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Lo democrático no quita lo popular

Todos aman a la democracia. El problema es que nunca está del todo claro qué quiere decir cada uno cuando la nombra. Edgardo Litvinoff.

24 de febrero de 2011 a las 12:01 a. m.
Lo democrático no quita lo popular

Todos aman, quieren y entronan a la democracia. El problema es que nunca está del todo claro qué quiere decir cada uno cuando la nombra, como si fuera un dios que cualquier exegeta interpreta a gusto. La salida más elegante es apelar al "relativismo cultural" cuando hay que justificar ciertas desviaciones de la tradición democrática, aunque también depende de cuándo, cómo y quién lo diga. Los "crímenes de Occidente", por ejemplo, no siempre son crímenes en otras geografías, en especial cuando quienes los cometen son "enemigos del imperialismo". "Un paso en falso" de una administración siempre puede ser una "violación a los derechos humanos" en otra. En estos días, la situación en Libia –la represión a los manifestantes que piden el fin de 42 años de un régimen autoritario– lleva miles de muertos, y una colección de silencios y reacciones que dicen mucho, y tarde.El silencio más sugestivoes el del presidente venezolano Hugo Chávez, que no pronunció palabra desde que se desató el conflicto. Es difícil creer que le falten palabras, pero quizás es lo mejor que podría hacer. Parece que Kadhafi, el aliado al que le obsequió la espada de Bolívar, no era tan popular como se pensaba, ni encarnaba un gobierno revolucionario. ¿A cuántos muertos libios equivaldrá la de un palestino, como para justificar una condena?Fidel Castro, en cambio, eligió la defensa abierta del líder libio: pidió reflexionar sobre los crímenes "que cometerá la Otan" en el país árabe, y dijo no tener dudas de que Estados Unidos intervendrá en Libia, "en cuestión de horas".En Nicaragua, Daniel Ortega dijo que su amigo Kadhafi "está librando una gran batalla", y que hay "conspiraciones de todo tipo".Brasil, Chile, Costa Rica, Paraguay y Perú, en cambio, condenaron de manera explícita la masacre. Pero Argentina mostró una cautela llamativa. La Cancillería emitió el martes un escueto comunicado inicial en el que manifestaba la "profunda preocupación por la grave situación" en Libia, lamentaba "la pérdida de vidas" y hacía "votos para una pronta solución pacífica, dentro de un diálogo democrático constructivo y de absoluto respeto de los derechos humanos y de la voluntad del pueblo Libio". En 2008, cuando visitó Trípoli, la Presidenta se comparó con Kadhafi al decir que ambos habían abrazado "ideas y convicciones muy fuertes y con un sesgo fuertemente cuestionador del statu quo". En ese entonces, Kadhafi llevaba 39 años en el poder.Los tiempos cambian, las palabras no van tan rápido como la historia y acomodar la ideología a la realidad, a veces, es un proceso lento que confunde los status quo . Eufemismos. Es difícil meterse en la cabeza del canciller Héctor Timerman, o de otros ideólogos deun gobierno algunos de cuyos integrantes ostentaban en su juventud el Libro Verde de Kadhafi para mostrar la "falacia" de la "democracia liberal". De allí nace que muchos líderes "populares" hablen de "democracia directa de comités" en vez de "ausencia de elecciones libres", de "aplacar los intentos desestabilizadores" en vez de "reprimir", o de "injerencia imperialista" en lugar de "reclamo de apertura". ¿La imposición imperialista de Estados Unidos será tal cuando China la reemplace? ¿Qué pasará si se descubre que Barack Obama no tuvo nada que ver con las revueltas en los países árabes?Roguemos que eso no suceda: eso implicaría ser autocrítico, una cualidad que varía demasiado de acuerdo al tiempo y al espacio de su pronunciación.