Ahora, a pasar en limpio el plan económico
El excedente de la emisión de deuda no alcanza para cerrar el plan financiero de 2016.
Rústico por el lado monetario, brumoso en el flanco fiscal, sin mucha coordinación con el área de Energía, hasta aquí el plan económico del Gobierno parecía más bien una serie de iniciativas desconectadas unas de otras. Podía ser valorado por lo que estaba evitando, ya que sin las medidas adoptadas, hoy los indicadores de inflación y nivel de actividad serían todavía peores a los observados. Recién ahora, una vez superada la situación de default , los funcionarios están en condiciones de ordenar la gestión y dar más certezas, lo que habrá de plasmarse en la presentación formal de metas fiscales y de inflación, muy probablemente esta misma semana. La recuperación del crédito internacional es muy importante para la economía, aunque sus consecuencias aparezcan diluidas por el momento en el sector real y sólo sean visibles en el plano financiero. Un "efecto no deseado" del nuevo escenario es una paridad peso/dólar que tiene inquietos a los industriales, un problema para la competitividad para el que no existen soluciones mágicas. Colocación exitosa La exitosa colocación de deuda por 16.500 millones de dólares que realizó la Argentina la última semana no sólo permitió reunir los fondos para cerrar el tema holdouts –un arreglo que insume 9.300 millones de dólares– sino que dejó un excedente de algo más de siete mil millones que, al principio, se interpretó que podía ampliar las partidas de inversión pública del año. Sin embargo, ese plus en realidad formará parte del financiamiento del sector público en 2016, aunque será insuficiente para completarlo. Quedan todavía por conseguir unos 95 mil millones de pesos para cuadrar las cuentas oficiales este año, aparte de la anunciada emisión de cuatro mil millones de dólares de letras del Tesoro en el mercado local. Por ende, es difícil que haya obras públicas adicionales este año (a nivel Nación), pero de todos modos el nuevo escenario será muy positivo para los proyectos en marcha, que han dejado de contar con financiamiento y ahora podrán ser retomados con mayor certidumbre. Esto puede permitir un rebote del sector construcciones, luego de meses de caída en picada en aquellos contratos vinculados al sector público nacional. De todos modos, hay que ver si no aparecen obstáculos legales en las adjudicaciones efectuadas y cuánto resto financiero habrá de tener efectivamente el Tesoro. "Ciclo electoral" Desde hace seis años se observa un marcado "ciclo electoral" en la dinámica del sector construcciones, con fuerte aumento del nivel de actividad en los años que hay comicios, y con profundas caídas (la "resaca") al año siguiente. Desde el pico alcanzado en el segundo trimestre de 2015, ha habido una caída del consumo de cemento de 12,8 por ciento a nivel país, considerando los datos desestacionalizados del primer trimestre de 2016, de acuerdo a cálculos del economista Jorge Day. Este agregado incluye obras privadas y públicas, pero no hay dudas de que lo que más pondera es la virtual "cesación de pagos" en la que ingresó el Estado nacional en la segunda mitad del año pasado, fenómeno potenciado por la fragilidad de las finanzas de un buen número de provincias. Así, tenemos que la caída del consumo de cemento ha sido algo más moderada en la ciudad de Buenos Aires (- 7,5 por ciento); luego se ubica la zona pampeana, con -11,4 por ciento, mientras que el resto de las regiones registró una merma del orden del 15 por ciento, guarismo válido para la Patagonia, Cuyo, el NEA y el NOA.Ante semejante "descarrilamiento" de la obra pública, no debería extrañar que una cierta normalización del funcionamiento de las finanzas, tanto en el ámbito nacional como el provincial, pueda dar lugar a una recuperación paulatina del sector, teniendo en cuenta además la notable "demanda insatisfecha" existente.Del lado de las provincias, se cifra en tres mil a 3.500 millones de dólares la potencial emisión de deuda externa en la era "post- default ". A esto hay que agregar que las provincias comenzarán a recuperar gradualmente la detracción de 15 por ciento que se hacía a la masa de recursos coparticipables, que ya comenzó a ejecutarse en forma plena para el caso de Córdoba, San Luis y Santa Fe y que se habrá de extender al resto en función del fallo de la Corte Suprema. Pues bien, esto puede permitir que este año aumente a un ritmo de 37 por ciento interanual el flujo automático de coparticipación, aunque es cierto que habrá una merma en las transferencias discrecionales. De cualquier modo, es un panorama que permitirá la planificación financiera de los gobiernos provinciales (algo positivo para la obra pública), en la medida que tengan esa prioridad. No alcanza Del lado de la Nación, como se destacó más arriba, no alcanza con los siete mil millones de dólares excedentes de la reciente emisión de deuda para cerrar el plan financiero de 2016. Según cálculos de los economistas Marcelo Capello y Néstor Grion, del Ieral, la parte de moneda extranjera está sobrecubierta, pero en el segmento pesos resta conseguir fondos por unos 95 mil millones de pesos, aun aceptando que se cumpla con un déficit primario de 4,8 por ciento del PIB. Por la cifra faltante, está planteada para 2016 una fuerte "competencia desleal" del Estado en el mercado de crédito, lo que dejaría sin margen de recuperación al segmento de bienes de consumo durable. En el caso de que parte de esos fondos se obtengan mediante algún esquema de "blanqueo de capitales", esto podría atrasar más el tipo de cambio, con las implicancias que esto tiene para la industria. Por estas razones, es posible que la apuesta del Gobierno se concentre en recuperar la obra pública en el segundo semestre, como forma de atenuar lo que ocurra en otros sectores. Algunos de estos interrogantes habrán de ser resueltos cuando el Gobierno presente el plan financiero 2016, algo que podría ocurrir esta misma semana. Este paso, a su vez, es clave para que el Banco Central explicite también su estrategia para garantizar el descenso de la tasa de inflación de aquí a 2019, objetivo que pretende alcanzar en un contexto de flotación cambiaria, lo que desplaza toda la responsabilidad a la política monetaria y a la tasa de interés.Se trata de una experiencia inédita para la Argentina, ya que desde mediados del siglo pasado, la economía sólo reconoce dos patrones de funcionamiento: el de la alta inflación y el de la estabilidad de precios de la década de 1990, lograda con una convertibilidad de paridad fija entre el peso y el dólar. Desafío con la inflación Bajar la inflación sin recurrir a la fijación del precio del dólar es algo que otros países de la región han logrado, como Chile y México, pero también existen experiencias traumáticas, caso de Brasil. El desafío es evitar que el instrumento para frenar la inflación sea el del atraso cambiario, que fue el recorrido que hizo Brasil entre 2003 y 2008, de la mano de altísimas tasas reales de interés. Un "éxito" que resultó insustentable y con efectos colaterales muy negativos en materia de crecimiento y de performance exportadora. Hay señales claras de que el Gobierno intenta escapar de la "trampa brasileña", pero hay que tener en cuenta que el elevado déficit fiscal heredado juega en contra de ese objetivo. La clave es que el Banco Central no intente "cortarse solo" en la lucha contra la inflación, y que los pasos que vaya dando sean consistentes con la política fiscal.

