En Primera Persona. El relato de una cordobesa que vivió los terremotos en Venezuela: "El nivel de devastación es indescriptible"
Guillermina vive desde hace 18 años en Caracas y contó cómo fueron los dos sismos que dejaron más de 1.700 muertos. Todavía no pudo volver a su casa. El momento en que ocurrieron, las horas posteriores en la calle y la dramática situación que encontró en La Guaira.
Dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5, con apenas 39 segundos de diferencia, provocaron una catástrofe en Venezuela. La región norte-central del país fue la más afectada, con derrumbes de edificios y viviendas, daños en infraestructura y cortes de servicios públicos.
Hasta este lunes por la tarde, día en el que continúa la búsqueda de desaparecidos, el Gobierno venezolano confirmó la muerte de 1.719 personas y más de 5.000 heridos.
“Nunca en mi vida había visto algo así. El nivel de devastación es indescriptible”, lamentó Guillermina, una joven cordobesa que vive desde hace 18 años en Caracas, en diálogo con La Voz.
Los terremotos en Venezuela, en primera persona
El miércoles 24 de junio fue feriado nacional en Venezuela. “Por mi trabajo no tenía el día libre, sino que teníamos teletrabajo. A las 5.30 estaba en mi casa, en la zona de La Candelaria, que es una zona céntrica en Caracas”, relató Guillermina, sobre las horas previas a la catástrofe.
A las 5.30 le sonó una alarma en el celular que decía "alerta de terremoto" y pedía ponerse a resguardo. “La verdad es que pensé que era algo configurado de cuando viajé a México el año pasado. No le presté atención”, explicó sobre los primeros momentos.
Inmediatamente todo empezó a temblar. Guillermina vive en el piso 11 de un edificio que “empezó a moverse de forma horrible y no paraba”, recordó.
“Aquí ha habido otros temblores fuertes, pero duran 10, 20 o 30 segundos. Ninguno ha tenido este nivel de intensidad ni duración. Después nos enteramos de que fueron dos temblores. Fue un minuto de temblar sin parar”, explicó la cordobesa.
En la zona donde reside no hubo derrumbe de edificios, pero en lugares cercanos sí.

Después de los terremotos
“Cuando paró, logré salir y empecé a gritarle a mis vecinos, ya que en mi edificio viven muchas personas mayores. Era un desastre porque habían estallado todas las tuberías de agua y todo el líquido chorreaba hacia abajo”, señaló Guillermina.
Segundos después de los temblores, se quedaron sin señal de teléfono ni datos, aunque seguían teniendo luz y Wi-Fi. Guillermina contó que se encontró con un amigo que vive cerca de su casa: “La situación era muy tremenda y no sabíamos qué hacer”, explicó.
La recomendación era ir a una plaza o espacios abiertos por la posibilidad de réplicas y derrumbes de edificios, por lo que la gente salió a las calles de Caracas “con mucho temor y angustia”.
“Pasamos entre la noche del miércoles y la madrugada del jueves en la calle”, explicó Guillermina, y agregó: “Entré a mi edificio solamente para buscar a mis gatas. Mi hogar era un desastre. Todo estaba lleno de vidrios y cosas rotas: botellas, vasos y copas. Se cayó una mesa y los muebles”, contó, y dijo que al haber explotado las tuberías de agua, no sabían si las de gas también estaban dañadas, por lo que era peligroso volver.
También aprovechó la vuelta a su casa para contactarse con su familia que vive en Córdoba y avisarles que estaba bien. “El susto por un desastre de esta magnitud era tremendo”, afirmó.
La Guaira, una de las zonas más afectadas
Guillermina pasó la noche en la casa de su amigo, quien tiene familiares en La Guaira, una ciudad ubicada a unos 25 kilómetros de Caracas y donde se registraron los mayores daños a causa de los terremotos. “Intentamos comunicarnos con ellos toda la noche sin éxito, porque esa zona se quedó inmediatamente sin luz ni conectividad”, recordó.
Al día siguiente, el jueves, lograron hablar con una de las tías, quien no lograba encontrar a familiares que estaban en uno de los edificios que colapsó. Otros tíos estaban en una casa que se derrumbó parcialmente quienes, reveló, “se quedaron sin nada”. “Los demás están desaparecidos”, dijo.
El viernes, ambos lograron dirigirse a La Guaira para llevar ayuda a los familiares. “Conseguí recursos a través de amigos que están fuera de Venezuela y compré insumos para los equipos de rescatistas que trabajan prácticamente con nada”, contó la cordobesa.
“El nivel del desastre no tiene precedentes. Nunca en mi vida había visto algo así. El nivel de devastación es indescriptible”, expresó.

Sobre los desplazados de La Guaira contó que se están habilitando refugios en Caracas para recibirlos, ya que allí no hay luz, agua, ni capacidad operativa: “Gracias a la colaboración de la gente, los refugios y centros de salud están recibiendo los insumos necesarios. Hay personas que se están quedando con familiares, pero otras siguen durmiendo en plazas y sitios públicos o en refugios improvisados, esperando tener la certeza de si sus viviendas son habitables o no”.
El trabajo de los rescatistas y la ayuda del pueblo venezolano
La cordobesa destacó el trabajo de los equipos de rescate, quienes inmediatamente intentaron salvar la mayor cantidad de vidas posibles, y la organización del pueblo venezolano para ayudar. “La solidaridad, incluso estando todos afectados por el terremoto, ha sido altísima. El pueblo venezolano ha salido a ayudar arriesgando su vida para buscar a sus vecinos y amigos en los escombros. Nunca dejaron sola a su gente”, remarcó.

Sin embargo, el paso de las horas disminuye la esperanza de encontrar a más personas con vida. "Lo más doloroso será la pérdida de vidas humanas. Además, este desastre requerirá mucho tiempo para que el país pueda recuperarse. Aún no logramos dimensionar el impacto que tendrá en una nación que ya arrastraba graves problemas económicos y estructurales desde hace más de 15 años", expresó.
"Mucha gente perdió el esfuerzo de toda su vida en un minuto y será necesario un gran acompañamiento para salir adelante. También debemos estar atentos, como región, a los niveles de injerencia extranjera que pueden surgir tras un desastre de esta magnitud, mientras acompañamos a Venezuela en su duelo y en el proceso de recuperación", siguió.
Guillermina aún no volvió a su casa. “Siento muchísimo miedo de regresar. Mi casa era mi espacio seguro, donde me sentía tranquila, y ahora ya no lo es. No sé si alguna vez volveré a sentirme confiada viviendo allí”, lamentó.
Cómo sigue Venezuela tras los terremotos
“La mayoría de las personas, incluyéndome, ya retornamos al trabajo, aunque sea de manera virtual, mientras las instituciones siguen volcadas a atender la emergencia”, explicó sobre la situación actual, cinco días después de los terremotos.
En Caracas hay transporte público y los servicios están volviendo a funcionar de manera normal, aunque las clases están suspendidas al menos por una semana más. Los negocios que no fueron afectados están abiertos, principalmente porque la gente compra insumos para colaborar con los refugios y los damnificados.
“Es muy importante toda la colaboración que se pueda hacer para Venezuela por las vías que consideren oportunas. No sólo es necesario lo material, sino también lo espiritual: pedir por la gente que aún puede ser rescatada y acompañar el dolor del pueblo venezolano. Para un pueblo tan creyente y solidario, que lo tengan en sus oraciones es muy valioso. Todas las expresiones de afecto y acompañamiento son fundamentales en este momento”, finalizó.

