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Sonría, lo están espiando

El control orwelliano de este siglo 21 es abonado por millones de usuarios que esparcen sus intimidades y la de sus “amigos”.

12 de junio de 2013 a las 02:00 p. m.
Redacción La Voz
Sonría, lo están espiando

Daniel Ellsberg, quien en 1971 entregó a The New York Times unas siete mil páginas de documentos del Departamento de Defensa referidos a la Guerra de Vietnam, que pasaron a la historia como “los papeles del Pentágono”, afirmó que la filtración que la semana pasada tuvo como protagonista a Edward Snowden es “la más significativa” de la historia de Estados Unidos. Para Ellsberg, las revelaciones acerca del ciberespionaje del exempleado de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) superan en impacto a los 700 mil archivos que entregó a WikiLeaks el soldado Bradley Manning, hoy con una condena “ejemplarizadora” pendiendo sobre su cabeza.

Lo que confesó Snowden, experto en informática de apenas 29 años, al diario británico The Guardian confirmó que la privacidad no es inmune a los programas de espionaje global que Barack Obama heredó de un antecesor que se suponía en sus antípodas en materia de libertades (George W. Bush), cuyos métodos no sólo no abandonó, sino perfeccionó.

“Nosotros pinchamos todo en todas partes... Estamos en casi todos los países del mundo. En países con los que no estamos en guerra”, contó Snowden en la entrevista que dio antes de entrar en una clandestinidad que él mismo augura efímera.

Curiosamente, una encuesta realizada por el Pew Research Center y el diario The Washington Post, difundida ayer, reveló que un 56 por ciento de los estadounidenses considera aceptable que le vigilen las comunicaciones telefónicas y on line, frente a un 41 por ciento que rechaza esas acciones como violatorias de la cuarta y quinta enmienda de la Constitución, que prohíben registros sin orden judicial previa.

Pero estos programas de vigilancia que han usado por años tanto la NSA como la CIA y hasta la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) no se circunscriben al territorio estadounidense y a sus habitantes, sino que se proyectan a escala global. El régimen de “libertad vigilada” asume escala planetaria. De hecho, aunque el premier británico diferenció sus servicios secretos de los que imperan al otro lado del Atlántico norte, Snowden sostuvo que el cuestionado programa Prism (del gobierno de Bush) es usado por Londres desde 2007.

Amén del perfeccionamiento tecnológico para desarrollar este Gran Hermano global, los destinatarios del monitoreo han contribuido a que se escudriñe su vida.

“Facebook es la máquina espía más atroz jamás inventada”, declaraba hace dos años el australiano Julian Assange, fundador de WikiLeaks y hoy asilado en la Embajada de Ecuador en el Reino Unido.

El control social orwelliano de este amanecer del siglo 21 es abonado por millones de usuarios que esparcen sus intimidades y la de sus “amigos” en la mayor base de datos para fines diversos.

Y hasta términos como “etiquetar”, que se adosa a fotos subidas a la Red recuerdan a la teoría del Labelling approach, el etiquetamiento con que Howard Becker abordaba comportamientos “desviados”.

Este “neopanóptico”, además de perforar con sus intercepciones telefónicas, se cargó la pretendida confidencialidad de contactos, y cuentas en Facebook, Microsoft, Yahoo, Google, AOL, Skype, YouTube, Apple, Pal Talk y otros.

Si no fuera por la sensación de vulnerabilidad que da la intimidad ultrajada, cabría sugerirle “sonría, lo están espiando”. Claro que no esperaría ningún “me gusta” ante tal comentario.