Análisis Rigi: cómo consolidar el desarrollo sostenido

Será clave el rol de las provincias para articular actores, diseñar instrumentos y sostener estrategias de mediano plazo. El desafío central es institucional.

15 de marzo de 2026 a las 01:00 a. m.
Horacio Augusto Pereira
Rigi: cómo consolidar el desarrollo sostenido
PETRÓLEO. Los proyectos de inversión en hidrocarburos aparecen en el podio del Rigi.

La aprobación de proyectos en el marco del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (Rigi), con una cartera superior a los U$S 35.000 millones, constituye un punto de inflexión en la trayectoria económica reciente de la Argentina.

En un contexto de reconfiguración de cadenas de valor, transición energética y competencia geopolítica por recursos estratégicos, el país se reposiciona como proveedor relevante de litio, cobre y gas natural licuado.

Sin embargo, la magnitud de la inversión no garantiza por sí misma un proceso de desarrollo sostenido. La experiencia comparada muestra que la transformación de ventajas comparativas estáticas en capacidades productivas dinámicas requiere políticas deliberadas y construcción institucional. De lo contrario, persiste el riesgo de reproducir esquemas de enclave, con bajo aprendizaje local y cadenas de suministro externalizadas..

Un rasgo distintivo del Rigi es su fuerte anclaje territorial. Los proyectos se localizan mayoritariamente en provincias del interior –San Juan, Catamarca, Salta, Río Negro, Mendoza, Santa Fe y Buenos Aires–, lo que abre una oportunidad para diversificar estructuras productivas regionales, generar empleo calificado y fortalecer encadenamientos locales.

Pero esa oportunidad dependerá, en gran medida, de la capacidad de los gobiernos subnacionales para articular actores, diseñar instrumentos y sostener estrategias de mediano plazo.

En este escenario, las provincias no son meras ejecutoras de políticas nacionales. Su conocimiento del territorio, su vínculo con las comunidades y su proximidad al entramado productivo les otorgan un rol estratégico en la negociación de condiciones, la gestión de licencias sociales y la promoción de integración productiva.

Las cadenas productivas no nacen solas

La evidencia internacional es clara: los encadenamientos no emergen espontáneamente. Requieren programas activos de desarrollo de proveedores que combinen asistencia técnica para cerrar brechas de calidad y homologación, financiamiento para certificaciones y adaptación de procesos, y esquemas progresivos de compras locales. Sin estos instrumentos, el potencial de derrame tecnológico y productivo se diluye.

A ello se suma la necesidad de alinear los sistemas de educación técnica y formación profesional con las demandas reales de los sectores estratégicos, así como planificar infraestructura logística y energética desde una perspectiva territorial que exceda al proyecto individual y habilite nuevos encadenamientos.

El desafío central es institucional. Las brechas en recursos humanos especializados, sistemas de información productiva y capacidades de coordinación generan heterogeneidades provinciales significativas. Frente a una misma oportunidad de inversión, los resultados pueden ser muy dispares según la fortaleza estatal local.

En este marco, contar con herramientas de diagnóstico resulta fundamental. El índice de capacidades internacionales (ICI), desarrollado por el Centro de Estrategias Internacionales de Gobiernos y Organizaciones (CIG) de la Escuela de Gobierno de la Universidad Austral, permite identificar fortalezas y brechas en las capacidades institucionales y productivas de las provincias.

Desde una perspectiva geopolítica, la competitividad de un país no se define únicamente por la disponibilidad de recursos naturales, sino por su capacidad para ofrecer estabilidad institucional, proveedores certificados y territorios funcionales. La calidad de las capacidades subnacionales se convierte así en un activo estratégico.

El Rigi es una oportunidad excepcional, pero de resultado incierto. Su impacto dependerá menos del volumen de inversión comprometido que de la capacidad política e institucional de las provincias para apropiarse del proceso y convertirlo en aprendizaje económico internalizado.

La diferencia entre un ciclo extractivo y un sendero de desarrollo radica, en última instancia, en la construcción de capacidades.

* El autor es investigador senior del Centro de Estrategias Internacionales de Gobiernos y Organizaciones (CIG) de la Universidad Austral.