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Maria Rosa Cooper: Este escenario desespera al consumidor

Es la defensora del consumidor por definición que desde hace 30 años tiene Córdoba. ¿Son válidos los contratos en dólares? ¿Puede actualizarse el precio de un auto si ya fue señado? ¿Cuánto dura la garantía de un producto?

10 de febrero de 2014 a las 12:01 a. m.
Maria Rosa Cooper: Este escenario desespera al consumidor
Del lado del consumidor. Para María Rosa Cooper, “hay una parte de la sociedad mercantil que está enferma”. “Está el buen comerciante y el que se aprovecha”, sostiene (La Voz/Facundo Luque).

Durante 30 años, María Rosa Cooper ha sido la voz de los consumidores cordobeses. Licenciada en Comunicación Social, abogada, madre y abuela, conoce hasta los detalles más pequeños del contrato legal y social que liga al cliente con el comerciante. Desde ese lugar, ocupó la titularidad de las reparticiones de defensa del consumidor tanto en la Provincia como en el municipio capitalino. Una experta más que autorizada para analizar una enorme cantidad de situaciones que se dan tras un proceso crítico como es la devaluación del peso. –¿Cuáles son los efectos de las devaluaciones en el consumo y en los consumidores? –Son catastróficos, primero porque el consumidor no ha previsto nada, todo le cae por añadidura. Y segundo porque tampoco sabe cómo actuar. Ante la emergencia, se desespera, pero no sabe qué hacer. Si no tiene algún ahorro, alguna posibilidad de afrontar los gastos de alquiler, del colegio de los chicos, de la canasta familiar, se desespera y da manotazos de ahogado. Generalmente busca un crédito que es carísimo. –No existe una escuela para aprender a consumir. –Ese es el tema. En estas situaciones el consumidor trata de no fallar, pero termina actuando por instinto más que por conocimiento. Los efectos son catastróficos. –¿La larga experiencia de los argentinos con la inflación no sirve? –Recordamos la crisis de 2001 y 2002 como una crisis muy dura, pero no sacamos conclusiones provechosas para actuar ante la repetición de ciertas cosas. –¿Quién es el que más pierde en las devaluaciones, el que vende o el que compra? ¿O los dos? –Siempre el que compra. No tiene la espalda que puede tener un comerciante, aun cuando pueda ser un negocio chico o aun cuando tenga dificultades. No es lo mismo que una casa de familia de clase media o baja que no tiene margen. Por eso recurre al crédito y lo hace mal. El comerciante generalmente sabe por sus proveedores que tal cosa le va a aumentar o que se achicarán determinados pagos. –El cliente no sabe nada. –Veníamos con 12 cuotas sin interés y de pronto se cortó esa financiación. ¿Quién le avisó al consumir más que alguna nota en los diarios? Nadie. Hay mucha gente que pensaba comprar un autito y en estos días se quedó con las ganas porque subieron de precio. La desprotección es absoluta. –Ahora, está bien, le concedo eso, pero en los últimos años el consumo anduvo de primera. –¡El consumismo! –¿Cuál es la diferencia? –Consumista es aquella persona que compra sin una planificación de lo que realmente necesita. El consumista descarta la organización de su vida económica, como en aquella famosa época del "deme dos". Gente que pasó del ventilador de techo a tener dos acondicionadores de aire. Que voló del colchón de goma espuma al somier de dos plazas, y quizá no tiene cubiertas otras necesidades elementales. –¿Cuántas escenas o situaciones se pueden dar entre comerciante y cliente en un momento como este? –No hay un patrón único de conducta. Hay buenos comerciantes que apechugan junto con su cliente la situación y está el que se aprovecha de la situación. El comerciante que se aseguró el pago en dólares, no creo que vaya a contemplar demasiado la situación del cliente que tiene que pagar la cuota y que quedó complicado con la inflación. –¿En este país los contratos en dólares no sirven? –No, los contratos en dólares son de terror. Es asumir un riesgo muy grande. Tomar un contrato en esa moneda es un riesgo tremendo sobre todo si es de largo plazo, 10 o 15 años. –Pero hay empresas que dicen que en pesos los precios no se pueden indexar. –Sí, es verdad, la