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La agenda de Dilma: del populismo al desarrollo

Hacia adelante, la difícil agenda política de Dilma consistirá en virar del modelo proconsumo de atraso cambiario (i.e. salarios altos en dólares) financiado con deuda.

02 de noviembre de 2014 a las 12:01 a. m.
Marina Dal Poggetto*
La agenda de Dilma: del populismo al desarrollo

Finalmente, la presidenta Dilma Rousseff (Partido de los Trabajadores) obtuvo una victoria ajustada en las elecciones presidenciales de "segunda vuelta" del domingo pasado, con el 51,64 por ciento de los votos, frente a un 48,36 del candidato Aécio Neves (Social Democracia Brasileña). Hacia adelante, la difícil agenda política de Dilma consistirá en virar del modelo proconsumo de atraso cambiario (i.e. salarios altos en dólares) financiado con deuda, que permitió llevar rápidamente la economía al escenario de pleno empleo, hacia un modelo de crecimiento que permita recomponer la competitividad y la inversión vía las correcciones de precios relativos, minimizando el impacto sobre las "conquistas sociales" de la última década. Nada fácil para el horizonte de corto plazo de la "política", teniendo en cuenta que las correcciones de precios relativos necesarias para encarar la lenta agenda al desarrollo, de alguna manera terminan corrigiendo los niveles de consumo privado.Vale mencionar que si bien el eje de la campaña se concentró en el "cambio" político frente a las señales de "agotamiento" del modelo, el ascenso social de 35 millones de personas de recursos bajos hacia la "nueva clase media" durante los gobiernos del ex presidente Lula Da Silva y de la actual presidenta, en una economía en la que la tasa de desempleo se ubica en mínimos históricos (4,9 por ciento), permitieron perpetuar el capital político del Partido de los Trabajadores por un cuarto mandato. De todas formas, el modelo pro consumo privado sustentado en un fuerte atraso cambiario financiado con el boom de precios de materias primas y con el ingreso de capitales (que en gran parte representa deuda) en un contexto en que el Banco Central sobrerreaccionó sistemáticamente con la tasa de interés para anclar las expectativas inflacionarias en un mundo de tasa cero, ha venido exhibiendo señales de agotamiento:1) El estancamiento de la industria frente a la pérdida de competitividad generada por el atraso cambiario y las altas tasas de interés derivó en una caída del ratio de inversión a PIB. Después de todo, el ratio inversión a PIB en Brasil (18 por ciento) es el menor entre las economías que forman parte del grupo de los BRICS (China 48, India 32, Rusia 20 y Sudáfrica 19 por ciento). 2) La expansión del gasto público y el menor crecimiento de la recaudación frente al estancamiento económico de los últimos años determinaron una caída del superávit fiscal primario de 2,8 puntos porcentuales hacia la zona de 0,9 por ciento del PIB –por debajo de la meta del gobierno de 1,9–, desencadenando en el recorte de la nota crediticia de las calificadoras de riesgo. 3) A pesar del estancamiento económico, la inflación (6,75 por ciento anual) sigue instalada por encima de la meta de la autoridad monetaria (4,5 anual), como consecuencia del shock devaluatorio de los últimos meses y la suba de los precios de la energía derivada de la sequía de principios de año (algo que debería empezar a morigerarse frente a la corrección del precio internacional del petróleo). En este contexto de estancamiento económico e inflación al alza, los salarios reales vienen desacelerando el ritmo de crecimiento.4) Y todo esto en un mundo que gradualmente irá dando "menos alegrías" para los países emergentes como contrapartida del retiro gradual de los estímulos de la Reserva Federal de Estados Unidos. Esto es: dólar más fuerte, tasas de interés que suban gradualmente y precios de materias primas estabilizados por debajo del boom de precios de los últimos años, aunque por encima del promedio histórico dado el sostenimiento de la demanda estructural de China.En este contexto, la agenda del próximo mandato tendría que incluir una corrección gradual de precios relativos en pos de recomponer la competitividad de la economía y corregir desequilibrios macroeconómicos. Cualquier parecido con la Argentina no es pura coincidencia, aunque al haber financiado con deuda y no con impuesto inflacionario la expansión del consumo, la política podría apuntar a una corrección más gradual para apuntalar la competitividad y la inversión.

*Directora y Economista de Estudio Bein & Asociados