Aniversario. Francisco y León XIV, la misma Iglesia con otro pulso

Este martes se cumple un año de la muerte del Papa argentino. Su pontificado se caracterizó por un liderazgo carismático y frontal. El perfil del de Robert Prevost remarca la gobernanza prudente, diplomática y técnica.

19 de abril de 2026 a las 10:26 p. m.
Francisco y León XIV, la misma Iglesia con otro pulso
El papa Francisco hace una pausa durante una entrevista con The Associated Press en el Vaticano, el martes 24 de enero de 2023. El papa dice que ni siquiera ha valorado introducir normas para regular la jubilación de los papas, y que pensaba seguir trabajando mientras pudiera como obispo de Roma. (Domenico Stinellis)

Hay pontificados que irrumpen como tormenta y otros que ordenan el paisaje después de la borrasca. La comparación entre Francisco y León XIV admite esa imagen sin forzarla.

El papa argentino –de quien este martes 21 de abril se cumple un año de la muerte– abrió ventanas, desató nudos, habló con voz directa en medio de un mundo a la intemperie. El prelado agustino nacido en Estados Unidos y nacionalizado peruano, sin cerrar esas ventanas, parece decidido a regular el aire que entra, a encauzar la corriente, a estabilizar la casa del pueblo cristiano.

La frase del jesuita Antonio Spadaro, editor de la revista La Civiltá Cattolica, ayuda a comprender el momento: “León XIV no es un restaurador ni un rupturista, quiere conocer la realidad antes de intervenir”. En esa definición se condensa la diferencia de estilo entre ambos pontificados. Francisco fue, desde el inicio, un papa que intervino. León XIV, en cambio, observa antes de mover las piezas.

De derecha a izquierda, el papa Francisco, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su esposa, Melania Trump, el 24/05/2017 en el Vaticano. El papa Francisco recibió durante unos 30 minutos al presidente estadounidense, Donald Trump, en un encuentro marcado por las personalidades contrapuestas de ambos. (Evan Vucci)
De derecha a izquierda, el papa Francisco, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su esposa, Melania Trump, el 24/05/2017 en el Vaticano. El papa Francisco recibió durante unos 30 minutos al presidente estadounidense, Donald Trump, en un encuentro marcado por las personalidades contrapuestas de ambos. (Evan Vucci) (AP)

La elección de León XIV el 8 de mayo de 2025 no fue una sorpresa en términos políticos eclesiales, como lo reflejó entonces La Voz. Fue, más bien, la confirmación de una “mano invisible” que venía operando desde hacía años. El entonces cardenal Robert Prevost había sido colocado por Francisco en uno de los puestos neurálgicos del Vaticano: el Dicasterio para los Obispos. Desde allí participó con el jefe de la Iglesia en la configuración del episcopado mundial durante la última etapa del pontificado anterior. No fue un lugar menor. Fue el lugar donde se diseñó, de manera silenciosa, el mapa humano de la Iglesia que luego votaría en el cónclave.

Afinidades pastorales

Más del 70% de los cardenales electores habían sido nombrados por Francisco. Pero no se trató sólo de una cuestión numérica. Se trató de afinidades pastorales, de una sensibilidad común, de una lectura compartida del mundo. En ese contexto, Prevost aparecía como una figura de síntesis: estadounidense de nacimiento, peruano por misión, agustino por vocación y con un estilo de vida eclesial caracterizado por la participación, el discernimiento comunitario y la corresponsabilidad.

Allí aparece el primer punto de coincidencia entre ambos pontificados: la continuidad del proyecto reformista iniciado por Francisco con Praedicate Evangelium. Se trata de la reforma de la composición y las competencias de los dicasterios y otros organismos que conforman la curia romana. León XIV no ha desmontado ninguna de las modificaciones estructurales de su predecesor inmediato. Por el contrario, las asumió como marco operativo. Sinodalidad, descentralización, transparencia económica y apertura pastoral siguen siendo ejes declarados.

El Papa León XIV, entonces obispo Robert Prevost, celebra una Misa en Motupe, Perú, el domingo 5 de agosto de 2018. (Julio Reano)
El Papa León XIV, entonces obispo Robert Prevost, celebra una Misa en Motupe, Perú, el domingo 5 de agosto de 2018. (Julio Reano) (AP)

Pero es en el modo de llevarlos adelante donde surge la diferencia más evidente.

Estilos distintos

Francisco gobernaba con gestos, con palabras que marcaban agenda, con decisiones que muchas veces sorprendían incluso a su propia curia, como lo destaca el arzobispo de Córdoba, Ángel Rossi, en la columna que publicamos en esta misma edición. Su liderazgo era personalista y frontal. No evitaba el conflicto; a veces lo provocaba para forzar cambios. Su pontificado tuvo la lógica del movimiento.

León XIV, en cambio, gobierna con nombramientos.

El 27 de marzo de 2014, el presidente de EE. UU., Barack Obama, se reúne con el Papa Francisco en el Vaticano. (Pablo Martínez Monsiváis, archivo).
El 27 de marzo de 2014, el presidente de EE. UU., Barack Obama, se reúne con el Papa Francisco en el Vaticano. (Pablo Martínez Monsiváis, archivo). (AP)

Las designaciones anunciadas el 30 de marzo último permiten comprender con precisión el perfil de gobierno que León XIV empieza a imprimir en el Vaticano. La llegada de Paolo Rudelli como sustituto de Asuntos Generales en la Secretaría de Estado –cargo equivalente al de “jefe de gabinete”–, la continuidad del peso institucional del cardenal Pietro Parolin, el traslado de Edgar Peña Parra a una nunciatura menos estratégica y el nombramiento de Petar Rajič al frente de la Casa Pontificia configuran un mismo mensaje: prioridad a diplomáticos formados, perfiles técnicos y conocedores de la cultura institucional de la Santa Sede.

En este esquema se advierte con claridad la impronta del nuevo Pontífice: estabilizar la curia, reducir turbulencias internas y reforzar la cadena de mando con figuras habituadas a la negociación y la discreción. Su modo de gobernar no pasa por gestos llamativos, sino por la selección cuidadosa de quienes ocupan posiciones clave.

Cambio de ritmo

La diferencia con el pontificado de Francisco es evidente. El papa argentino promovió perfiles pastorales y hombres de la periferia para romper inercias y forzar cambios culturales dentro de la Iglesia. Su reforma fue disruptiva y apoyada en el carisma personal. La de León XIV, en cambio, busca la cohesión y está apoyada en la arquitectura institucional. No implica un retroceso, sino un cambio de ritmo.

Existe, sin embargo, una coincidencia profunda entre ambos: la centralidad de Latinoamérica y la atención prioritaria a temas como migración, desarrollo humano integral y abusos. León XIV, con experiencia misionera en Perú, prolonga esa sensibilidad. Pero mientras Francisco abordaba estos asuntos desde el testimonio personal y la palabra directa, el nuevo Papa prefiere fortalecer las estructuras encargadas de tratarlos, como el Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral y la Comisión para la Protección de Menores.

La Iglesia que dejó Francisco era dinámica, debatida y en movimiento. La que comienza a delinear León XIV busca cohesión interna tras años de tensiones doctrinales y administrativas, agravadas por crisis recientes como el escándalo financiero de Londres. Su pontificado se define en decisiones silenciosas cuyos efectos se medirán con el tiempo.

La continuidad es innegable: León XIV no habría sido elegido sin Francisco, pero tampoco intenta imitarlo. Comparten el mismo horizonte reformista, aunque difieren en la forma de recorrerlo. Francisco transformó la cultura eclesial; León XIV está transformando su gobernanza.