Elecciones presidenciales. Incertidumbre electoral en Perú por demoras en escrutinio y tensiones judiciales

Demoras en el conteo de votos de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, disputas en la Justicia y el tenso clima político ponen en duda el balotaje del 7 de junio.

07 de mayo de 2026 a las 07:23 p. m.
Incertidumbre electoral en Perú por demoras en escrutinio y tensiones judiciales
Partidarios del candidato presidencial Rafael López Aliaga, del partido Renovación Popular, se reúnen mientras continúa el conteo de votos en las elecciones generales en Lima, Perú, el miércoles 6 de mayo de 2026. (Martin Mejía)

A un mes del balotaje presidencial previsto en Perú para el 7 de junio próximo, el proceso electoral continúa atravesado por demoras, tensiones políticas y una creciente incertidumbre institucional que ponen en duda no sólo el resultado final, sino incluso la realización misma de la segunda vuelta.

A 25 días de la primera ronda celebrada el 12 de abril, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (Onpe) aún no concluyó el escrutinio definitivo, en un escenario que refleja la fragilidad del sistema político peruano.

Con el 98,5% de los votos válidos contabilizados, el candidato de Juntos por Perú, Roberto Sánchez, reúne 1.989.272 sufragios (12,04%) y mantiene una ventaja de 23.362 votos sobre Rafael López Aliaga (11,9%). Si bien la diferencia es estrecha, la tendencia aparece consolidada, lo que lo posiciona como el probable rival de Keiko Fujimori en la segunda vuelta del mes próximo.

En este contexto, el Jurado Nacional de Elecciones prevé comunicar mañana el resultado del escrutinio definitivo, un anuncio clave para despejar -al menos parcialmente- la incertidumbre.

Alta tensión

En diálogo con La Voz, el analista político peruano Piero Beltrán advierte que la resolución del proceso podría demorarse aún más por la presentación de recursos judiciales que buscan frenar la proclamación de resultados o incluso anular los comicios.

“En los próximos días, quizás este sábado, el Jurado Nacional de Elecciones podría anunciar a los dos candidatos que pasarán a la segunda vuelta. Pero hay acciones judiciales para impedirlo, ya sea exigiendo una pericia internacional o directamente solicitando la nulidad del proceso”, explica.

Roberto Sánchez, candidato presidencial del partido Juntos por el Perú, saluda a una mujer durante una visita a un mercado en Lima, Perú, el martes 21 de abril de 2026. (Guadalupe Pardo)
Roberto Sánchez, candidato presidencial del partido Juntos por el Perú, saluda a una mujer durante una visita a un mercado en Lima, Perú, el martes 21 de abril de 2026. (Guadalupe Pardo) (AP)

Este escenario configura un clima de alta tensión institucional. Incluso si las autoridades electorales avanzan con la proclamación de los dos finalistas, las decisiones judiciales pendientes podrían convertirse -según Beltrán- en “balas en la recámara”, susceptibles de ser utilizadas para postergar el balotaje o invalidar el proceso si el escenario político resulta adverso para determinados sectores del poder real.

El fiel de la balanza judicial

En ese contexto, el peso del fujimorismo en el sistema judicial aparece como un factor clave. “Tiene mucha influencia, especialmente en el Tribunal Constitucional”, sostiene el analista, lo que introduce dudas sobre la independencia de las decisiones que podrían adoptarse en las próximas semanas. Esta situación no solo profundiza la incertidumbre electoral, sino que también erosiona la confianza pública en las instituciones del país andino.

El candidato presidencial Rafael López Aliaga, del partido Renovación Popular, saluda a los simpatizantes durante un mitin mientras continúa el conteo de votos en las elecciones generales en Lima, Perú, el miércoles 6 de mayo de 2026. (Martin Mejía)
El candidato presidencial Rafael López Aliaga, del partido Renovación Popular, saluda a los simpatizantes durante un mitin mientras continúa el conteo de votos en las elecciones generales en Lima, Perú, el miércoles 6 de mayo de 2026. (Martin Mejía) (AP)

El clima político se ve además atravesado por señales preocupantes. Beltrán señala que algunos comunicadores comenzaron a respaldar de manera explícita la idea de un quiebre institucional, mientras crecen los temores en sectores empresariales y militares frente a una eventual victoria de Roberto Sánchez, de confirmarse su segundo lugar tras el escrutinio definitivo.

“Los golpes se sienten antes en la atmósfera”, advierte, describiendo un escenario en el que la polarización podría derivar en episodios de inestabilidad.

Giro estratégico

Frente a este panorama, el propio Sánchez inició un giro estratégico hacia el centro político. Su objetivo es moderar su perfil y reducir los temores que genera su candidatura, convocando a dirigentes de distintos espacios a integrar un eventual gabinete. La apuesta apunta a ofrecer garantías de gobernabilidad y despejar el fantasma de un gobierno radicalizado de izquierda.

“Si la gente ve que personas serias aceptan formar parte de su gobierno, sus posibilidades electorales crecerían de modo significativo”, presagia Beltrán.

No obstante, incluso en el escenario de una segunda vuelta confirmada, el margen de victoria será determinante. Según el analista, para evitar cuestionamientos de fraude por parte del fujimorismo, Sánchez necesitaría imponerse por una diferencia contundente, de al menos 10 puntos porcentuales.

Partidarios del candidato presidencial Rafael López Aliaga, del partido Renovación Popular, se reúnen mientras continúa el conteo de votos en las elecciones generales en Lima, Perú, el miércoles 6 de mayo de 2026. (Martin Mejía)
Partidarios del candidato presidencial Rafael López Aliaga, del partido Renovación Popular, se reúnen mientras continúa el conteo de votos en las elecciones generales en Lima, Perú, el miércoles 6 de mayo de 2026. (Martin Mejía) (AP)

En definitiva, Perú enfrenta una coyuntura crítica en la que la demora en el escrutinio no es solo un problema administrativo, sino un síntoma de una crisis política más profunda. La combinación de fragmentación electoral, judicialización del proceso y desconfianza institucional configura un escenario volátil, en el que la definición del próximo presidente sigue abierta y condicionada por factores que exceden el voto ciudadano.