Estados Unidos. Donald Trump redujo restricciones a la marihuana medicinal
La medida, si bien no legaliza el consumo a nivel federal, modifica de manera sustancial el tratamiento normativo del cannabis e impulsa su investigación y reabre el debate político y sanitario en el país.
En una decisión que marca un giro histórico en la política antidrogas de Estados Unidos, la administración de Donald Trump avanzó con la reclasificación de la marihuana medicinal con licencia estatal como una sustancia menos peligrosa, abriendo un nuevo escenario regulatorio, sanitario y económico en torno al cannabis.
La medida fue formalizada por el fiscal general interino Todd Blanche, quien firmó una orden que traslada la marihuana medicinal de la Lista I -reservada para drogas sin uso médico reconocido y con alto potencial de abuso, como la heroína- a la Lista III, una categoría menos restrictiva. Aunque el cambio no legaliza la marihuana a nivel federal, sí modifica de manera sustancial su tratamiento normativo.
Beneficios concretos
El nuevo encuadre implica beneficios concretos para la industria del cannabis medicinal. Por primera vez, los operadores con licencia estatal podrán acceder a deducciones fiscales federales, un reclamo histórico del sector. Además, se reducen las barreras para la investigación científica, al permitir que investigadores trabajen con productos de cannabis regulados sin riesgo de sanciones.
Según Blanche, la decisión busca “ampliar el acceso a opciones de tratamiento” y mejorar la calidad de la evidencia médica disponible.

La orden también legitima de forma más clara los programas de marihuana medicinal vigentes en unos 40 estados, consolidando un sistema que ha crecido de manera sostenida desde que California lo adoptó en 1996. En paralelo, se establece un mecanismo acelerado para que productores y distribuidores se registren ante la Administración para el Control de Drogas (DEA), lo que podría ordenar un mercado hasta ahora fragmentado entre normativas estatales y restricciones federales.
Amplio impacto
El impacto potencial de la medida es amplio. Expertos señalan que la reclasificación podría impulsar inversiones, facilitar ensayos clínicos y acelerar el desarrollo de medicamentos derivados del cannabis.
También podría reducir tensiones legales para empresas que operan en un marco contradictorio, donde la actividad es legal a nivel estatal pero sigue penalizada en el plano federal.

Sin embargo, la decisión no está exenta de controversias. Sectores críticos advierten que el cambio podría enviar señales ambiguas sobre los riesgos del consumo de marihuana. Kevin Sabet, director de la organización Smart Approaches to Marijuana, calificó la medida como una “desgravación fiscal para Big Weed” y cuestionó que se flexibilicen las regulaciones sin contar con evidencia suficiente sobre los efectos de productos cada vez más potentes.
Grieta republicana
El debate también atraviesa al propio Partido Republicano. Más de 20 senadores conservadores habían pedido previamente mantener las restricciones actuales, reflejando divisiones internas sobre cómo abordar la política de drogas. Aun así, la Casa Blanca defendió la decisión como parte de un enfoque más amplio que combina apertura en el ámbito médico con una postura dura frente a sustancias como el fentanilo.
En ese sentido, la administración Trump anunció que reactivará el proceso para una reclasificación más amplia de la marihuana, con una audiencia prevista para finales de junio. Este paso podría sentar las bases para cambios más profundos en el futuro, aunque todavía enfrenta obstáculos legales y políticos.
Por ahora, la orden de Blanche redefine el lugar del cannabis medicinal en el sistema federal estadounidense. Sin eliminar su prohibición, introduce un reconocimiento implícito de su valor terapéutico y marca el avance federal más significativo en más de medio siglo.


