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La culpa la tiene el otro

Es cierto; hay que sincerar el valor de los servicios públicos. Pero también hace falta que se sinceren todos quienes ponen su cuota en la cadena de precios.

03 de abril de 2016 a las 12:05 a. m.
La culpa la tiene el otro

El Gobierno nacional entró en el momento más delicado en materia de política económica. La batería de aumentos en los servicios públicos y la energía desató un "tsunami" de malhumor. Y cuando el clima se tensa, los actores empiezan a buscar en quién endilgar responsabilidades. Sorprendió el gobernador Juan Schiaretti, cuando el viernes apuntó a los hipermercados como los causantes de que la leche tenga un precio tan alto y que los productores no tengan un precio justo. Pero nada dice que, desde 2007 hasta la actualidad, los impuestos provinciales y municipales aplicados a la actividad comercial aumentaron casi 70 por ciento, ya que pasaron del cuatro al 6,75 por ciento. Según la Coordinadora de Industrias Alimenticias (Copal), casi 41 por ciento del valor final de los alimentos son impuestos.Pero también los empresarios, que culpan a la presión impositiva de la inflación, se olvidan de que muchos aprovechan la inestabilidad y la incertidumbre para exagerar aumentos. Un fabricante de alimentos cordobés se quejó días atrás en la Bolsa de Comercio: comprar la hojalata nacional para hacer un choclo enlatado es más caro que importar el choclo en lata desde Brasil. Por su parte, el ministro de Energía de la Nación, Juan José Aranguren, justificó el aumento de los combustibles líquidos (de seis por ciento) en el incremento del precio del crudo, cuando se trata de un bien transable internacionalmente que en el mundo está hoy a valores históricamente bajos. Ni qué hablar del líder del Frente Renovador, Sergio Massa, que por la suba de tarifas apuntó al Gobierno diciendo que fue como "entrar a un quirófano con la motosierra", cuando él y varios de sus dirigentes eran parte del gobierno K en momentos en que debería haber empezado a actualizar tarifas. Es cierto, hay que "sincerar" el valor de los servicios públicos. Los subsidios son el principal componente de un déficit fiscal que se acerca a los 300 mil millones de pesos y que no se puede cerrar sólo con emisión de dinero o con deuda. Pero también hace falta que se sinceren todos quienes ponen su cuota en la cadena de precios; sólo así tendremos una economía razonable.