Conversaciones en Suiza EE.UU. e Irán negocian mientras Washington suma tropas en Oriente Medio
La nueva ronda de conversaciones en Suiza intenta acercar las posiciones entre ambos países para evitar un conflicto bélico en Medio Oriente, que sería devastador para la región.
En un escenario de máxima presión internacional, delegaciones de Estados Unidos e Irán participan este jueves en una nueva ronda de conversaciones indirectas en Suiza, con el objetivo de alcanzar un acuerdo sobre el programa nuclear de Teherán y desactivar la amenaza inminente de un conflicto armado.
Este tercer encuentro ocurre mientras Washington despliega una gran flota de aviones y buques de guerra en Oriente Medio, una maniobra que busca fortalecer la posición negociadora estadounidense frente a una República Islámica debilitada por tensiones internas y por los años sufridos tras ataques israelíes del año pasado.
Las conversaciones, mediadas por el Sultanato de Omán, cuentan con la participación del ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, y la delegación estadounidense encabezada por Steve Witkoff, enviado especial de la Casa Blanca, junto a Jared Kushner.
A pesar de la intensidad de los diálogos, las posturas de ambas administraciones reflejan visiones profundamente divergentes sobre el futuro de la región.
Las exigencias de la administración Trump
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, adoptó una postura inflexible, buscando un acuerdo que vaya mucho más allá del pacto nuclear original de 2015 que él mismo desechó.
Según las fuentes, la administración Trump exige ahora una detención total del enriquecimiento de uranio por parte de Teherán.
Además de las restricciones nucleares, Washington presiona para que Irán revierta su programa de misiles de largo alcance y cese definitivamente su apoyo a grupos armados regionales, tales como Hamas en los territorios palestinos y Hezbollah en Líbano.
El secretario de Estado, Marco Rubio, reforzó esta postura al señalar que Irán siempre intenta reconstruir elementos de su programa nuclear, incluso cuando afirma no estar enriqueciendo uranio en la actualidad.
Para la administración Trump, la vulnerabilidad actual de Irán –tras los ataques israelíes de junio y las protestas internas– representa una oportunidad única para forzar concesiones estructurales que Teherán se ha negado a discutir en el pasado.
La postura de los negociadores iraníes
Por su parte, los negociadores de la República Islámica mantienen una línea roja clara: solo se discutirán cuestiones nucleares. Abbas Araghchi ha reiterado que el programa atómico de su país tiene fines enteramente pacíficos y que Irán mantiene su derecho soberano al enriquecimiento de uranio.
Teherán rechazó de manera categórica incluir en la mesa de negociación su sistema de defensa de misiles o sus alianzas regionales.
No obstante, existen señales de una posible apertura. Ali Shamkhani, asesor del líder supremo, sugirió que un "acuerdo inmediato está al alcance" si el foco se mantiene estrictamente en el compromiso de no desarrollar armas nucleares, lo cual sería coherente con la fatwa (edicto religioso) del ayatolá Alí Jamenei.
Los diplomáticos iraníes han calificado las propuestas actuales sobre el alivio de sanciones como "constructivas", aunque el país sigue impidiendo el acceso de inspectores de la Oiea a sitios bombardeados anteriormente por Estados Unidos.
Los riesgos de una guerra devastadora
La otra parte de esta crisis se desarrolla fuera de las salas de conferencias, en las aguas del Golfo Pérsico y las bases militares distribuidas por la región.
El riesgo de que las conversaciones fracasen y den paso a una guerra abierta plantea un escenario catastrófico para la estabilidad global.
El primer riesgo es una conflagración regional total. Abbas Araghchi advirtió que "no habría victoria para nadie" y que, debido a la dispersión de las bases estadounidenses en Oriente Medio, toda la región se vería involucrada.
Si Estados Unidos inicia un ataque, Irán ha declarado que todas las instalaciones militares de Washington en países como Qatar, Arabia Saudí, Jordania y Emiratos Árabes Unidos serían objetivos legítimos.
A esto se suma la amenaza directa contra Israel, lo que podría desencadenar una respuesta contundente por parte del primer ministro Benjamin Netanyahu.
En términos económicos, el riesgo se centra en el Estrecho de Ormuz. Casi una quinta parte del petróleo mundial transita por este punto, y Teherán ya ha demostrado su capacidad para cerrar parcialmente el tráfico marítimo durante ejercicios militares.
Una interrupción prolongada provocaría un aumento súbito en los precios del petróleo, que actualmente rondan los 70 dólares por barril, golpeando la economía global.
Aunque Irán posee capacidades militares inferiores a las de Estados Unidos, expertos señalan que su arsenal de misiles de corto alcance permanece prácticamente intacto y podría causar daños reales a las fuerzas estadounidenses en alta mar.
Además, existe el temor de que Irán recurra a "ataques de represalia" mediante grupos armados o bandas criminales en diversas partes del mundo.
Por último, el riesgo político de un "ataque de decapitación" contra el liderazgo iraní, mencionado por Trump, no garantiza el fin del régimen. Analistas advierten que la muerte del ayatolá Jamenei podría simplemente transferir el poder a un comité de seguridad o a la Guardia Revolucionaria, prolongando las hostilidades y sumiendo a Irán en un caos interno con consecuencias impredecibles para sus vecinos.
La incertidumbre sobre el material radiactivo en instalaciones dañadas también añade un riesgo ambiental y de salud pública en caso de nuevos bombardeos.
El informe contiene datos de la Agencia AP


