Reinventando la rueda
Un viejo precepto del management reza que “no se puede gestionar lo que no se puede medir”.
Un viejo precepto del management reza que “no se puede gestionar lo que no se puede medir”. Y es lógico: para generar acciones sobre algún aspecto de la realidad, primero hay que cuantificar cómo estamos para luego fijar objetivos numéricos de mejoras.
“Vamos a mejorar la educación, vamos a reducir la pobreza, vamos a combatir la exclusión” son cáscaras vacías que todos utilizan y suenan bonito. Pero nada más.
En la Argentina de la sarasa permanente, todos los gestores ( managers ) de la cosa pública son mucho más afectos a la proclamación que a la medición.
En el último quinquenio, además, cuando la medición no coincidía con la proclamación, el Gobierno nacional optaba por cambiar las varas de medición de manera solapada al principio y desembozada al final.
Reconstruir los índices de medición de números tan sensibles como el producto bruto interno, el índice de precios al consumidor o la actividad económica es una tarea tan urgente como importante.
Por distintas razones, tanto el Gobierno nacional como el provincial están trabajando para dotar a los centros de análisis y a la sociedad toda de nuevos indicadores.
La Nación (a regañadientes) avanza en el nuevo Índice de precios al consumidor nacional urbano (IPCNU) y la Provincia acaba de lanzar una batería de indicadores que miden actividad económica en general, comercio, industria y servicios públicos.
Como un convicto recién salido de la cárcel, los nuevos números deberán rodar unos cuantos meses sin sospechas ni chanchullos (ni siquiera sospechas de) para que la población vuelva a confiar en sus decires.
Lo mejor que podrían hacer las autoridades nacionales y provinciales es abrir explícitamente la metodología de elaboración y ser totalmente transparentes en el procesamiento de los datos.
Saber de una manera fidedigna cómo se mueven los precios al consumidor y la actividad económica en general, es el requisito básico para plantear políticas públicas al respecto. Suena tan elemental y baladí que daría vergüenza decirlo, si no diera mayor vergüenza aún ver el nivel de manipulación y degradación a que el Gobierno nacional sometió las estadísticas públicas.
Sobre esta base tan primitiva de medición podríamos, luego, avanzar hacia esquemas más sofisticados como la creación de una moneda virtual (al estilo de la Unidad de Fomento de Chile) que genere un sistema financiero y un mercado de capitales potente que apalanque toda la economía. Pero eso sería un salto de magnitud en la oscilante evolución/involución de nuestra clase dirigente. Por ahora, celebremos haber redescubierto la rueda.