ley de Convertibilidad se mantiene en algunos artículos, entre ellos los que dicen que no se pueden actualizar los precios. Pero hecha la ley, hecha la trampa, los alquileres se actualizan. Se hace un contrato por un monto total y el pago va de menor a mayor. También está la fórmula de la bonificación. Fijan un alquiler alto y van bonificando cada vez menos hasta llegar al valor actualizado. –¿Qué le sugeriría a alguien que tiene un contrato de alquiler en dólares? –Hay que ver qué cláusula se puso. He visto contratos que dicen que en caso de no conseguir dólar billete se aplicaría el pago en pesos según el valor del mercado libre de cambios. ¿Cuál es el mercado libre de cambios? El dólar del Banco Central… –El dólar paralelo o blue no existe, en teoría. –Si yo le llevo ese contrato al juez, no puede dudar de que el dólar es el oficial. Ahora, tenemos la experiencia de 2001-2002, cuando los contratos se volvieron leoninos, como lo estamos viendo ahora. En aquel momento surgió una frase para acomodar las cargas, cediendo un poco cada uno. En un contrato que diga que solamente se van a recibir dólares estadounidenses, sin ninguna otra aclaración, la cosa es más difícil. –Ante el vencimiento de contratos, hay propietarios que preguntan cómo renuevan, con qué precios, por cuánto tiempo. ¿Qué les dice? –Para ser honestos, debería renovar en pesos, con la posibilidad de manejar alguna forma cordial de acomodar los montos, es una situación normal cuando hay inflación. Hay que reconocer que es imposible mantener a valores constantes un alquiler por 24 meses. Y en cuanto a los plazos, la ley de locaciones urbanas dice claramente dos años para viviendas particulares y tres años para los locales comerciales. –En eso no hay ningún tipo de dudas, nada de seis meses… –No, pero yo quisiera en estas situaciones proponer un sinceramiento económico en la familia. En la mayoría de los hogares, los hijos no saben lo que gana el padre, no saben lo que les cuesta. –Alguna vez escuché que a los hijos no les importa cómo llevan los papás la plata a casa. –No me extraña. Dar a los hijos lo mejor, a mi entender, no es darles económicamente lo mejor. Dar lo mejor es generarles herramientas para que en el futuro se defiendan en cualquier escenario de la vida. –He visto chicos con celulares de cinco mil pesos en la mano… –Con celulares, con tablets, con fiestas, con… es un error, una falta de formación notable con respecto al crédito. Fíjese que "tarjetera" ya es un verbo. –Yo tarjeteo, tu tarjeteas, el tarjeta, nosotros tarjeteamos... –Es la mejor forma de cuotificar un sueldo, de tal modo que un resfrío no está previsto. Por eso digo que hay que hablar en la mesa de la casa la economía del hogar. Estos años de consumismo, malcriaron al consumidor y hoy le generan una infelicidad porque las condiciones variaron y ya no puede acceder a las mismas cosas. –Oootro punto: una persona seña un auto y cuando va a retirarlo le dicen que subió de precio, 15 o 20 por ciento. ¿Está bien o está mal? –No está bien porque cuando se señó la oferta el valor era otro. Hubo una oferta y hubo un principio de ejecución de contrato en la oferta: "usted me deja tres mil pesos y yo le voy trayendo el auto". Si no le aclaro por escrito el precio al cual va a estar el auto cuando llegue, no tengo derecho a alterar las condiciones porque hubo una oferta. –Algunos vendedores hablan de "precio abierto". –Son todos artilugios, como cuando se dice: "precio de lista". El precio de lista, no existe ni en el código de comercio ni el ninguna escuela mercantil. Es un invento. El precio es el de contado. Le ofrezco este vaso que está acá por cinco pesos, eso vale. –Usted ha peleado bastante con eso del precio de lista. –Mucho, mucho… También he recibido consultas por aumentos en los autos ya facturados, aprovechándose de los planes de ahorro. Se da el caso en los planes 70–30. El 30 por ciento es el del valor del auto en ese momento en que el cliente va, pone la plata y tiene que esperar que se lo entreguen. Cuando llega el auto, le quieren cobrar ese 30 por ciento con aumento. No corresponde. Esas son consultas que me está haciendo ahora la gente. –¿Qué pasa si el comerciante