Empresarios, en contra de la mayor presión tributaria
AEA rechazóla flamante ley que grava el reparto de dividendos y la transferencia de acciones. El Ieral de la Mediterránea alertó por la pérdida de competitividad.
Ayer quedaron sancionados de forma definitiva los dos nuevos impuestos con que el Gobierno nacional espera compensar parte de la rebaja del Impuesto a las Ganancias sobre los asalariados: un gravamen extra a la distribución de dividendos por parte de las empresas y un nuevo tributo a la compraventa de acciones de firmas que no coticen en bolsa (ver A11 ). El hecho –que fue avalado en silencio por organizaciones que participan del "diálogo" al que convocó Cristina Fernández, como la Unión Industrial Argentina– mereció ayer críticas de entidades como la Asociación Empresaria Argentina (AEA) y la Fundación Mediterránea, a través de su instituto, Ieral. AEA consideró que los nuevos impuestos "agravan una situación de excesiva y creciente presión fiscal sobre las empresas formales".Advirtió que los nuevos tributos terminarán "haciendo inviables muchos nuevos proyectos de inversión y actividades productivas"."Las empresas formales han venido soportando en los últimos años un desmedido incremento de la presión fiscal, tanto por la falta de ajuste por inflación del Impuesto a las Ganancias, como por fuertes incrementos de gravámenes a nivel nacional, provincial y municipal", destaca el documento. Al mismo tiempo, AEA considera "muy positivo el ajuste del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias de los trabajadores formales. Este había quedado fuertemente rezagado, aumentando indebidamente la presión fiscal sobre estos trabajadores por efecto de la inflación. Debería implementarse un mecanismo automático de ajuste por inflación del mínimo no imponible".El Ieral le puso números. Publicó una tabla en la que queda en evidencia que la tasa del Impuesto a las Ganancias sobre empresas, del 35 por ciento en Argentina, es más alta que la de Brasil, Chile, Perú, que las del promedio de Unión Europea (22,85%), el promedio de América del Norte (33%) y el promedio de América latina (27,61%).El informe indica que, si la Nación decidió ajustar, en parte, a la inflación un Impuesto a las Ganancias que estaba impactando excesivamente sobre los asalariados, no se justifica compensar ese faltante con nuevos gravámenes a las empresas, máxime cuando estas, ya de por sí, sufren la imposibilidad de ajustar sus balances por inflación.El Ieral estima que la presión tributaria consolidada (Nación, provincias y municipios) llegará este año a 42,8 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), cuando en 2005 era de 29,1 por ciento, y remarcó el fuerte incremento del gasto público.

