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Cada día más empecinados en vivir con lo nuestro

La pérdida de competitividad cruza a casi todos los sectores económicos, salvo los conocidos de siempre, como el complejo sojero y la minería metalífera.

03 de mayo de 2013 a las 02:00 p. m.
Cada día más empecinados en vivir con lo nuestro

S i a cada hora Guillermo Moreno cierra más el cepo sobre las importaciones de bienes intermedios y finales, y la caída de la competitividad por la suba de costos reconcentra a las empresas en el mercado interno, la conclusión es sencilla y lineal: día a día vivimos más con lo nuestro. La semana pasada, una importante industria local mostró con orgullo su proceso fabril, pero reconoció también la creciente imposibilidad para colocar sus exitosos productos en los mercados externos, aun los más próximos. Apenas uno de cada 10 equipos que produce desde la materia prima más básica puede ser enviado afuera. Así las cosas, de momento, el mercado interno es su objetivo estratégico. Resulta difícil crecer y generar más empleo en estas condiciones.La pérdida de competitividad es un factor que cruza a casi todas las ramas de actividad. Sin embargo, como bien aclara la consultora abeceb.com en un informe difundido ayer, "aparecen diferencias en cuanto a su grado de exposición", indicó.Las economías regionales están casi asfixiadas por la dificultad para trasladar los costos (sobre todo mano de obra) a los productos exportables. Casos típicos: las aceitunas y ahora también la vitivinicultura.La industria orientada al mercado doméstico (calzado, indumentaria, electrodomésticos, algunas motos y maquinaria agrícola) podrá mantener su participación en el mercado por las restricciones a las importaciones y la continuidad del financiamiento. Pero de exportar, poco y nada.Se salvan, en cambio, aquellos que producen commodities de exportación. Es decir, los conocidos de siempre: el complejo sojero (que afortunadamente le trae dólares a la economía) y la minería metalífera. Condiciones naturales, mejoras climáticas y China juegan ahí.Pero agregar valor manufacturero, una cuestión vinculada casi directamente a grandes compañías por una serie de razones, como los procesos, la escala, la tecnología y los mercados, es un objetivo que lentamente empieza a apagarse en este país. La prohibición de girar dólares y las dificultades para el financiamiento internacional (donde hoy sobran dólares) hacen el resto.