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El abismo fiscal desata dudas sobre el sistema político de EE.UU.

El poder del Congreso lleva con demasiada frecuencia al país a la parálisis. Ocurrió en 2008 y en 2011.

29 de diciembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Antonio Caño (El País, de Madrid)
El abismo fiscal desata dudas sobre el sistema político de EE.UU.
Antes de fin de año. Tras reunirse con líderes demócratas y republicanos, Obama les pidió que presenten un plan común (AP).

Washington. Entre las muchas consecuencias de la crisis abierta por la negociación sobre el abismo fiscal, las más importantes son las dudas desatadas sobre la vigencia y eficacia del sistema político de Estados Unidos, que impide a un presidente recién reelegido y con un 57 por ciento de respaldo popular, según la última encuesta de Gallup, hacer su propia política económica. Barack Obama carece de instrumentos constitucionales para sacar adelante las reformas sobre impuestos y gasto público que fueron refrendadas por los ciudadanos en las elecciones del 6 de noviembre, y necesita el apoyo del Congreso para evitar el abismo fiscal.Eso exige, tanto en la Cámara de Representantes, donde el Partido Republicano es mayoría, como en el Senado, pese a que es controlado por el Partido Demócrata, el apoyo de la oposición conservadora.El sistema político estadounidense está concebido para proteger a las minorías y reflejar de la forma más precisa posible la voluntad popular. Para ello, en una de las cámaras, el Senado, el partido minoritario tiene capacidad de obstaculizar la tramitación de las leyes hasta que una mayoría de 60 senadores, de los 100 que la componen, lo impida.La otra cámara, la de Representantes, se renueva por completo cada dos años, lo que obliga a sus miembros a estar en permanente campaña o, dicho de otra manera, en constante sintonía con los deseos de sus votantes.En la práctica, esto convierte la tarea de gobernar en una pesadilla y lleva con demasiada frecuencia a Estados Unidos a la parálisis política.Se comprobó en 2008, cuando la Cámara de Representantes rechazó inicialmente el rescate de la banca y provocó en horas el hundimiento de todas las bolsas de valores del mundo. Volvió a ocurrir en 2011, durante una dramática negociación sobre el aumento del techo de deuda que dio lugar a que las agencias calificadoras rebajaran la nota del crédito norteamericano.Y vuelve a suceder ahora. Tiempos distintos. Este peligro no era tan evidente en el pasado, cuando dentro de cada partido convivían fuerzas de derecha y de izquierda que cruzaban votos frecuentemente y conformaban mayorías distintas a la división estricta entre demócratas y republicanos. Pero se agravó en los últimos años, en los cuales la separación ideológica se ha profundizado y los partidos actúan en el Congreso en bloque, como ocurre en los sistemas parlamentarios europeos.La diferencia es que los sistemas europeos están diseñados para darle al partido gobernante la mayoría que necesita para sacar adelante su programa.En Estados Unidos, sin embargo, avanzó la división ideológica al estilo europeo, pero se mantiene un sistema pensado para gobernar por consenso.Se habla de distintas formas de resolver ese dilema. El líder de los demócratas en el Senado, Harry Reid, entre otros, propuso la limitación del poder de filibusterismo de la oposición. Pero, si no es fácil conseguir un pacto de la clase política para evitar el abismo fiscal, mucho más difícil será obtenerlo para reformar el sistema.Por otra parte, no está claro que haya que hacerlo. En última instancia, la culpa de la inoperancia actual corresponde tanto, al menos, a la propia clase política como al sistema con el que se rige. Lo más fácil para eliminar los obstáculos que presenta un sistema "demasiado democrático" es hacerlo "algo menos democrático".Este debate sobre el sistema político se intensificó tras la llegada a Washington de los congresistas del Tea Party.La Cámara de Representantes está pensada para eso, para traer a la capital sangre joven y energía transformadora –el Senado es casi vitalicio–. El radicalismo de los miembros del Tea Party no es, en alguna medida, más que una actitud coherente con las promesas por las que fueron elegidos.El problema surge cuando ese radicalismo no se ve compensado por la necesaria responsabilidad para desarrollar la tarea de gobierno.El sistema político norteamericano quizá necesita una adaptación a los nuevos tiempos. Pero los padres fundadores lo concibieron con la esperanza de que sería utilizado siempre por personas que pondrían los intereses de la nación por encima de sus dogmas.

Si no hay acuerdo

De no lograrse una negociación antes de que finalice 2012, el Congreso volvería a tratar el tema a partir del 3 de enero, con un país que ya habrá sufrido la suba automática de impuestos y la entrada en vigor de recortes en el gasto.

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