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Un arsenal químico en el lecho

Un peligro que yace en el fondo del Báltico y del Mar del Norte se debe a una decisión poco convencional de los aliados vencedores.

22 de diciembre de 2013 a las 12:01 a. m.
Un arsenal químico en el lecho

Un peligro que yace en el fondo del Báltico y del Mar del Norte se debe a una decisión poco convencional de los aliados vencedores.

Poco después del final de la Segunda Guerra, Estados Unidos y la Unión Soviética recolectaron restos del armamento alemán que quedó sin utilizar y lo enterraron en el Báltico y en vastas zonas del Mar del Norte.

Expertos calculan que en aguas territoriales alemanes hay por lo menos 1,6 millón de toneladas de armas convencionales y químicas sin detonar, bombas oxidadas de tiempo que reposan en el fondo del mar y que representan un peligro para el medio ambiente, la industria pesquera y también el consumidor. “Ya se ha comprobado que el material toxico ha llegado a la cadena alimenticia”, dijo Jens Sternheim, presidente del grupo de expertos Munition im Meer.

El biólogo marino Stefan Nehring reveló que Londres había ordenado a los alemanes, en septiembre de 1949, lanzar al Mar del Norte, a cuatro kilómetros de la isla de Helgoland, unos seis mil obuses de artillería repletos con 11,7 toneladas métricas del gas nervioso Tabun. El área fue usada por la marina alemana para hacer ejercicios con torpedos.

El peligro más directo y real se encuentra, sin embargo, en el fondo del Mar Báltico, donde yacen unas 100 mil toneladas de municiones químicas, cuyo veneno, tarde o temprano saldrá a la superficie, como ya ocurrió en costas danesas y noruegas. Alek­sander Korotenko, científico ruso, pronosticó hace 10 años que la bomba podría estallar a partir de 2020 y que mataría la vida en el Báltico durante 100 años.