Medio Oriente. Irán rechaza plan de EE.UU. y la guerra se descontrola, según la ONU

Teherán descartó la propuesta de Trump, impuso condiciones sobre Ormuz e intensificó los ataques. Israel movilizaría 400 mil reservistas. La crisis humanitaria se desborda.

25 de marzo de 2026 a las 10:12 p. m.
Irán rechaza plan de EE.UU. y la guerra se descontrola, según la ONU
Jóvenes examinan los daños en un edificio de apartamentos un día después de que fuera alcanzado por un misil iraní en Bnei Brak, Israel, el miércoles 25 de marzo de 2026. (Foto AP/Ohad Zwigenberg)

La guerra en Medio Oriente sumó ayer un nuevo capítulo de escalada y bloqueo diplomático: Irán rechazó de plano la propuesta de Estados Unidos para una tregua, la calificó de “maximalista” e “irrazonable” y respondió con una contraofensiva militar y política que endurece aún más el escenario regional. Mientras tanto, las conversaciones indirectas para frenar el conflicto se empantanan, la movilización militar crece y la crisis humanitaria entra en una fase crítica que ya desborda la capacidad de respuesta internacional.

Teherán fue categórico. “No llames acuerdo a tu derrota. La era de tus promesas ha terminado”, lanzó en un mensaje difundido por la agencia de noticias internacionales de origen irán Tasnim, en respuesta a las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, quien había asegurado que las negociaciones avanzaban. La réplica iraní no sólo desmintió cualquier progreso, sino que dejó claro que la conducción política del conflicto está lejos de ceder ante la presión de Washington.

Advertencia iraní

Según la televisión estatal Press TV, Irán descartó el plan de alto el fuego transmitido por Pakistán –una propuesta de 15 puntos que incluía alivio de sanciones, límites al programa nuclear, restricciones misilísticas y la reapertura plena del estrecho de Ormuz– por considerarlo desequilibrado y contrario a sus intereses estratégicos. “Irán pondrá fin a la guerra cuando decida hacerlo y cuando se cumplan sus propias condiciones”, advirtió un funcionario citado en ese informe.

La contraoferta iraní redefine las reglas del juego. Teherán exige que Israel cese de inmediato sus ataques contra Hezbollah y, además, plantea un esquema de control sobre el estrecho de Ormuz que incluye el cobro de un “peaje” para el tránsito marítimo. En paralelo, garantizó el paso seguro a buques “no hostiles”, pero excluyó explícitamente a los de Estados Unidos y de Israel, una decisión que eleva la tensión sobre una ruta clave por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial.

El mensaje es doble: presión económica global y aislamiento estratégico de sus enemigos directos. En los hechos, Irán se reserva la capacidad de asfixiar el flujo energético internacional mientras condiciona cualquier negociación a concesiones políticas de alto impacto.

Fuego cruzado

En el terreno militar, la jornada confirmó que la dinámica es de acción-reacción sin pausas. La Guardia Revolucionaria iraní aseguró que en su última oleada de ataques alcanzó “con éxito” más de 70 objetivos en Israel, incluyendo zonas del norte como Haifa y Al Jadriya, y el área de Dimona, en el sur. Para esos ataques utilizó misiles balísticos Imad, Qiyam y Khorramshahr 4, en una demostración de capacidad ofensiva sostenida.

Del lado israelí, la respuesta no se detiene. El ministro de Defensa, Israel Katz, afirmó que su país ya lanzó más de 15 mil proyectiles contra Irán desde el inicio de las hostilidades, una cifra que –según remarcó– cuadruplica el volumen de fuego de la guerra de 12 días de 2025. A la par, Israel intensifica su preparación para un conflicto prolongado: el diario Haaretz informó que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) se aprestan a movilizar hasta 400 mil reservistas, una señal inequívoca de que la conducción militar anticipa una escalada mayor.

En ese contexto, otro frente clave aparece virtualmente congelado. Las conversaciones directas entre Israel y Líbano para alcanzar una tregua se encuentran estancadas. De acuerdo con fuentes diplomáticas citadas por Haaretz, ninguna de las partes muestra disposición a ceder: Beirut teme que cualquier acuerdo en medio de los bombardeos lo exponga como colaborador, mientras que Israel mantiene como objetivo central el desarme de Hezbollah. La desconfianza mutua y los costos políticos internos traban cualquier avance.

Despliegue

A la par de los movimientos militares, Estados Unidos profundiza su despliegue en la región. Al menos mil soldados de la 82ª División Aerotransportada serán enviados en los próximos días, sumándose a marines y a otras unidades ya posicionadas. La señal es clara: Washington se prepara para un escenario de mayor involucramiento, aun cuando la vía diplomática se encuentra prácticamente cerrada.

Pero el impacto más devastador se registra lejos de los frentes de batalla. La crisis humanitaria crece a un ritmo alarmante. Según estimaciones del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), unos 3,2 millones de personas han sido desplazadas dentro de Irán y al menos un millón en Líbano desde el inicio de los ataques, el 28 de febrero. El organismo advirtió que la situación es “muy grave” y afecta ya a cientos de miles de hogares.

Las organizaciones humanitarias, sin embargo, enfrentan un problema adicional: la falta de recursos. Tras los recortes masivos en la ayuda exterior de Estados Unidos –incluida la disolución de su principal agencia de cooperación–, numerosas ONG redujeron personal y programas. Ahora, en plena emergencia, intentan reconstruir capacidades para atender una demanda que no deja de crecer.

En ese marco, el secretario General de la ONU, António Guterres, lanzó la advertencia más contundente hasta ahora: la guerra está “fuera de control”.