Fieles cubano-estadounidenses dividen opiniones sobre la mediación del Papa
El papel de la Iglesia para terminar con el aislamiento de Cuba comenzó en 1998, con el viaje de Juan Pablo II.
Miami. El papel clave que jugó el papa Francisco en alentar las conversaciones entre los presidentes Barack Obama y Raúl Castro ha dejado fracturas entre los fieles cubano-estadounidenses del sur de Florida, donde muchos católicos de más edad comparan a los hermanos Castro con el diablo. Muchos católicos de todo el mundo han expresado orgullo de ver al papa Francisco alentar esperanzas de progreso en la isla, pero algunos cubano-estadounidenses dicen que su líder espiritual los ha traicionado.El arzobispo de Miami, Thomas Wenski, reconoció que algunos católicos están "preocupados o suspicaces", pero dijo que muchos exiliados han recibido de buena gana los avances a pesar de su sufrimiento. "El dolor es real, pero no se puede construir el futuro sobre los resentimientos", dijo Wenski.El Vaticano se ha acercado a Cuba desde por lo menos el papa Juan Pablo II, quien declaró en su histórica visita a la isla en enero de 1998: "Ojalá que Cuba, con su magnífico potencial, se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba". Las discusiones continuaron bajo el papa Benedicto XVI, quien visitó la isla en 2012. Y Francisco, el primer papa latinoamericano, ha defendido el fin del embargo estadounidense desde que participó en la visita de Juan Pablo II a la isla, poco antes de ser nombrado cardenal de Buenos Aires. El cardenal cubano Jaime Ortega Alamino, cercano a Francisco, coordinó las visitas papales.
El cerco y el futuro
El arzobispo de la Ciudad de México, cardenal Norberto Rivera, reconoció ayer que no sabe “cómo se va a quitar Cuba este cerco de tantos años”, en referencia al embargo estadounidense.

