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El debate ineludible

América latina no puede seguir evadiendo la responsabilidad de discutir alternativas superadoras a la guerra contra las drogas de Estados Unidos. Alejandra Conti.

15 de abril de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
El debate ineludible

En los últimos cinco años hubo en México 50 mil muertos por el narcoterrorismo y el accionar del gobierno contra ellos. Felipe Calderón, presidente de ese país hasta el próximo diciembre, aplicó a ultranza la guerra contra las drogas que Estados Unidos impuso como política en el continente, especialmente en Colombia, México y Centroamérica.El resultado está a la vista. La vida de quienes residen en las zonas más afectadas es un infierno, se violan derechos humanos, el crimen organizado florece, la economía sufre distorsiones por los efectos de esa actividad y la corrupción desestabiliza a la democracia.Una iniciativa de tres presidentes de la región, respaldada por tres ex mandatarios, propone dialogar en concreto sobre la regularización del uso de las drogas como una forma de concentrar la lucha contra el narcoterrorismo en sus verdaderos responsables."Regular no es lo mismo que legalizar. Regular es crear las condiciones para la imposición de todo tipo de restricciones y límites a la comercialización, propaganda y consumo del producto, sin ilegalizarlo", dice un documento firmado por los ex presidentes de Brasil, Colombia y México, Fernando Henrique Cardoso, César Gaviria y Ernesto Zedillo, respectivamente, que respalda la iniciativa en el mismo sentido de Otto Pérez Molina, de Guatemala; Laura Chinchilla, de Costa Rica, y Juan Manuel Santos, de Colombia."La erradicación de la producción, la interdicción del tráfico y la criminalización del consumo, piedras angulares de la estrategia de la 'guerra contra las drogas' liderada por Estados Unidos, no funcionan y tienen un costo altísimo en vidas humanas. Mientras haya demanda por narcóticos, habrá oferta. Los únicos beneficiarios del prohibicionismo son los narcotraficantes", dice el documento. Lo que proponen. Los ex presidentes proponen partir de reconocer el fracaso de la estrategia actual y plantear un debate sobre políticas alternativas. La idea es que la represión vaya contra los narcotraficantes, y la educación y la prevención para la población en general. Las propuestas particulares son descriminalizar el consumo, reconocer que la drogadicción es un problema de salud pública y aplicar medidas preventivas para evitar la iniciación en el consumo por parte de los jóvenes.Proponen que se trate la regulación de las drogas como la marihuana "de manera similar a lo que ya se hace con el tabaco y el alcohol"."La reducción espectacular del consumo del tabaco en nuestros países muestra que la prevención y la regulación son más eficientes que la prohibición", afirman.La regulación, dicen, corta el vínculo entre traficantes y consumidores. Además, dado que la marihuana es la droga de más alto consumo mundial, "su regulación abatiría gran parte de los enormes recursos que obtiene el crimen organizado en los mercados ilegales"."Un cambio de paradigma, que articule represión al narcotráfico con prioridad al tratamiento, rehabilitación y prevención, es la mejor contribución de América latina a una revisión global de la política sobre drogas", afirman.Los mandatarios no proponen ninguna regla de oro, sino el estudio y la experimentación para que cada país encuentre la fórmula que mejor se adapte a su realidad.Podríamos agregar que en esto deberían tener un rol prioritario los profesionales de la salud, los más autorizados para desmitificar y neutralizar prejuicios y creencias, a favor y en contra, sobre los efectos de las drogas. Sería bueno, por una vez, escuchar más a médicos de las especialidades involucradas, psicólogos y asistentes sociales, que a militares y agentes de servicios de inteligencia.El gobierno de Barack Obama aceptó tratar el tema en la Cumbre de Cartagena. Según la propia Drug Enforcement Administration (DEA, la agencia de lucha contra la droga), el mercado de los narcóticos en Estados Unidos es uno de los más prósperos del mundo.La frontera más permeable es la que separa a Estados Unidos de México. Aproximadamente el 65 por ciento de la cocaína que entra a Estados Unidos lo hace por allí. En sentido inverso, del norte hacia México, pasan con igual facilidad las sofisticadas armas que van a parar a los narcotraficantes. Así estamos, y sería un enorme paso adelante que la declamada unidad regional avanzara con una forma más civilizada de combatir el terrorismo que la guerra contra las drogas que históricamente ha promovido Estados Unidos.