Vidas paralelas en una transición aún inconclusa
A casi 40 años del ominoso golpe que truncó la vida de Salvador Allende y miles de chilenos, un duelo Bachelet-Matthei quizá sirva para encarar reformas clave y desenmascare desafíos de una transición pendiente.
La derecha chilena ya tenía suficientes problemas de cara a las elecciones presidenciales del próximo 17 de noviembre, en las que enfrenta el difícil reto de intentar mantenerse en el poder.
Antes de que arrancaran las campañas formales hacia las inéditas primarias del 30 de junio pasado, en la Alianza por Chile, que integran los partidos Renovación Nacional (RN) y la ultraconservadora Unión Demócrata Independiente (UDI), se mencionaba como presidenciable al exministro de Minería Laurence Golborne, quien ganó fama y popularidad en el rescate de los 33 mineros.
Pero el perfil del ministro-empresario exitoso se desdibujó hasta quedar fuera de competencia entre denuncias de diverso tono que hicieron foco en prácticas abusivas desplegadas por Golborne, cuando ocupaba puestos gerenciales en Cencosud.
La expectativa del oficialismo chileno se trasladó a las internas, que Pablo Longueira (de la UDI) le ganó por escaso margen a Andrés Allamand (de RN), en una votación tan cerrada como desprovista de fervor. Para colmo, en la vereda opuesta, la expresidenta Michelle Bachelet barría en las primarias de una Concertación rebautizada como Nueva Mayoría, a la que acudieron muchísimos más votantes y en las que logró un 73,10 por ciento de los sufragios.
Los sondeos potenciaron entonces el favoritismo de la exmandataria, apoyada también por el Partido Comunista, aunque sin reintegrar al rebaño de centroizquierda al joven Marco Enríquez Ominami, quien mantendrá opción propia con el Partido Progresista.
En ese contexto, el anuncio de Longueira de que declinaba postularse, al estar sumido en una profunda depresión, pateó otra vez el tablero oficialista. La UDI se abroqueló tras la figura de Evelyn Matthei y pidió a RN ratificarla como candidata única. Presentar dos candidatos sería un suicidio político para la Alianza, según estiman propios y extraños.
De confirmarse el duelo de estas mujeres en las urnas, a casi 40 años del ominoso golpe que truncó de modo cruento la vida de Salvador Allende y miles de chilenos e inauguró 17 años de dictadura, quizá sirva para encarar reformas clave y desenmascare desafíos de una transición inconclusa.

