Rearmar el rompecabezas sin una pieza clave
Mientras, una Venezuela, que en sus masivos funerales concitó la atención de todo el planeta y la presencia de más de 30 jefes de Estado, se embarca en otra batalla política entremezclada con el sentido duelo de millones en las calles. Marcelo Taborda.
Es más fácil hacer un socialismo combativo y tener un discurso antiimperialista y contestatario sentado sobre un barril de petróleo, argumentaba el expresidente chileno Ricardo Lagos, a quienes en su país corrían por izquierda y contraponían la "tibieza" de la Concertación de Partidos por la Democracia con el modelo desarrollado en Venezuela por Hugo Chávez. "El único derrotado hoy no tiene pasaporte peruano", dijo el expresidente Alan García en alusión al mandatario bolivariano, en la noche limeña de su triunfo electoral en segunda vuelta frente al nacionalista Ollanta Humala, a quien acusaba de ser un títere de Chávez y a quien cinco años después vio asumir en el puesto que el líder del Partido Aprista ocupó en dos ocasiones muy distintas de su país y el continente.El "cuco" de Chávez y su injerencia también se agitó desde los círculos de poder de Santa Cruz de la Sierra para intentar impedir la llegada del primer representante indígena a la presidencia de Bolivia. "Aunque tenga el apoyo de Chávez, el indio no dura seis meses", alegaba con desdén racista la dirigencia cruceña en referencia a un Evo Morales que acababa de ganar la presidencia en diciembre de 2005 y que hoy sigue firme en el Palacio Quemado.La historia se repitió en la primera década de este siglo en diferentes elecciones de Latinoamérica, donde casi siempre candidatos demonizados por su afinidad (real o supuesta) con el verborrágico mandatario de la boina roja acababan por ganar los comicios.Con diferentes matices, la estrategia de agitar el fantasma de un chavismo expandido tuvo un efecto bumerán sobre partidos tradicionales en decadencia y clases políticas que no habían dado respuesta a desigualdades y urgencias sociales cada vez más evidentes. Ocurrió desde el Cono Sur hasta Centroamérica y no fue sólo en los "petrodólares" en los que se cimentó la influencia del líder que no pudo ser desbancado por sus rivales en las urnas durante 14 años y tuvo una temprana muerte por el cáncer, que el martes le ganó una batalla de 20 meses.El papel en la construcción regional de una Latinoamérica con otro perfil se lo reconoció a Chávez en una emotiva nota, que a modo de carta de despedida escribió el expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva, con quien se le adjudicaba una puja por espacios y liderazgo que ambos utilizaron para potenciarse entre sí ante sus enemigos internos.Lo demostró el extornero mecánico, cuando envió petróleo brasileño hacia el país con mayores reservas de crudo del planeta para ayudar a Chávez a sortear los efectos del paro en la compañía PDVSA, con el que intentaban desalojarlo del Palacio de Miraflores los mismos que dieron el efímero golpe de Estado del 11 de abril de 2002. Por cierto en la frustración de ese golpe, que hubiera sentado un nefasto precedente regional y que contó con la rápida convalidación de las embajadas en Caracas de Estados Unidos (gobernado entonces por George Bush) y España (con José María Aznar), tuvo mucho que ver el rechazo del Grupo de Río y en especial de Brasil, gobernado aún por Fernando Henrique Cardoso.Más allá de posicionamientos o veredas en las que los biógrafos se paren para contar su historia, hay realidades continentales que no hubieran sido posibles sin la figura y las decisiones políticas, controvertidas o no, de Chávez.Y no es sólo el sustento económico-petrolero a gobiernos que de no ser por su auxilio energético o monetario hubieran sucumbido ante presiones internas o externas. Su papel en la rediscusión o construcción de nuevos espacios integradores latinoamericanos fue evidente, desde el "Alcarajo" de la Cumbre de Mar del Plata, pasando por el Alba, la Unasur, el Mercosur ampliado o la Celac, para contrarrestar el peso de Estados Unidos en el que empezó a ser un alborotado patio trasero. Todo esto impactó no sólo en asfixiadas economías caribeñas sino que sirvió para consolidar cambios en un gigante como Brasil, indiscutible potencia emergente que ya ha puesto especial atención en que la transición venezolana no implique virajes al pasado.Ahora que la figura de Chávez, con su impronta personal única, ya no está, cabe una mirada retrospectiva a lo que era esta parte del mundo en febrero de 1999, cuando el bolivariano asumió, y lo que es hoy. Sin él, ese rompecabezas regional perdió una figura irremplazable. Mientras, una Venezuela, que en sus masivos funerales concitó la atención de todo el planeta y la presencia de más de 30 jefes de Estado, se embarca en otra batalla política entremezclada con el sentido duelo de millones en las calles.
Envenenamiento
La Paz. El presidente Evo Morales expresó ayer que sospecha que Hugo Chávez murió envenenado por el "imperialismo". "Yo casi estoy convencido de que es un envenenamiento al compañero (Hugo) Chávez para acabar con su vida. El compañero (Nicolás) Maduro ha dicho que hará una investigación (al respecto). Una vez el compañero David Choquehuanca (canciller de Bolivia) nos decía: 'El imperio envenena a líderes políticos y sindicales, no para matarlos inmediatamente sino a mediano plazo'", comentó el mandatario.

