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Después de celebrar, Francisco se queda a solas con la Iglesia

Bendecido de forma unánime por los fieles, el Papa se dispone ahora a ganarse el favor de la curia. Tendrá que renovar su equipo para afrontar el cambio interno que insinúa.

22 de marzo de 2013 a las 12:01 a. m.
Pablo Ordaz (El País, de Madrid)
Después de celebrar, Francisco se queda a solas con la Iglesia
Símbolo. El anillo del Pescador de Francisco (AP).

Ciudad del Vaticano. No se trata de aguar la fiesta, pero ahora, justo ahora, empieza lo más difícil.  Los más de seis mil periodistas que han visitado Roma para contar la sorprendente renuncia de Benedicto XVI y la elección, por primera vez en la historia, de un papa llegado del fin del mundo han recogido sus bártulos. El argentino Jorge Mario Bergoglio, en adelante papa Francisco, ya ha marcado su hoja de ruta –"una Iglesia pobre y para los pobres"– y dejado su impronta personal: un cura afable, con la suela de los zapatos gastada, una anécdota en la recámara y las ideas claras. Ya ha pagado la cuenta del hotel, llamado por teléfono a su quiosquero de Buenos Aires para que deje de mandarle el diario y avisado en el Vaticano de que se acabó el tiempo de los papas blindados al vacío, que prefiere cruzar la Plaza San Pedro a cuerpo gentil, que para eso es primavera y la gente, a falta de pan, necesita cariño. Pero ahora, cuando los camarógrafos terminen de recoger sus focos y se vayan a otra guerra, Francisco tendrá que elegir a un buen equipo y ponerse a arreglar la Iglesia por dentro. Que a los fieles ya se los ha metido en el bolsillo, pero nadie duda de que la curia vaticana es mucho más dura de pelar.Por el momento, el martes, en la misa de inicio de pontificado, Jorge Mario Bergoglio volvió a pisar fuerte. Ante los poderosos de la Tierra reunidos en la Plaza San Pedro, Francisco inauguró su pontificado advirtiendo: "No olvidemos nunca que el verdadero poder es el servicio". El Papa dijo que quiere ser un obispo de Roma que cuide "de los más pobres, de los más débiles, de los más pequeños, de quien tiene hambre, sed, es extranjero, está enfermo o en la cárcel". En una homilía pronunciada en su italiano con dejes porteños, el papa argentino invitó a todos –a los católicos y a los que no lo son– a cuidar de los demás: "No debemos tener miedo de la bondad ni de la ternura. El odio, la envidia y la soberbia ensucian la vida".De nuevo, su aparición en público estuvo cargada de gestos. Antes de orar ante la tumba de Pedro –acompañado por los patriarcas y arzobispos mayores de las iglesias católicas de rito oriental– y de recibir el anillo del Pescador y el palio –símbolos de su poder–, Francisco recorrió durante más de 20 minutos y a bordo de un jeep descubierto la Plaza de San Pedro abarrotada de fieles. Después, se las ingenió para hacer coincidir las lecturas del día –onomástica de San José– con su objetivo de girar la atención de la Iglesia hacia los más necesitados: "Ciertamente, Jesucristo ha dado un poder a Pedro. Pero ¿de qué poder se trata? Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que también el Papa, para ejercer el poder, debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe de San José. Y, como él, abrir los brazos para custodiar a todo el pueblo de Dios y acoger con ternura y afecto a toda la humanidad".Para las más de 130 delegaciones internacionales que acudieron al inicio del pontificado, el papa Francisco también tuvo un mensaje: "Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito político, económico y social: seamos custodios de la creación, del designio de Dios inscripto en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro". Y añadió: "Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia, ensucian la vida. Custodiar es también vigilar nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas, las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura...".Al inicio de su homilía, el papa Francisco tuvo una mención especial para las otras confesiones. La misa de inicio de pontificado incluyó pasajes en árabe, swahili, chino, ruso y francés. Como ya es habitual, terminó la ceremonia con una petición que ya es una jaculatoria: "Recen por mí".Mañana sábado, Jorge Mario Bergoglio viajará a Castelgandolfo para reunirse con Joseph Ratzinger, el Papa Emérito, a quien el martes pasado felicitó telefónicamente por su santo. Antes, habrá leído el informe confidencial sobre el caso VatiLeaks que tres cardenales octogenarios elaboraron por encargo de Benedicto XVI y al que sólo ellos dos, el nuevo papa y el emérito, tienen acceso. Una vez leído el informe, ese viaje al infierno de las luchas por el poder y el dinero en el seno de la Iglesia, el papa Francisco –quien ha confirmado provisionalmente en sus puestos a todos los colaboradores de Benedicto XVI– tendrá que decidir quién es digno de seguir a su lado y quién deberá hacer las maletas y marcharse.

Con menos ostentación. El anillo del Pescador de Francisco es de plata dorada, mucho más sencillo que los utilizados por sus predecesores. Tiene la imagen de San Pedro y las llaves. Fue diseñado por el "escultor de los papas" Enrico Manfrini.