es intransigente con eso? –El artículo siete de la ley 24.240 dice claramente las condiciones de la oferta. Pero no son condiciones que se expresen verbalmente, sino que tienen que estar por escrito. El cliente tiene la posibilidad de exigir el cumplimiento efectivo de la obligación primero con intimación expresa, luego con el organismo de defensa del consumidor y finalmente si administrativamente no lo entienden, con la justicia. –Largo camino. –También el consumidor puede decir: no quiero el auto, devuélvanme el dinero. Y se lo tienen que dar. Seguramente hoy esa alternativa no le conviene por la inflación. –Me pongo del otro lado del mostrador y el costo de reposición es la gran incógnita del comerciante. –Por supuesto, por eso dije antes que lo mejor es siempre la negociación sin llegar a caminos que no tengan salida o que lleven al conflicto. –Vayamos a otros rubros, el pequeño comerciante suele ser reacio a las devoluciones de productos. ¿Cuándo debe hacerse cargo? –Cuando lo entregado no se corresponde con lo ofrecido. En los productos de uso durable hay seis meses de garantía, por supuesto que no voy a comprar unas zapatillas y devolverlas a los cinco meses. En las cosas usadas, el plazo es de tres meses. –¿Qué es lo que más trabajo le dio a usted en estos años? –El servicio de telefonía celular. La mayoría de las compañías de celulares son dictatoriales, en todo el mundo. Ellos imponen la situación, como el cambio de planes, y no tienen por qué hacerlo. –Otro tema, ¿si me dieron un presupuesto, me pueden cambiar el precio? –Si el presupuesto está por escrito y tiene una fecha de vencimiento todavía vigente, no. –¿Los acuerdos del Gobierno con las empresas, tienen validez legal? –En realidad hay libertad de mercado, cada uno fija precio de acuerdo con la oferta y la demanda. Como existe ese margen de libertad, para congelar los precios necesariamente deben haber acuerdos. Le digo mi experiencia: sirven por un breve tiempo, nada más. Lo único que se puede hacer es educar al consumidor. Mire esto… –Miro. –Me llaman por teléfono y dicen: "Usted tiene un crédito preacordado". Nadie me explica la letra chica del crédito y termino pagando el doble o el triple de lo que saqué. A mí me desespera haber observado que hay empresas que capacitan a sus empleados enseñándoles a mentir, venden mentiras. –Epa. –Se les enseña a mentir y generalmente a los más jóvenes. En la secretaría teníamos grabados programas de radios ignotas con vendedores de autos que prometen cualquier cosa. Si usted supiera lo que hacen también algunas mutuales con los jubilados. Le dan 200 pesos, les hacen firmar por mil y terminan pagando por cinco mil. Hay una parte de la sociedad mercantil que está enferma. –¿Cómo se metió usted en esto? –Cuando me recibí de licenciada en Comunicación Social entré en prensa del ministerio de Finanzas. En 1983, llegué al área de comercio, en pleno plan Austral. En una habitación había muchísimas revistas "El ojo del consumidor" que hacía Adelco. Estaban sin tocar adentro de las bolsas plásticas. Las abrí, las leí y me impactó el tema de alma. Como era maestra, me gustó la idea de enseñar esto. Rony Vargas me dio la posibilidad de hacer 20 años un micro con él en la radio sobre educación del consumidor, nunca nombré empresas ni marcas. –Después fue al municipio. –Sí, en 1992, Rubén Martí me ofreció crear la oficina de Protección al Consumidor, hasta 1999. Y luego con Luis Juez volví con el agregado de mediación comunitaria, todavía funciona muy bien. Me jubilé en 2007 pero me volvieron a entusiasmar de la Provincia para aplicar la ley nacional. En diciembre dejé esa actividad y ahora, aprovechando que hace 10 años me recibí de abogada, tengo mi propio estudio.

La letrada

Nombre. María Rosa Cooper.

Edad. Representa mucho menos.

Hijos. Guillermo, Pablo, Virginia María, María Gabriela y María Cecilia.

Fue. Titular de los organismos de Defensa del Consumidor tanto de la Provincia como de la Municipalidad de Córdoba en distintas etapas. A fin del año pasado dejó su último cargo.

Dato. Además de licenciada en Comunicación, a los 56 años estudió abogacía, carrera que terminó.

Teléfono. (0351) 488-5305.