Guerra en Irán. La decisión militar de Donald Trump entre presiones internas y externas

Irán, como Ucrania, no implica ningún peligro para los intereses existenciales o estratégicos de Washington, y quizás le termine resultando más costoso que el país, si consigue resistir el embate, termine en los brazos de China, repitiendo el colosal desacierto cometido por Estados Unidos con Rusia.

28 de febrero de 2026 a las 05:59 p. m.
Mario José Pino
La decisión militar de Donald Trump entre presiones internas y externas
Donald Trump, presidente de Estados Unidos.

Cuesta encontrar racionalidad a los ataques de Estados Unidos contra Irán. Sí la tiene el punto de vista de Israel. La situación internacional que afronta Washington y la deteriorada condición política interna que rodea a Donald Trump no parecieran considerar el inicio de la guerra como una sabia decisión.

En la búsqueda de racionalidad es necesario descartar toda la hojarasca, ridícula y hasta risible en muchos casos, que rodea la propaganda tan bien y exitosamente montada en Occidente. Se trata de una guerra no deseada y mucho menos apoyada por nadie ni en la región ni en el mundo, salvo por Israel.

Hasta los Emiratos que hasta hace poco la apoyaban han cambiado –quizás, tardáamente– su posición. Se trata de un emprendimiento bélico de dudoso resultado que fue desaconsejado hasta por el propio jefe de estado mayor norteamericano, Dan Caine, quien afirmaba que en Irán no había solución militar segura y ventajosa para los Estados Unidos.

Escenario actual

La Guerra de los Doce Días que se extendió entre el 12 y el 24 de junio del año pasado, que se dio por finalizada por necesidad de Israel, cuyas defensas antimisiles comenzaban a ser escasas, permitió a Trump declararse vencedor por haber aniquilado para siempre las capacidades nucleares iraníes.

Las discusiones de hoy demuestran que esa afirmación era mendaz y los intentos fueron fallidos, como muchos afirmábamos en aquella oportunidad.

Irán avanzó y fortaleció su programa de enriquecimiento de uranio pero, al mismo tiempo, pudo detectar vulnerabilidades enemigas que si bien en ningún caso, ni remotamente, podrían abrir caminos a una victoria militar, sí le permiten constituirse en una amenaza dañina tanto para Israel como para algunas bases norteamericanas en la región.

En todo caso, lo importante, Irán no constituye ninguna amenaza ni directa ni indirecta para los Estados Unidos.

Negociaciones abortadas

La revuelta interna de Irán iniciada en 28 de diciembre último, debida fundamentalmente a la situación económica pero también instigada y alentada desde Israel y Estados Unidos –incidentes en los que Elon Musk tuvo una participación activa que lo llevó incluso a cambiar la bandera del país– se resolvió, represión mediante, para el lado del régimen de los ayatollahs y demostró que este no caería por insurrecciones internas.

Así se llegó a la inminencia de un nuevo ataque de Estados Unidos que fue desalentado el 14 de enero por el propio Benjamin Netanyahu, quien pidió a Trump que no emprenda sus acciones por la amenaza de Irán de que si era atacada por Estados Unidos la represalia sería, también, contra Israel.

Ahora se produce este episodio bélico, en medio de un proceso de negociación en que la buena fe de Washington era dudosa y en la que Teherán aseguraba y daba garantías de todo tipo de que su programa nuclear nunca avanzaría hacia el desarrollo y construcción de la bomba atómica.

A Irán se le fue corriendo el arco y a la exigencia de no desarrollar la bomba se le agregó suspender y desmantelar sus desarrollos misilísticos y la ruptura de sus alianzas regionales con Hezbollah, Hamas y los huties.

Por qué atacar a Irán

Pero, entonces, ¿cuál es el motivo de la guerra a Irán, país que no registra ningún antecedente de haber iniciado una guerra en los tiempos modernos, ni siquiera contra Israel?

En el orden interno, Trump enfrenta una situación delicada que lo lleva a prometer paz y a no embarcarse en guerras prolongadas –inició siete en un año– y avanza sin el necesario consentimiento del Congreso, que ya comienza a amenazar hasta con el enjuiciamiento si en noviembre cambian los números parlamentarios.

En el medio está el caso Epstein y la presión del lobby de comunidades judías y cristianas de los Estados Unidos.

Al momento de escribir esta nota, apenas iniciadas las acciones, un misil israelí habría impactado en una escuela de niñas del sur de Irán, el cual mató al menos 80 alumnas. Surge entonces la pregunta de si la sociedad norteamericana soportará estos asesinatos que, a diferencia de Gaza, la comprometen de manera directa.

Un desatino geopolítico

En el orden geopolítico el desatino parece aún mayor. Estados Unidos necesita y desea concentrarse con todos sus recursos en la disputa con China por la primacía global.

Ya se encuentra atascado sin salida pronta y digna en la guerra ajena de Ucrania y se embarca aún más en el destino incierto del calamitoso desorden de Medio Oriente, donde la racionalidad parecía señalar el camino de no ahorrar esfuerzos en una salida diplomática absolutamente posible y reclamada por todos menos por Israel.

Trump necesita acciones bélicas breves mientras que Israel, para avanzar en sus objetivos en la región, precisa de guerra prolongada pues no puede consolidar, en poco tiempo, su absoluta primacía como poder regional.

Qué cambió entre el 14 de enero pasado y hoy día: un crecimiento progresivo de los compromisos de China y Rusia con Irán, lo que harían cada vez más difícil una intervención militar, un despliegue de fuerzas norteamericano ingente e inusitado que incrementa la capacidad de defensa de Israel respecto a un mes y medio atrás y la participación directa de Israel que en enero no se contemplaba.

Estas tres condiciones abrieron la ventana a una acción que el mundo esperaba que no se llevara adelante.

La cuestión de la duración

La gran incógnita es si Trump logrará hacer una guerra de tiempo limitado para lo cual el objetivo de Washington y Tel Aviv de la caída del régimen y el fraccionamiento de Irán como fue con Siria, o la dinámica del conflicto hará que eso sea imposible en breve lapso de tiempo y el conflicto se vuelve permanente.

En la cuestión de la duración la diferencia entre ambos aliados es fundamental.

Si Estados Unidos se ve obligado a sostener una presencia militar descomunal en Medio Oriente, además de los que ya ha empleado y, aunque en menor grado, deberá continuar sosteniendo en Ucrania, su objetivo de poner sus recursos materiales y estratégicos en el conflicto primario con China quedará mucho más comprometido.

Que Washington quede aferrado también en Medio Oriente es, en cierta manera, un regalo para Beijing y Moscú. Irán, como Ucrania, no implica absolutamente ningún peligro para los intereses existenciales o estratégicos de Washington, y quizás le termine resultando más costoso que Irán, si consigue resistir el embate, termine en los brazos de la amistad del poderoso asiático, repitiendo el colosal desacierto cometido con Rusia.

Diplomático retirado