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Cepo laboral

En materia de empleo, subsidios o una reducción transitoria de costos para sostener los puestos de trabajo podrían ser, por ejemplo, medidas mucho más efectivas que la prohibición de despedir. Ya se sabe cómo acabó el cepo cambiario.

24 de abril de 2016 a las 12:05 a. m.
Cepo laboral

Con el cepo cambiario, durante cuatro años, la Argentina mantuvo medidas orientadas a evitar que se fugaran dólares. Pero generaron un efecto contraproducente ya que la pérdida de divisas se mantuvo (y fue cada vez más difícil de contener), pero el ingreso de dólares sí se frenó por completo. Ahora, un proyecto que impulsa la oposición en el Congreso apunta a reprimir los despidos con medidas como la indemnización agravada, en un intento por frenar la pérdida de puestos de trabajo que se está produciendo en esta coyuntura. Otra vez, la intención es cuidar lo que hay (en este caso, el empleo; en el anterior, los dólares), pero sin tener en cuenta el panorama completo. Si se mira un poco más allá, lo que surge es que este tipo de iniciativas lo que hace es evitar que se creen nuevos empleos. Si llegara a implementarse (el Presidente dijo que vetaría una ley de este tenor si la aprueban los legisladores), se podría generar un nuevo "cepo", esta vez laboral, en el que es más caro salir pero al cual nadie quiere entrar. Es indudable que todas las medidas tomadas por el Gobierno para reencauzar la economía generaron estos meses un freno que pega en la producción, el consumo y el empleo. Los cambios de precios relativos (devaluación, quita de retenciones, suba de tarifas) aceleraron la inflación justo durante meses en los cuales los ingresos no notan aún el impacto de las paritarias. Este reacomodamiento apunta a un cambio de modelo: pasar del consumo a la inversión como motor de la economía. El arreglo con los holdouts y el fin del default van en ese sentido. En el mediano y largo plazo, este es un camino más sustentable de crecimiento, pero en lo inmediato genera serios problemas. Siempre es mejor evitar las pérdidas (despidos, cierres de empresas, quebrantos), porque recuperarse es mucho más costoso. En este punto, el Gobierno no supo mostrar respuestas; quizá esperaba un impacto más moderado o una reacción más rápida de la economía. Recién hace unos días se avanzó con algunas medidas sociales (la devolución del IVA recién ingresó al Congreso) y, sobre todo, no se otorgó a las empresas paliativos para pasar la transición. El sector privado no sólo siente la caída del consumo interno sino que se ve afectado por la competencia externa (sobre todo, la que llega de Brasil), con pocas herramientas para defenderse. En materia de empleo, subsidios o una reducción transitoria de costos para sostener los puestos de trabajo podrían ser, por ejemplo, medidas mucho más efectivas que la prohibición de despedir. Ya se sabe cómo acabó el cepo cambiario.