De la híper liquidez global a la liquidez selectiva
En esta nueva fase, la capacidad de estas economías de amortiguar el shock externo marcará la diferencia en los mercados de bonos y monedas emergentes en un mundo donde los fundamentos idiosincráticos volverán a pesar en la dirección de los flujos de capitales.
A diferencia de la etapa de alta liquidez global, la transición de los países emergentes hacia un equilibrio financiero con tasas de interés más altas en el margen no será homogénea. En esta nueva fase, la capacidad de estas economías de amortiguar el shock externo marcará la diferencia en los mercados de bonos y monedas emergentes en un mundo donde los fundamentos idiosincráticos volverán a pesar en la dirección de los flujos de capitales.
Frente a este contexto, las economías que están transitando por una coyuntura de ensanchamiento del déficit de cuenta corriente externa (principalmente la diferencia entre las ventas al exterior y las compras desde el exterior), crecimiento lento (Brasil, Turquía) y/o un ratio de cobertura de importaciones apretado (India e Indonesia), son las que más ajustaron el tipo de cambio y los spreads de tasas de interés frente al cambio de signo de los flujos internacionales de capitales.
En el caso de Brasil e Indonesia, además de la intervención en el mercado spot vía la venta de reservas, los bancos centrales comenzaron a subir la tasa de interés de referencia (100 puntos básicos acumulado en Brasil desde mayo y 50 en Indonesia) y a influir en la curva de futuros en un en el que el margen de devaluación está acotado por la dinámica inflacionaria.
Muy distinto de lo que sucede en Australia, donde la estabilidad de precios y el financiamiento de largo plazo del déficit de la cuenta corriente (exportaciones menos importaciones), aumentan los grados de libertad de la política para convalidar una devaluación de la moneda que aumente los niveles de competitividad frente a la ralentización del ritmo de crecimiento. De hecho, a contramano de los bancos centrales de Brasil e Indonesia, el Banco Central de Australia redujo en 25 puntos básicos la tasa de interés de referencia en la última reunión del 6 de agosto.
En la vereda opuesta, las economías menos dependientes del financiamiento externo como contrapartida de una configuración macroeconómica consistente con un superávit de la cuenta corriente externa (el caso de Corea del Sur, Taiwán y Malasia) tienen más colchón para minimizar el impacto sobre las monedas y el costo de fondeo local derivado de la expectativa de un menor estímulo de la Reserva Federal vía la intervención en el mercado spot.
En el ínterin, la suba en el costo de fondeo del mundo emergente vuelve a impactar en la economía real vía un ajuste en las importaciones derivado del cambio de signo de los flujos internacionales de capitales. En junio, el flujo de los volúmenes de comercio global registró la segunda caída consecutiva en el margen (-0,5 por ciento en el mes contra mes). Esta dinámica fue la contrapartida de una corrección a la baja en las exportaciones de la región de Asia emergente (-4,3) como contrapartida de un descenso por segundo mes consecutivo en las importaciones de América latina (-1,5) y Asia Emergente (-3,6 por ciento).
Todo parecería indicar que la “panacea financiera global” de tasa cero, dólar débil y acciones en niveles récord que estiró en el tiempo la aparición de la restricción externa asociada a la necesidad de dólares para financiar el salto en el consumo sin gatillar la inflación, comienza a diluirse frente a la recuperación del empleo norteamericano y la tendencia ascendente de la tasa de interés de los bonos soberanos norteamericanos. Y en este contexto, los mercados seguramente testearán de más cerca el “investment grade” de algunas economías emergentes que apostaron al crédito externo para financiar buena parte del crecimiento económico de los últimos años.
*Economista de Estudio Bein & Asociados.

