
Melconian analizó el plan económico de Milei: advertencias sobre la recesión, el dólar y Vaca Muerta
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Redacción La Voz
El proceso de desinflación empezó a tropezar en junio de 2025 y va camino a completar 300 días –difícil que marzo sea una excepción– con la temperatura de los precios superándose mes a mes o, en el mejor de los casos, repitiendo.
Claro que todo depende del ángulo del espejo retrovisor. No se puede perder de vista que hace dos años la inflación viajaba arriba de un bólido a casi 290% interanual y ahora está en 33%.
Pero la dinámica de corto plazo es la que inquieta. El economista Juan Carlos de Pablo, que sintoniza con el presidente Javier Milei, cree que el actual nivel inflacionario no es una preocupación para el Gobierno.
De hecho, hubo voces que el año pasado alentaron una remonetización con pesos para mejorar el consumo y el nivel de actividad, a costa de sacrificar algunos puntos de inflación.
También es cierto que, de arranque, se sabía que el esfuerzo para salir de la brutal distorsión de precios relativos heredada no iba a ser una línea recta y despejada.
Ese fue el argumento que eligió el ministro de Economía, Luis Caputo, para explicar por qué pasa lo que pasa.
Ocurre que esa relación nunca es estática. Siempre se mueve. Perseguir el equilibrio perfecto es una quimera, aunque hay tareas pendientes que el propio Gobierno difirió en 2025, cuando toda decisión estaba subordinada a la elección de medio término.
El mejor ejemplo es el de las tarifas de energía y la porción de subsidios a los hogares. El nuevo ajuste en ese segmento fue una de las vías de impacto durante el mes pasado.
Un punto clave es que sigue alta la inflación en alimentos y bebidas. En Córdoba, por caso, los precios de esos bienes llevan un trimestre con un promedio parejito de 4% mensual.
Buena parte de ese fenómeno se explica por el ciclo ganadero, que atraviesa una fase de menor oferta de carne vacuna y, por lo tanto, valores en alza de los cortes. Acá juegan la biología y el clima, por lo que es imposible un cambio inmediato.
Además, el contagio de precios viajó hacia las principales carnes alternativas en la dieta de los argentinos (pollo y cerdo).
Otro factor, siempre presente, es la famosa inercia. El fuego sólo reproduce fuego. Con la inflación, pasa lo mismo. La receta ortodoxa suele encontrar límites en este territorio y paga un costo muy alto, porque la pelea, larga y desgastante, repercute de manera negativa en la economía real. Dicho de otro modo: se paga con recesión.
Por si faltaba algo, apareció el cisne negro de la guerra en Medio Oriente, que levantó el precio del petróleo arriba de los U$S 100 el barril. Ese shock externo ya se coló en los valores de los combustibles.
El frustrado cambio en la metodología para medir la inflación ya es un recuerdo borroso. También lo es el 10,9% de inflación anual proyectada como letra muerta en el Presupuesto 2026. De hecho, en el primer bimestre ya se completó el 60% de esa previsión optimista.
¿Y el dólar? Hay quienes ven en este arranque caliente de año un traslado diferido a precios de las turbulencias por las que atravesó el tipo de cambio durante la segunda mitad del año pasado, cuando el auxilio de Estados Unidos frenó la agitación cambiaria.
Ahora, el precio de la divisa está planchado y Milei asegura que al presidente del Banco Central, Santiago Bausili, le saldrán dólares por las orejas. Pero el ancla cambiaria, que es todo un clásico, nunca es gratuita.
En algún momento el dólar pasa por ventanilla para cobrar las cuentas atrasadas. Y entonces, de nuevo, la dinámica de los precios relativos.