No estoy con el Sí, pero quiero votar
La gente reaccionó frente a este ninguneo y contra una política de silencio absurdo, de cerrazón y de menosprecio.
Estoy a favor de la consulta. Hay que votar aunque sea mala, aunque en principio, como vende el gobierno de Mariano Rajoy, no cumpla con todas las garantías que se necesitarían para un referéndum.
Es cierto que se han saltado normativas y reglas cuando, por ejemplo, se necesitaban 90 diputados en el Parlament para aprobar la ley de referéndum, y se quedaron con 72.
Hubo algunas cosas hechas así, a la medida de las necesidades del independentismo. Pero es una cita que no debe soslayarse. Hay que ir a votar, sea cual fuere la opción.
Pienso que los resultados serán abrumadoramente favorables al Sí, porque Rajoy no lo pudo hacer peor, con toda su ofensiva represora, su política de miedo puesta en la calle con la Guardia Civil desplazada a este territorio.
En cambio, el gobierno de la Generalitat, de Carles Puigdemont, y la iniciativa de los independentistas han mostrado todo lo contrario. Movilizaron a la gente a la calle e hicieron de esto una fiesta de la libertad, de la democracia, del derecho a decidir y de la defensa de ese derecho. Esto ha calado profundamente en la sociedad.
Soy “cero independentista”, pero me emociono al ver a la gente en la calle, con la creatividad con la que enfrentan la ofensiva del gobierno central para invalidar este proceso. Vivo esto desde una admiración hacia esta gente que quiere expresarse a través de las urnas porque llevan años en una situación de ninguneo por parte del Estado español.
La gente reaccionó frente a este ninguneo y contra una política de silencio absurdo, de cerrazón y de menosprecio. Rajoy se niega a hablar y a tratar este tema en términos políticos. Lo que le quedó es mandar a la Policía.
Por todo eso creo que hay que votar. Nadie sabe lo que vendrá de inmediato tras el 1-O. Ante un triunfo del Sí, la declaración unilateral de independencia, como indica la hoja de ruta, no está tan clara. Lo claro es que van a tener que sentarse y hablar. Deberá venir el momento del diálogo, porque no hay otra manera de resolver las cosas.
También hay incertidumbre sobre qué pasará durante la jornada del 1-O. Y es que, a pesar de los llamados a la calma, a que la gente viva esto como una fiesta, la gente en la calle es impredecible; y la gente en la calle de un lado, con la Policía del otro, es más impredecible aún.
Entonces, la sensación de cierto temor también está, y eso puede complicar el escenario.
Sin alternativas
En esta consulta, los que creemos en el referéndum, pero no en la opción del Sí a la independencia, echamos mucho de menos una oposición con un discurso alternativo. Algo que fuera tan motivante como el del Sí, que nos hubiera llevado también con esa alegría a votar.
Creo que los que defendemos el No a la independencia, o no estamos convencidos de ella aún porque no la sentimos en la piel, estamos un poco huérfanos.
Los que pensamos que quizá hay otras opciones, como modernizar la Constitución o ir hacia un Estado federal, creemos que esas posturas no han sido suficientemente trabajadas desde la oposición. A esta posición la debería haber liderado el Partido Socialista, pero no tomó una postura para que hubiera un contrapunto al Sí de los independentistas.
Es el dilema de quienes defendemos la consulta, pero no estamos a favor de la independencia de Cataluña en los términos en los que se está ofreciendo.
* Periodista e ilustradora cordobesa radicada en Barcelona hace 26 años

