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Creer o reventar

La distancia entre la realidad y las creencias sobre esa realidad a veces es tan enorme que una y otras no parecen referirse al mismo objeto. Alejandra Conti.

12 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Creer o reventar

A medida que avanza en el tiempo, la figura de Barack Obama parece generar más dudas entre una vasta porción del público de su país. Comparando con el año pasado, más gente cree que es musulmán o que no nació en Estados Unidos. Las explicaciones oficiales siguen sin convencer a quienes, permeables a cierta propaganda opositora – especialmente la televisiva– eligen la contundencia de las teorías conspirativas, más atractivas que una vulgar partida de nacimiento. Nos basamos para esto en una encuesta realizada en agosto por el Pew Research Center, una ONG estadounidense que se dedica a analizar los cambios en la opinión pública. Los resultados de sus estudios están disponibles sin costo en www.people-press.org.Según esa encuesta, uno de cada cinco estadounidenses (18 por ciento) cree que Obama es musulmán, contra 11 por ciento que sostenía esa teoría en marzo de 2009.Otra encuesta, esta vez de Vanity Fair y 60 Minutes , le preguntó a la gente dónde había nacido el presidente. 39 por ciento contestó correctamente en Hawaii, pero un 24 por ciento cree que nació en Kenia, Indonesia, o algún otro lugar del mundo. Este porcentaje también es mayor que el de una encuesta anterior, en la que un 17 por ciento lo daba por extranjero. Peor aun, algunos de los encuestados respondían correctamente "Hawaii", pero no sabían que se trata de un estado estadounidense.Estos resultados dan la sensación de que Obama no es suficientemente conocido o apreciado por un amplio sector del público estadounidense. O que tal vez haya resistencias a conocerlo.Jon Cohen, columnista de The Washington Post , considera que, para muchos, el presidente se ha convertido en una figura divisionista, "irracionalmente odiado por los republicanos"."Si las elecciones fueran hoy, sólo conseguiría el 28 por ciento del voto de los blancos. Otra vez somos dos países", se lamenta Cohen, quien hace referencia con esto a las épocas más sombrías de la historia norteamericana.La economía que no levanta cabeza, el desempleo del 10 por ciento, más las guerras y la enorme deuda heredada de George W. Bush son los contrapesos a lo que sí ha hecho frente el gobierno, que no es poco.La reforma del sistema de salud y de la educación, la regulación de los mercados financieros y el rescate a la industria automotriz son logros no precisamente radicales, pero sí enormemente significativos para las estructuras ideológicas imperantes en Estados Unidos. Así lo vemos a la distancia, por lo menos.Hay quienes señalan a los equipos de estrategia política de Obama como los responsables de que estos logros no se traduzcan en mayor conocimiento y adhesión, sobre todo ahora que se aproximan las elecciones de medio término, en noviembre. El resurgir de la derecha. Si a Obama le resultó difícil cada pelea en el Congreso, a pesar de las mayorías a su favor, mucho más le va a resultar la segunda parte de su gobierno si los republicanos, agrandados por el fenómeno ultraderechista Tea Party, se hacen con más bancas. Los votantes elegirán si fortalecen la posición del gobierno asegurando las mayorías demócratas o si facilitan que los republicanos logren una cuota mayor de poder. La segunda posibilidad se vuelve día a día más real, tal como lo demuestran las encuestas de intención de voto. Es que bajó la popularidad de Obama al mismo tiempo que aumentó la polarización. El término no es sólo patrimonio de algunos países latinoamericanos.Demasiada gente lo considera "demasiado liberal", o sea, izquierdista, término que genera enorme rechazo entre el centro y centroderecha. Tampoco los independientes lo apoyan como antes. El caso de la mezquita cerca de la Zona Cero parece haber contribuido a esa polarización. 70 por ciento de la población se opone a la construcción de un templo musulmán tan cerca de donde estaban las Torres Gemelas.Un personaje influyente como Donald Trump (el arquetipo del winner , tan popular en Estados Unidos) ofreció comprar el edificio para evitar la instalación de la mezquita en ese lugar.El discurso de Obama, tan racional, sobre que su país no está en guerra contra una religión sino contra los fundamentalistas y los terroristas, parece chocar contra una sordera generalizada. El argumento ultranacionalista machacón se expande.Es más fácil tener opiniones contundentes y radicales que asumir las dudas, los matices, los grises de toda actitud humana. Es más tranquilizador etiquetar a buenos y malos, sobre todo si los buenos somos (creemos) nosotros.