Perú, en vilo. Empate extremo y final abierto en el balotaje presidencial

La definición voto a voto reaviva los temores institucionales y alimenta las tensiones sociales y políticas en el país andino, con denuncias cruzadas y amagues de judicialización del resultado.

12 de junio de 2026 a las 04:46 p. m.
Empate extremo y final abierto en el balotaje presidencial
Keiko Fujimori amplía su ventaja por 1303 votos sobre Sánchez en la elección más reñida de la historia de Perú Foto: AP

La elección presidencial de Perú ingresó en una zona de máxima incertidumbre y tensión institucional, con un resultado tan ajustado que remite inevitablemente a uno de los antecedentes más controvertidos de la política contemporánea: la definición de los comicios en Estados Unidos en 2000. Este viernes, cuando la Oficina Nacional de Procesos Electorales (Onpe) llevaba contabilizado el 98,3% de las actas del balotaje entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, la diferencia a favor de la líder de Fuerza Popular era de apenas 1.397 votos, con 1.614 actas aún por procesar.

Keiko Fujimori amplía su ventaja por 1.303 votos sobre Sánchez en la elección más reñida de la historia de Perú. Foto: AP
Keiko Fujimori amplía su ventaja por 1.303 votos sobre Sánchez en la elección más reñida de la historia de Perú. Foto: AP (Foto: AP)

La paridad extrema no sólo mantiene en vilo al país andino, sino que instala interrogantes de fondo sobre la legitimidad del resultado final, cualquiera sea el desenlace. La escena evoca con fuerza lo ocurrido en la elección presidencial de Estados Unidos de 2000, cuando George W. Bush se impuso a Al Gore en el estado de Florida por un margen ínfimo de apenas 537 votos, equivalente al 0,009% del total, en una definición que terminó dirimiéndose en los tribunales. Aquella elección dejó una marca indeleble sobre la confianza en el sistema electoral estadounidense y hoy funciona como espejo inquietante para Perú.

Fuerte contraste

En el caso peruano, el contraste entre el voto interno y el voto en el exterior añade un elemento adicional de controversia. Según los datos parciales, quienes sufragaron dentro del país respaldaron ampliamente a Sánchez, quien se impuso en 16 de las 25 regiones electorales. De hecho, si sólo se contabilizaran esos votos, el candidato de Juntos por el Perú ya sería presidente. Sin embargo, el peso del voto en el extranjero –donde Fujimori obtiene una ventaja sensible– podría terminar inclinando la balanza a su favor.

Keiko Fujimori amplía su ventaja por 1.303 votos sobre Sánchez en la elección más reñida de la historia de Perú. Foto: AP
Keiko Fujimori amplía su ventaja por 1.303 votos sobre Sánchez en la elección más reñida de la historia de Perú. Foto: AP (Foto: AP)

La paradoja es notable: una eventual victoria de Fujimori dependería en gran medida de los votos de ciudadanos que emigraron en la década de 1990, muchos de ellos como consecuencia de las políticas aplicadas por el gobierno de su padre, Alberto Fujimori. Este dato no pasa desapercibido en el debate político y alimenta la narrativa de quienes cuestionan la representatividad del resultado.

Contrafáctico

El escenario también invita a ejercicios contrafácticos. Si Perú adoptara un sistema de colegio electoral similar al de Estados Unidos, Sánchez ya se habría asegurado la presidencia, dado su dominio territorial. La lógica de una elección indirecta, basada en electores regionales, le otorgaría una mayoría clara, muy por encima de la paridad que hoy muestran los números absolutos.

Keiko Fujimori amplía su ventaja por 1.303 votos sobre Sánchez en la elección más reñida de la historia de Perú. Foto: AP
Keiko Fujimori amplía su ventaja por 1.303 votos sobre Sánchez en la elección más reñida de la historia de Perú. Foto: AP (Foto: AP)

En este contexto de extrema sensibilidad, crecen las tensiones políticas y sociales. El alcalde de Lima, Renzo Reggiardo, solicitó reforzar la seguridad en la capital ante el temor de protestas y eventuales disturbios. Sectores vinculados a Sánchez convocaron movilizaciones en defensa de lo que consideran la “voluntad popular”, mientras el propio candidato advirtió que su espacio impugnará actas cargadas a última hora, especialmente aquellas provenientes del exterior.

Sospechas fundadas

Las sospechas se ven alimentadas por distintos factores. Entre ellos, el informe de la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea, que cuestionó con dureza el rol de ciertos medios de comunicación peruanos. Según el documento, un grupo de empresas periodísticas se prestó a difundir una campaña de “falso fraude” impulsada por el poderoso empresario y exalcalde de Lima Rafael López Aliaga durante la primera vuelta, para luego concentrar sus ataques de manera sistemática en Sánchez.

A la complejidad electoral se suma un momento de transición institucional. El Congreso unicameral peruano celebró ayer su última sesión plenaria, cerrando una etapa iniciada tras la Constitución de 1993. A partir del 28 de julio, el país volverá a contar con un Parlamento bicameral, integrado por cámaras de diputados y de senadores, en virtud de una reforma constitucional aprobada en 2024, pese al rechazo expresado por la ciudadanía en el referéndum de 2018.

Percepción de fragilidad

El cierre de la actual Legislatura incluye la delegación de facultades legislativas a la Comisión Permanente, en un gesto que busca garantizar la continuidad institucional en medio de la incertidumbre política. Sin embargo, la coincidencia entre este cambio estructural y una elección presidencial extremadamente ajustada incrementa la percepción de fragilidad.

En paralelo, el gobierno interino de José María Balcázar enfrenta el desafío de sostener el orden público. Lima se encuentra bajo estado de emergencia debido al avance del crimen organizado, y las autoridades temen que la disputa electoral actúe como catalizador de conflictos.

Encrucijada

Perú se encuentra ante una encrucijada en la que cada voto cuenta y cada decisión institucional adquiere un peso extraordinario. Como en Florida en el año 2000, el desenlace podría no sólo definir un presidente, sino también poner a prueba la solidez del sistema democrático. En ese delicado equilibrio, la transparencia del escrutinio y la capacidad de las instituciones para procesar el conflicto serán determinantes para evitar que la paridad electoral derive en una crisis de legitimidad.