El final tan temido
El poder no acepta vacíos. Así como en 2003 un personaje patagónico ganó la escena nacional para derrotar a un ya derrotado Carlos Menem, en 2015 alguien ocupará el lugar principal para conducir la Argentina.
Nada en la historia reciente de la Argentina hace pensar que Axel Kicillof será el último ministro de Economía de Cristina Fernández. Quizá, sí el anteúltimo.Raúl Alfonsín recurrió a su amigo Juan Carlos Pugliese luego de que Juan Vital Sourrouille se desbarrancara desde lo más alto de sus anteojos tan particulares. Y no le alcanzó: Pugliese les habló a los actores económicos con el corazón y le respondieron con el bolsillo. El último titular del Palacio de Hacienda de esa gestión radical fue Jesús Rodríguez, alguien que –quizá– sólo es recordado por su nombre bíblico.A Carlos Menem le pasó algo parecido. Su "romance" con Cavallo duró lo suficiente para su reelección, pero luego llegó el anodino Roque Fernández, para entregar la bomba sin detonar a José Luis Machinea.A Fernando de la Rúa las cosas le pasaron más velozmente. Ricardo López Murphy duró un suspiro y el helicóptero arrancó desde la Casa Rosada con Domingo Cavallo todavía tratando de explicar lo inexplicable.En la década ganada, Roberto Lavagna, el ministro de Economía heredado del duhaldismo, duró hasta que Néstor Kirchner quiso. Luego, él piloteó el barco y lo dejó en un rumbo más o menos definido hasta su propia muerte. Desde entonces parece andar sin un norte claro, cambiando de manos más que de políticas: Micheli, Peirano, Lousteau, otro Fernández, Amado, Lorenzino (que se fue) y el "poderoso chiquitín", Axel.Es verdad que el carácter de Axel Kicillof le aportó una impronta de la que carecía Hernán Lorenzino, pero no mucho más. La nave navegaba ya hacia un mar de icebergs .La encrucijada que se plantea con los fondos buitres va camino a fagocitarse al pequeño Kicillof. Enamorado de su retórica, el ministro de Economía está en el frente de una batalla que parece perdida. Pero el poder raramente se suicida. Cristina Fernández lo "bancará" hasta el punto que su propia continuidad esté en jaque.Para algunos zorros de la política, esos tiempos no están lejos. El escenario de estanflación –creen– se hará socialmente insoportable más tarde o más temprano hacia el segundo semestre del año, demasiado cerca y demasiado lejos del proceso electoral de 2015.La estrategia de "no pasarán" de Kicillof parece –parangonando a Eduardo Duhalde– "condenada al fracaso". No pagar la sentencia del juez Thomas Griesa implicaría un default tanto o más dañino que pagarla. El relato ha llegado a su borde, quizá, por el lado menos esperado.Siempre habrá para el kirchnerismo un cúmulo de culpables externos.La dictadura, el imperialismo, los '90, el orden mundial en el que no encajamos. La paciencia social, inexorablemente atada al nivel de actividad y el consumo, empieza a indigestarse cada día más con las excusas. El miedo de algo peor o de una vuelta a un pasado tenebroso empieza a competir con un presente cada vez más intolerable.El poder no acepta vacíos. Así como en 2003 un personaje patagónico ganó la escena nacional para derrotar a un ya derrotado Carlos Menem, en 2015 alguien ocupará el lugar principal para conducir la Argentina.El kirchnerismo empezará a ser una breve página en la historia, como lo fueron el alfonsinismo y el menemismo.La esperanza de un nuevo comienzo será llamada a escena. Tal vez dependa de nosotros no frustrarla otra vez.

