Y eso que Río Tercero lo tiene
Se ha dicho hasta el cansancio, pero parece no haber calado en la idiosincrasia de la clase dirigente del país: crecer no es igual a desarrollarse. Walter Giannoni.
S e ha dicho hasta el cansancio, pero parece no haber calado en la idiosincrasia de la clase dirigente del país: crecer no es igual a desarrollarse. Lo que ocurre en Río Tercero es un fiel reflejo de que quienes tienen la oportunidad de dirigir el destino del Estado –en todos sus niveles– se dejan llevar más por el corto plazo electoral que por estrategias para el desarrollo.En la última década, la política en general se ha llenado la boca hablando de los beneficios del crecimiento a "tasas chinas". Comparaba (lo hace) esa explosión de recursos con la angustiante implosión de la década de 1990. No habría estado mal si al otro día hubieran puesto manos a la obra en la construcción de infraestructura.Lo que ocurre en Río Tercero es una fuerte señal de alerta. ¡Y eso que aquella ciudad tiene gas natural! Qué será de la vida de otros sitios donde ese bien no existe ni hay visos de que vaya a fluir en el futuro cercano.Hace poco, por ejemplo, una reconocida compañía del corazón lechero comenzó a hacer funcionar sus hornos y calderas con leña, como en plena Revolución Industrial. Estamos hablando de mitad del siglo XIX y principios del XX.El país ha tenido en la última década una oportunidad infrecuente y poderosa para desarrollarse. Nunca antes como después de la debacle de 2001 entraron tantos dólares, producto de las exportaciones de materias primas.Romper la primarización de las exportaciones será muy difícil si gran parte de esos dólares no retornan en programas de desarrollo de infraestructura básica que impulsen la creación de empleo genuino.Al gas primero hay que buscarlo, luego sacarlo del pozo y posteriormente transportarlo hacia el mercado. No se hace con voluntarismo, se hace con políticas estables, duraderas, creíbles, y también con dinero.Cada vez que en Argentina apareció el debate sobre la crisis energética, un coro de descreídos (para no avanzar en otras caracterizaciones) salió a relativizar aquellas advertencias. La respuesta a la falta de gas fueron la garrafa social y los buques metaneros.Hace poco, la estrategia derivó en la estatización de las acciones de Repsol en la petrolera YPF. ¿Alcanza para generar gas y cañerías que lo lleven? No. El retraso ahora aflora, como en este caso.

