El miedo de ser latino y vivir en Arizona
La norma que permite a la policía actuar contra ilegales en el estado fronterizo con México ya surte efecto.
Tucson (Arizona). La jueza, una mujer negra de mediana edad, lee sus nombres. Ellos, obedientes como escolares, responden con voz firme:
-Sergio Pérez Galán.
-!Presente!
-Jesús de la Cruz.
-!Presente!
-Cristina López Ramos.
-!Presente...!
De fondo se oye un rumor metálico, porque Sergio y Jesús y Cristina y los 49 hombres y 10 mujeres que están sentados en el banquillo de los acusados de esta sala de juicios de la segunda planta de la Corte de Tucson (Arizona) están encadenados.
Hace unas horas, estos hombres y mujeres sobrevivieron a los peligros del desierto de El Sásabe y lograron traspasar la línea fronteriza que separa el estado mejicano de Sonora y el estadounidense de Arizona, pero allí los esperaban los agentes de la Border Patrol.
La patrulla fronteriza los presentó ante esta jueza de Tucson que, como cada día, invariablemente a las 13.30, pone en marcha la representación de un juicio. Todos los presentes, desde la jueza hasta los aburridos abogados, saben qué va a pasar cuando, dentro de dos horas, se levante la sesión.
-Silvano Escalante, ¿entiende la acusación en su contra?
-Sí.
-¿Entiende su derecho a tener un juicio?
-Sí.
-¿Está dispuesto a renunciar a ese derecho y declararse culpable?
-Sí.
-¿De qué país es ciudadano?
-De México.
-¿Entró en Estados Unidos por una garita de entrada?
-No.
-¿Cómo se declara?
-Culpable.
La jueza repite el mismo formulario 59 veces. Las mismas preguntas. Idénticas respuestas. Los acusados, en su mayoría mejicanos en busca de un trabajo, serán declarados culpables y condenados al mismo tiempo de prisión que ya llevan entre rejas, dos o tres días.
Una vez terminada la sesión, un ómnibus de la Border Patrol los llevará hasta la frontera de Nogales y se los entregará a las autoridades mejicanas.
Sólo en el caso de que los migrantes hayan intentado cruzar de forma ilegal en otras ocasiones, su condena alcanzará 60 ó 120 días de cárcel. Pero, incluso entonces, la condena será fruto de un acuerdo entre el acusado y el fiscal.
El objetivo es no alargar el proceso. La razón está muy clara. Si los 60 ó 70 inmigrantes que todos los días son atrapados y llevados a juicio en Tucson se declararan inocentes y pidieran un juicio, el sistema, que ya cuesta al contribuyente entre 7 y 10 millones de dólares al mes, colapsaría. Sólo en 2009, 15 mil inmigrantes pasaron por esa sala de la Corte de Tucson.
-Se levanta la sesión.
Rasgos y estigmas. Los inmigrantes salen de la sala, sus pies trabados por las cadenas, sus muñecas juntas, hombres y mujeres de piel oscura y baja estatura, rasgos que ya se han convertido en su peor fiscal, en su estigma.
La ley firmada por la gobernadora de Arizona, Jan Brewer, para que la policía actúe contra los ilegales ya surte efecto. Ahí afuera, en las calles de Tucson, apenas se ven hombres y mujeres con esos rasgos, tengan papeles o no.
Hasta ahora, la policía no podía pedir la documentación a ninguna persona que no fuera sospechosa de haber cometido algún delito. A partir de ahora, sí. Cualquier latino es sospechoso. Aunque, como en el caso de José Rascón, lleve aquí 40 años y tenga ya todos los papeles en regla.
"Nos sentimos vigilados. Todos. El miedo está a flor de piel. Los inmigrantes, tengan documentación o no, intentan ahora no salir de sus casas para evitar ser parados por la policía, humillados delante de sus hijos. Tenga en cuenta que rara es la familia en la que todos tienen documentación. Hay hijos nacionalizados con padres ilegales. Y al revés. La gobernadora Brewer sembró la semilla del odio y esa semilla crece rápido, necesita poca agua", explicó.
De hecho, la gobernadora no está sola. Su brazo armado es el sheriff del condado de Maricopa, Joe Arpaio, pero no es conveniente olvidar que el 60 por ciento de la población de Arizona, un estado con un 30 por ciento de población hispana, está a favor de endurecer las medidas contra los inmigrantes ilegales.
No se trata tanto de cazar al ilegal, sino de criminalizar al mestizo. "La nueva ley racista del Estado de Arizona daña a individuos inocentes. Tal es el pecado de todo racismo. ¿Por qué detener a una persona de aspecto latino? Para asegurarse de que sus papeles estén en orden, creando la obligación de que todo moreno (bigotudo o no) lleve siempre consigo documentos de identidad. Como todos los grupos perseguidos. Como los judíos de la Alemania nazi", expresó el escritor mejicano Carlos Fuentes.
"Somos más americanos". José Rascón fue un inmigrante ilegal. Llegó a Estados Unidos con 16 años. Vivió dos décadas en California y el resto en Arizona. Ahora es el orgulloso dueño de Muebles Sonora, un negocio instalado al sur de Tucson y cuyos clientes son en su mayoría mejicanos.
-Mire esas carpetas. Son pedidos anulados. Desde que se empezó a hablar de la ley antiinmigrante, el negocio ya no es ni el 10 por ciento de lo que era. Estamos ahorcados. Y todo es porque los rubios siempre nos han mirado mal. Tal vez porque estábamos aquí antes que ellos. Esto era tierra mejicana. Ellos llegaron huyendo de guerras, de religiones. Nos pidieron que les hiciéramos un lugar y se lo hicimos. Pero como en el cuento de la serpiente y el conejo, cuando estuvieron dentro de la madriguera, ya nos quisieron echar. Somos más americanos que ellos...
-Es lo que dicen las canciones de Los Tigres del Norte...
-Sí. Lo cantan ellos y es la pura verdad.
Dicen Los Tigres del Norte en su canción Somos más americanos : "Ya me gritaron mil veces que me regrese a mi tierra porque aquí no quepo yo. Quiero recordarle al gringo: yo no crucé la frontera, la frontera me cruzó (...) Soy latino. Soy mestizo. Indios de dos continentes, mezclados con español. !Somos más americanos que el hijo de anglosajón!".

