Reubicar las piezas del tablero, casi sin tiempo ni margen político
Matanzas recientes y lealtades juradas por otros grupos extremistas perfilan al Estado Islámico como el monstruo que justifica redefinir estrategias y aceptar como amigos a quienes, hasta hace poco, se buscaba destruir.
"Es el momento de la decisión… tenemos la oportunidad de hacer que funcione. Es cuestión de voluntad y de decisiones políticas importantes", dijo hace apenas un par de días John Kerry, jefe de la diplomacia estadounidense. "Hay puntos de vista convergentes", había opinado el sábado pasado Hassan Rohani, presidente de la República Islámica de Irán.Las sentencias, al más alto nivel, preludian el encuentro que tendrán otra vez en la ciudad suiza de Lausana, el secretario de Estado norteamericano y el canciller iraní, Mohamed Javad Zarif. De estas reuniones, podría salir el principio de acuerdo con Teherán, cuyos compromisos con un programa nuclear de fines pacíficos debería presentarse, antes de que concluya marzo, a las potencias del Grupo 5+1, que integran los cinco países con derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU (Estados Unidos, Francia, Rusia, China y Gran Bretaña) más Alemania. La proximidad de un entendimiento estadounidense-iraní, sin embargo, no es aún garantía de que las iniciativas de diálogo que comenzaron hace dos años se materialicen en una solución que satisfaga a todas las partes involucradas. Sobre todo porque, además de los protagonistas que se sientan a la mesa de negociación, hay otros actores entre bambalinas.La férrea oposición de Israel –socio estratégico de Washington en Medio Oriente– a un pacto con el régimen de los ayatolás, que fue expresada por el premier israelí, Benjamin Netanyahu, en el mismísimo Capitolio inscribió en las últimas horas otro motivo de irritación para el presidente Barack Obama. Según el diario The Wall Street Journal , los servicios de Inteligencia israelíes espiaron las negociaciones en Suiza y se las filtraron a congresistas republicanos opositores al jefe de la Casa Blanca, los mismos que brindaron el estrado de la Cámara al líder del Likud. Otra causa de distanciamiento Aunque ayer el canciller israelí, Avigdor Lieberman, negó tal espionaje, las distancias entre Obama y Netanyahu son indisimulables; ya sea sobre el controvertido plan nuclear de Teherán o sobre la congelada iniciativa de un Estado palestino que, en plena campaña, el gobernante reelegido el día 17 prometió impedir mientras esté en el poder. Además de alertar en Washington sobre riesgos de que Irán tenga una bomba atómica, Netanyahu desplazó, el fin de semana, emisarios a países europeos del 5+1 para torpedear un posible borrador. Pero Obama no sólo debe lidiar con Netanyahu, sino con un Congreso de mayoría republicana en ambas cámaras que adelantó reparos a cualquier firma con Teherán. Unidos por el espanto Para el bienio final de sus ocho años de mandato, el primer presidente afroamericano de Estados Unidos imaginó acciones y medidas de consumo interno y en el terreno internacional con las que entrar en la posteridad. Pero a la cada vez más utópica paz palestino-israelí se sumaron los aparatosos golpes terroristas del Estado Islámico (EI) en un tablero que se hace cada vez más ancho y complejo. En ese volátil teatro de operaciones diseminado entre Irak, Siria, el Líbano, Yemen y Libia (sobre el cual los gobiernos occidentales deberían como mínimo hacer un mea culpa) , Washington y sus aliados europeos parecen buscar a Irán como aliado frente a un EI en expansión. Las recientes matanzas de 21 turistas en el corazón de Túnez, o de casi 150 fieles chiítas en dos mezquitas yemeníes certifican que los islamistas no se circunscriben al autoproclamado califato que la coalición liderada por Estados Unidos bombardea desde septiembre pasado. La irrupción de nuevos grupos o células, o las alianzas de organizaciones extremistas que le juran lealtad, como Boko Haram en Nigeria, perfilan al EI como el monstruo que justifica redefinir estrategias y aceptar como amigos a quienes hasta hace poco se buscaba destruir.Así, el propio Kerry deslizó días atrás una posible búsqueda de cooperación con el presidente sirio, Bachar al Assad, para combatir a los islamistas y avanzar en una transición.Parecen, pues, demasiadas piezas para reacomodar en el tablero para el poco tiempo y el exiguo margen político que le quedan a Obama. Más aún, cuando en la vereda del frente de la política de su país, un senador por Texas, fiel exponente del Tea Party, ya se anotó en la carrera presidencial hacia 2016. Se trata de Ted Cruz, dueño de posicionamientos que hacen quedar como progresista al exgobernador de Florida Jeb Bush (sí, el hermano e hijo de presidentes).

