Fidel Castro, el cosechador de justificaciones
El fallecido líder de la revolución cubana fue y sigue siendo el dictador más comprendido de la historia para miles de presuntos progresistas latinoamericanos.
Cada cual tiene el Fidel Castro que más le gusta. El que más le asombra. Esa es su universalidad. Por eso copó la parada desde que su heredero geronte confirmó su muerte al mundo.El Castro mío es un cosechador de justificaciones. Algunas son internas. Como las que año tras año explican por qué los cubanos –que sabían producir más de siete millones de toneladas de azúcar– no lograron pasar de los dos millones en años, ni siquiera en los del boom internacional de commodities , cuando el precio del azúcar también volaba.
Los burócratas que manejan los ingenios son expertos en cosechar excusas, más que caña. Algunas son casi tan hilarantes como el discurso que Fidel hizo en 1970 para instar a los cubanos a cosechar 10 millones de toneladas, meta que el hombre nuevo, sin incentivos ni inversión –y en muchos casos sin siquiera voluntarismo, apenas una aquiescencia generada por la represión– nunca alcanzó.Aislado en su unicato, como les sucedió a tantos tiranos, bordeó el delirio muchas otras veces. Sus ínfulas de genetista fracasaron luego de un discurso de 7.337 palabras en el que avisaba que conspiradores gusanos podían atentar contra las mezclas de toros Holstein y vacas cebú que había venido imponiendo para transformar a Cuba en un gran productor de leche en granjas refrigeradas. Googleen y verán. Como la vez que, en 1968, ordenó dar vuelta 30 mil hectáreas del "cordón de La Habana" (el cinturón verde) y plantar, intercalados, cafetos y frutales para crear una "potencia cafetera". Las justificaciones posteriores a cada fracaso podían ser la falta de agua, el clima poco favorable, la falta de laderas adecuadas; es decir, todas cosas que ya se sabían antes de 1959 (por eso, allí no había café) y, aparentemente, sólo ignoraba el castrismo, empeñado en descubrir otra vez la rueda.Coartadas
Castro tuvo coartadas particulares para sus fracasos domésticos, pero sobre todo tuvo un megadescargo para explicar lo que era, básicamente, la improductividad extrema de una sociedad condenada a empobrecerse, al punto de inventar el cínico refrán: "El Estado hace como que nos paga y nosotros hacemos como que trabajamos".La megaexcusa fue "el embargo", un colador de prohibiciones comerciales dispuesto por Estados Unidos que sirvió de coartada infantil a Castro.
¿Si el capitalismo había sido la fuente de todo mal antes de 1959, cómo podía serlo también cuando se negaba a comerciar con Cuba? Pero eso era adentro. Y en la economía. A las mayores cosechas de justificaciones, Castro las logró afuera. Fue y sigue siendo el dictador más comprendido de la historia para miles de progresistas europeos, y sobre todo latinoamericanos, capaces de justificar todo por un poco de retórica antiimperialista que Castro les surtía en cantidades industriales. Se los escucha en estos días. Siguen defendiendo a un déspota que, sin elecciones, gobernó con mano de hierro durante 47 años.
La misma cantidad de años que ejercieron su función el 23 por ciento de todos los presidentes que tuvo Estados Unidos en su historia. Los barrabravas del fidelismo sospechan que en Cuba hubo fusilados, exiliados, discriminados, torturados y encarcelados mucho más allá de la violencia revolucionaria de los primeros años, pero no quieren enterarse. Alguien tiene que decírselos, para diluir tanta idealización: las víctimas registradas del castrismo son más de 10 mil en las bases de datos de Cuba Archive. El romántico país al que tantos peregrinaron en el "período especial" –el turismo revolucionario podía convivir con el turismo sexual a cambio de un jabón– se transformó en una prisión que los sensibles idólatras de Fidel prefirieron no condenar, mientras miles de personas se lanzaban al mar en gomones semiinflados para fugar a Miami. Allí viven dos millones de nacidos en Cuba.
Sin contar a sus descendientes (que vivirían en Cuba si no hubiera sido por el exilio) son casi el 20 por ciento de la población de la isla. ¿Cuál será la excusa de semejante cosecha?

