalaciones para poder hacer el procesamiento y el coprocesamiento de los residuos sólidos urbanos que consumimos en nuestros hornos.
–Y los proveedores.
–Sí, trabajamos en toda la cadena de valor con los contratistas. Tenemos la incorporación de un camión eléctrico que hemos hecho en nuestra cantera de Capdevila, a modo de prueba, y nos ha ido realmente bien. Estamos evaluando ya la inversión a escala suficiente que nos permita reemplazar camiones que usan diésel por camiones que usan energía eléctrica. Tenemos una torre de control que monitorea todo el flujo de entrada y salida de camiones, y para todo lo que sea entregado por nosotros buscamos el flete de retorno para traer materias primas. De esa forma aseguramos que el camión va lleno y vuelve lleno, como una forma de contribuir también a la huella de carbono. Tenemos iniciativas que no son sólo enfocadas en la producción, sino también en lo que podemos hacer puertas afuera. Luego está también la generación de productos. Tenemos nuestro segmento EcoPlanet y nuestro hormigón elaborado EcoPact. Hoy el hormigón elaborado que está certificado como ambientalmente sostenible reduce un 30% la huella de carbono. Como compañía, miramos la cadena productiva en general: desde lo que tiene que ver con lo que hacemos puertas adentro hasta lo que podemos hacer puertas afuera.
–¿Incorporan el tren?
–Nosotros, desde esta planta de Córdoba y desde la planta que está en Mendoza, transportamos clínker, que es la materia prima para elaborar cemento, a Campana, donde tenemos nuestra molienda. Aprovechamos al máximo el traslado por ferrocarril, no porque sea una ventaja económica tan alta, sino por una cuestión de volumen: en pocos envíos, uno puede enviar una cantidad que por camión sería imposible. Y eso aporta al tema de huella de carbono. Y cuanto más hagamos en tren, más incentivos va a haber para que se hagan inversiones por ese lado. En países desarrollados, el tren es un mecanismo de transporte tremendamente útil. Lo que te hace es lograr eficiencia y, al mismo tiempo, aportar al tema de la descarbonización. Ni hablar del tema seguridad. La inseguridad que generaría trasladar los volúmenes que nosotros manejamos; si lo hiciéramos todo por ruta, implicaría un altísimo riesgo por el lado de la seguridad vial.
–Estuviste en Ecuador, primero, y en Colombia, después. ¿Qué es lo más difícil para adaptarse?
–Yo me fui seis meses antes y le dije a mi esposa: “Me voy seis meses y vuelvo”. A los cuatro meses, le digo: “Mirá, no vuelvo. Venite”. Y bueno, fue un tema cambiar de colegio a mis hijos en ese momento, hacer una vida afuera, en un país nuevo. Ecuador en ese momento atravesaba un crecimiento que yo nunca había visto. Nosotros en Argentina importábamos; a veces nos faltaba clínker, pero nos faltaban dos barcos al año. Ecuador importaba dos barcos por mes. Llegamos a un país en medio de un crecimiento notable. Trasladarnos a un país así fue un desafío realmente hermoso. Fui a una compañía que atravesaba un crecimiento notable, en un país que también crecía notablemente.

–Después vino Medellín.
–Sí. A los tres años en Ecuador, sale esto de movernos a Medellín; yo vivía en Guayaquil. Medellín es una ciudad preciosa. Siempre digo que Medellín no es lo que se ve en las series; eso es parte de una historia del pasado que afortunadamente la ciudad ya superó, con un nivel de infraestructura notable. Tiene algunas cositas parecidas a Córdoba: un río que la atraviesa, los paisas –que son la gente de Medellín–, con un nivel de resiliencia envidiable. Han atravesado situaciones muy complejas y las han superado. Tienen las comunas, que serían el equivalente a nuestras villas, y allí el municipio hizo un trabajo de transformación con escaleras mecánicas y obras de infraestructura notables. Han hecho un acercamiento entre los sectores más humildes y el resto de la población realmente destacable.
–¿Y cómo fue la adaptación allá?
–Nos acostumbramos tanto que, cuando regresé, una parte de la familia quedó allá: mis dos hijos mayores viven en Medellín. Entonces no pierdo el contacto con Medellín. Hicimos muy buenos amigos allá y mantengo la relación como si siguiéramos viviendo ahí.
–¿Pensás que van a volver?
–No sé. Nosotros somos muy familieros y el anhelo de uno como papá es tenerlos a todos cerca. Pero también creo que vivir afuera, trabajar afuera, tiene un aspecto positivo: les permite tener una mirada distinta de lo que es el mundo y de las oportunidades que ofrece. Me encantaría que vinieran, pero tampoco es algo sobre lo cual insisto mucho, porque creo que ellos tienen que ser responsables de su destino. A cierta edad, uno tiene que ir soltándolos para que vean qué hacen.
–¿Argentina será tu último destino?
–No lo sé. Cuando uno vuelve a su país, es más difícil pensar en irse otra vez. De todos modos, es lo mismo que les digo a mis hijos y lo conversamos mucho con Miriam: las oportunidades siempre toca analizarlas y, si uno encuentra que es lo mejor para la familia en primer lugar y como persona y profesional en segundo lugar, hay que evaluarlo y decidirlo. Pero la idea es siempre tener muy presente lo que uno quiere lograr, trabajar en pos de eso, no dejar pasar oportunidades.

Ficha picante
Pablo Bittar (54). Nació en Colazo, Córdoba. Es contador público egresado de la UNC, con especialización en Finanzas Corporativas. Ingresó a Holcim en 1995 como joven profesional y pasó por varias áreas. Tuvo experiencia internacional en Ecuador y en Colombia, y ocupó roles regionales en supply chain para Latinoamérica. Es CEO en Argentina desde septiembre de 2024. Conduce una operación con más de 1.400 empleados y foco en soluciones integrales y sostenibles para la construcción.