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Tras la muerte del ex dictador, la encrucijada

Con la muerte de Kadhafi se anuló así la oportunidad histórica de obligarlo a afrontar un juicio justo; una posibilidad que no dio a sus víctimas durante 40 años. Alejandra Conti.

21 de octubre de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Tras la muerte del ex dictador, la encrucijada

La brutalidad de un bando logró superar a la brutalidad del otro. El ex dictador Muamar Kadhafi fue asesinado. Se anuló así la oportunidad histórica de obligarlo a afrontar un juicio justo; una posibilidad que no dio a sus víctimas durante 40 años. También se impide a los libios conocer mejor, por medio de un proceso judicial, su pasado reciente. Los llamados de los países occidentales y de la Liga Árabe a cerrar este capítulo de la historia y mirar al futuro son una invocación a la negación de la justicia. Es el final más lamentablemente obvio de esta parte de la Primavera Árabe.Kadhafi fue todo lo que se dijo que fue. Un líder revolucionario que en 1969 derrocó a una monarquía opresiva y corrupta, pero también un dictador impiadoso que a partir de 1976 manejó un país riquísimo en su propio beneficio y en el de sus parientes, favorecedores y amigos.Es cierto que redistribuyó la riqueza de su país, pero en gran medida lo hizo para comprar voluntades, no para hacer justicia social. Lo prueba el hecho de que un tercio de la población libia vive bajo el nivel de pobreza.Siempre contó con la complicidad de todos aquellos interesados en comprar el petróleo libio y venderle armas. Por eso no hay personaje más o menos importante del mundo que resista un archivo: todos tienen una foto con Kadhafi.El ex líder libio criticaba a capitalistas y tiranos árabes pero por izquierda o por derecha hacía negocios con todos. Esa complicidad de unos con otros le valió sus buenos frutos. Gracias a esos intereses, los cuestionamientos a las violaciones de los derechos humanos en Libia nunca pasaron del declaracionismo. Amnesty International equiparó la situación de Libia a la de Arabia Saudita y Siria, principalmente por el accionar de las policías secretas de esos países, pero también por la aplicación de la pena de muerte. Lamentablemente, los que hoy festejan la muerte violenta de Kadhafi no pueden prometer otra cosa que más de lo mismo. Al fin de cuentas, el tratamiento que se impuso al ex dictador es el mismo que los rebeldes vienen aplicando a los leales al régimen.El futuro se presenta complejo. Políticamente, el Consejo Nacional de Transición es un conjunto demasiado heterogéneo de individuos de diferentes orígenes, opiniones e intereses. Kadhafi mantenía el rompecabezas tribal bien armado; se desconoce cómo se va a manejar el CNT en ese frente. Asimismo, la división entre kadhafistas y anti-kadhafistas, sin un liderazgo político que impida la continuidad de la guerra, puede derivar en un enfrentamiento largo y sangriento. No está el líder para luchar por él, ¿se rendirán sus seguidores? En el plano económico, las cosas son más claras. Lejos del Plan Marshall para los países árabes que no pocos en la región ansiaban, la ayuda llega en forma de préstamos condicionados del Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea. Capitales y capitalistas les piden a los recién llegados lo mismo que a los dictadores que los precedieron: que privaticen. Todo para –teóricamente– hacer de estos países una atracción para los inversores. Tras el asesinato del ex dictador, Libia se encuentra ante una encrucijada política y económica y necesitará altas dosis de sabiduría para superarla.