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Pensar nuestra ciudad

Nuestra ciudad se encuentra transitando desde hace algún tiempo por un muy activo período de crecimiento.

09 de agosto de 2010 a las 05:49 p. m.
Arq. Hugo Bonaiuti *
Pensar nuestra ciudad

Nuestra ciudad se encuentra transitando desde hace algún tiempo por un muy activo período de crecimiento.

Este crecimiento se ve reflejado fundamentalmente en el aspecto edilicio llevado adelante casi exclusivamente por capitales privados que canalizan a inversores tanto grandes como pequeños bajo el concepto de la “seguridad del ladrillo” que lo prefieren antes que repetir penurias financieras como las ocurridas a principio de la década.

La ciudad creció extendiéndose como una mancha con sectores de medios y altos recursos alejándose del centro buscando el mayor contacto con la naturaleza, la seguridad de barrios controlados, etc. y aprovechando la posibilidad del trabajo a distancia que favorece el avance de la tecnología de Internet y de las comunicaciones en general.

También lo hizo renovando y completando intersticios de barrios tradicionales en los que no solo incrementó su densidad edilicia sino que hasta cambió sus usos y costumbres incorporando y desarrollando nuevas actividades urbanas.

No podemos dejar de notar que una importante proporción de la población, devenida en marginal, empujada por la caída de sus ingresos con respecto a los niveles de pobreza, debió asentarse en tierras cuasi rurales dentro del ejido donde no llegan los servicios ni tampoco los impuestos.

La lógica disciplinar de la ciencia, en este caso, el urbanismo o el planea-miento urbano, no es muy diferente de la lógica del sentido común. Si la ciudad crece, crece la demanda de la población hacia la propia ciudad. La demanda de la población se plantea a través de algunos aspectos que el Estado debe proveer, controlar, desarrollar y orientar.

Entre ellos citamos como ejemplo el tratamiento de los residuos que la población y sus actividades genera, la necesidad de recolectarlos, clasificarlos, reciclarlos y la de procesarlos según modernas concepciones que en muchas partes del mundo se utilizan.

El crecimiento de Córdoba también produjo un incremento del parque automotriz que por momentos hace colapsar el sistema vial urbano de la ciudad lo que redunda en una pérdida de eficiencia del también crítico estado del transporte urbano de pasajeros, produciendo demoras, colas y pérdidas económicas tanto a los frustrados pasajeros como para las empresas.

Por supuesto, las redes de infraestructura como la energía, el gas, las comunicaciones, los desagües tanto pluviales como cloacales, el pavimento, el alumbrado público, etc. también se ven colapsadas por la demanda que se califica de “pico” tratando de ocultar la imprevisión de las empresas encargadas de los suministros. Particularmente, el grave problema de la provisión de agua para la ciudad es recordado siempre y solo durante las primaveras, hasta que se inician las lluvias que nos salvan año tras año y nos permiten olvidarlo hasta el año siguiente.

Aparejado al incremento de la población en algunos sectores de la ciudad nace también la demanda de algunas actividades que hacen a la cobertura de las necesidades elementales de las personas tales como establecimientos destinados a prevenir y proveer salud, establecimientos destinados a la educación, los destinados a brindar la seguridad de los bienes y las personas, los necesarios para el abastecimiento, la recreación, la gastronomía, etc. La actividad turística también contribuye con el planteo de demandas de espacios y servicios toda vez que Córdoba es uno de los más importantes centros turísticos, al menos en el país.

En términos que tienen significado dentro del concepto de ambiente, o de la sustentabilidad, para usar palabras más actualizadas, cuando el crecimiento se hace de una manera no prevista, no controlada o, al menos no orientada y no teniendo en cuenta todas sus implicancias tanto en el espacio como en el tiempo y en la vida de la población, se corre el riesgo de producir graves daños en la ciudad y su entorno que pagarán, inexorablemente, las generaciones futuras.

La Municipalidad de Córdoba está desarrollando un Plan Director basado en lineamientos propuestos por un instituto de nuestra facultad, el TIPU. Esto es un primer e importante paso. Cabe aclarar que no pretendemos decir que anteriores gestiones no hicieron nada al respecto, por el contrario, gran parte del cuerpo normativo de la ciudad fue desarrollado a fines de los ´80 y aún tiene vigencia. Estamos señalando que en los últimos 20 años, la ciudad creció mucho y lo va a seguir haciendo por lo que es absolutamente necesario prever su futuro para minimizar las indeseables consecuencias.

La ciudad, como todo organismo, estructura o sistema, cuando crece, entra en conflicto con el propio esquema que lo contiene. Esto es natural y lógico. Lo que corresponde hacer es prever esta expansión, asistirla, controlarla y orientarla previendo el nuevo y dinámico esquema que la contendrá. Para ello hay que detenerse a pensar seria y organizadamente en como resolver los que ahora pasaron a ser los problemas importantes de la ciudad actual y de la futura, por lo menos aplicando el sentido común. El objetivo es lograr una ciudad sustentable, amigable y con una razonable calidad de vida de sus habitantes.

* Decano de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional de Córdoba