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Negocios

Sin red. Se terminaron los planes sociales justo cuando sube el desempleo: ¿y ahora?

Patricia Bullrich celebró en Córdoba el fin del programa Volver al Trabajo (VAT), la reversión del kirchnerista Potenciar Trabajo. Se empieza a testear un nuevo enfoque de la política social aplicada al empleo.

13 de abril de 2026, 10:55
Se terminaron los planes sociales justo cuando sube el desempleo: ¿y ahora?
Javier Milei y Sandra Pettovello.

“Quiero darles una muy buena noticia: desde hoy, en Argentina ya no existen planes sociales", dijo cosechando aplausos la senadora Patricia Bullrich ante los 250 empresarios que la escucharon en el auditorio de la Bolsa de Comercio, este viernes en su paso por Córdoba.

La espada legislativa de La Libertad Avanza aludía así a la decisión del ministerio de Capital Humano de desactivar definitivamente el programa Volver al Trabajo (VAT), la reversión del kirchnerista Potenciar Trabajo, considerado por la actual administración como un mecanismo ineficaz, propenso al clientelismo y a la corrupción.

La cartera comandada por Sandra Pettovello planteó al VAT como una transición hacia el empleo y fue desactivándolo en la práctica al mantener congelada en $ 78.000, desde 2023, su asignación económica.

Sólo en el último año, ese monto se redujo en un 24% en términos reales.

Esta semana, los 900 mil beneficiarios que cobraban el VAT dejan de hacerlo y podrán aplicar, aseguran desde el Ministerio, a un nuevo sistema de váuchers para capacitación laboral. Hasta ahora, 138 mil se anotaron para hacerlo.

Capital Humano defiende el giro y explica que consiste en focalizar la inversión social en niños y adolescentes; desintermediar y, en materia laboral, apostar por la capacitación como vía de ingreso al mercado privado de trabajo.

La eficacia de esta última línea de políticas, muy desafiante, está por testearse.

Con caña pero sin pique

Cierto es que con algunas de sus decisiones Pettovello demostró que existían bolsones de recursos dilapidados e intermediarios sin utilidad captando parte de ellos.

La reacción a eso es un enfoque promocionado con la metáfora que la propia ministra tiene fijada en su cuenta de X en versión historieta, esa que insta a dejar de regalar el pescado para enseñar a pescar.

La actual fisonomía del mercado de trabajo prueba que los argentinos están aferrados a la caña hace largo rato. Vienen paliando bajos salarios e informalidad sumidos en el pluriempleo, o se refugian de la desocupación en el cuentapropismo y la economía de plataformas.

Los últimos datos del Indec sugieren que parte de esos malabares empiezan a encontrar un techo: el desempleo en los grandes centros urbanos subió al 7,5% sobre el cierre de 2025 y se acercó peligrosamente a los dos dígitos (9,5%) allí donde reside el 37% de la población, la provincia de Buenos Aires.

¿Qué se hace mientras se aprende a usar la caña o si, aún sabiendo manejarla, no hay forma de encontrar donde hay pique?

En economías de todo el mundo la respuesta a estos baches son los subsidios por desempleo. Argentina creó la herramienta en los años ‘90, la década en la que la que la desocupación marcó un pico.

Pero hoy, a pesar de que se sabe que el país transita un giro de matriz productiva con inevitable impacto en el empleo, su alcance es ínfimo.

Lo cobra un número de desempleados que equivale sólo al 6% del total de 1,7 millones existentes y por montos que no llegan a la cuarta parte del promedio de un salario formal privado. Una existencia casi simbólica que se explica, entre distintas razones, por el alto grado de informalidad vigente en el país, ya que para solicitarla hay que haber sido expulsado del un empleo registrado.

¿No sería oportuno fortalecer este esquema de acompañamiento al trabajador mientras se espera que, tal como promete la gestión libertaria, los motores del campo, la energía y la minería le den a la economía un ritmo de actividad que permita reconstituir puestos de trabajo?

Que las políticas de asistencia social pasen del clientelismo a la indiferencia no sería de extrañar en el país del eterno péndulo.